Usualmente se denomina tradición al conjunto de valores, creencias y costumbres que forman parte de la identidad de una sociedad, los cuales se heredan y se transmiten de generación en generación para que se conserven y se consoliden.
Cuando hablamos de cambio, nos referimos a la acción de transformar una cosa en otra. Es la antítesis de la quietud. Desde el punto de vista social y político podemos decir que es el surgimiento de nuevas formas de organización, las cuales se pueden alcanzar de manera lenta o de forma violenta, como ocurre en las revoluciones.
En Colombia, hoy estamos a las puertas de definir si continuamos con este modelo de sociedad en donde unos sectores gozan de todos los privilegios, en tanto que otros viven medio con todas las limitaciones.
Hay unos sectores de la población que tienen miedo al cambio y por eso se aferran a sus tradiciones y costumbres, obstruyendo el paso a la modernidad, generando atraso y estancamiento social.
¡Con miedo al cambio una sociedad no progresa! ¡Hoy el cambio se impone! Necesitamos nuevos programas de gobierno con caras nuevas en las oficinas. Quienes nos gobernaron en los últimos 200 años, ya lo hicieron, bien o mal, pero ya tuvieron su oportunidad. Ahora hay que abrirle las puertas a nuevas formas de organización social y política, que ponga a nuestra sociedad sintonizada con la modernidad.
Los tiempos modernos reclaman más justicia e igualdad de oportunidades para todos son discriminación alguna. ¿Queremos más de lo mismo o nos aventuramos a probar cosas nuevas? Particularmente le apuesto a la segunda alternativa.
¿Qué vamos a volvernos como Venezuela? Ese es el miedo que nos venden los dueños del poder y del dinero. ¿Acaso ya no estamos como el hermano país? 21 millones de pobres es un indicador de la desigualdad social en la que vivimos.
El cambio que necesitamos es para que se fortalezca la libertad de empresa, la competencia, menos impuestos, mejor educación, más tecnología, más y mejores productos y servicios, más riqueza, menos burocracia, más productividad, pero, sobre todo, más empleo y oportunidades para todos. Si elegimos bien, Colombia puede lograrlo.
POR: VICTOR RIVAS MARTINEZ.




