El barniz de Pasto: cuando la resina se vuelve memoria

En Nariño, el barniz de Pasto no es solamente una técnica artesanal. Es una forma de entender el territorio. También es un oficio reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una distinción que reconoce no solamente la belleza de sus piezas, sino el conocimiento ancestral que existe detrás de cada proceso.

Todo comienza con el mopa-mopa, un arbusto silvestre amazónico que crece en zonas húmedas de la selva del Putumayo y otras regiones cercanas de la Amazonía colombiana. De esta planta se extrae una resina vegetal flexible y brillante que constituye la materia prima esencial del barniz de Pasto. Durante siglos, comunidades recolectoras han ingresado a la selva para obtenerla y trasladarla posteriormente hasta Nariño, donde maestros artesanos transforman esa resina en delicadas capas de color que recubren piezas de madera mediante una técnica ancestral única en el mundo.

La resina se limpia, se calienta y se estira repetidamente hasta convertirse en capas delgadas y luminosas. Después se mezcla con pigmentos intensos y se adhiere a superficies de madera mediante calor y presión. Allí comienzan a aparecer las formas: claveles, margaritas, aves andinas, paisajes campesinos, volcanes y símbolos ancestrales que terminan cubriendo cofres, instrumentos musicales, bandejas y piezas decorativas que representan la identidad cultural de Nariño.

Cada pieza puede tardar semanas en completarse. El barniz exige precisión absoluta. Una línea mal cortada puede alterar toda la composición. Por eso quienes conservan este saber hablan del oficio como un ejercicio de paciencia y concentración extrema.

Los registros históricos muestran que este conocimiento existe desde épocas prehispánicas. Investigaciones arqueológicas y documentos evidencian el uso de resinas naturales y objetos decorados hace más de 500 años en esta región del país. Con el paso del tiempo, el oficio atravesó distintos momentos históricos y logró mantenerse vivo gracias a familias enteras que protegieron la técnica generación tras generación.

Entre ellas aparece una de las familias insignia del barniz de Pasto: los Granja.

Gilberto Granja y su hijo Óscar Granja son parte de los maestros que hoy sostienen este conocimiento ancestral. Sus manos han dedicado décadas a perfeccionar una técnica que exige disciplina, detalle y una relación casi íntima con la resina y la madera. Ellos enfrentan el enorme desafío de los cambios económicos, industriales y culturales que han reducido el número de personas dedicadas plenamente al barniz.

Actualmente, cerca de 38 maestros y maestras conservan integralmente este saber patrimonial. Por esto, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes impulsa medidas de salvaguardia para garantizar la permanencia y transmisión del oficio a nuevas generaciones. Entre esas acciones está la creación de espacios de formación y el fortalecimiento de procesos pedagógicos alrededor del barniz de Pasto y otros oficios tradicionales de la región.

Uno de los procesos comenzará en el Centro Penitenciario de Mediana Seguridad de Pasto, donde un grupo de mujeres se prepara para iniciar un taller de formación en tallado. La iniciativa es liderada por la viceministra de los Patrimonios, Saia Vergara Jaime, como parte de las estrategias de salvaguardia y transmisión del conocimiento alrededor del barniz de Pasto.

La expectativa alrededor del proceso ha despertado emoción entre las participantes.

Segina Trullo, una de las mujeres privadas de la libertad que será parte del taller, habló sobre la posibilidad de aprender no solamente una técnica artesanal, sino un arte capaz de abrir oportunidades por medio del arte y del trabajo manual. Para ella, acercarse al barniz significa también reconciliarse con su futuro mediante una tradición profundamente ligada a la identidad cultural de Nariño.

El proceso conforma las estrategias nacionales de salvaguardia impulsadas alrededor de este patrimonio cultural.

A ello se suma la creación de la Escuela Taller de Pasto, promovida por el Ministerio de las Culturas como un espacio para la transmisión de conocimientos tradicionales y artísticos en la región. Allí no solamente se fortalecerá el barniz de Pasto, sino otros oficios y expresiones culturales de la memoria colectiva del sur del país.

La apuesta busca que el patrimonio no permanezca inmóvil en vitrinas o museos, sino que continúe vivo en las manos de nuevas generaciones.

Porque el barniz de Pasto no es únicamente decoración sobre madera. Es la selva convertida en brillo. Es el fuego transformado en color. Es una conversación silenciosa entre la Amazonía y los Andes.

Y mientras las manos de artesanos continúen estirando el mopa-mopa sobre superficies de madera, Nariño seguirá contando una parte esencial de la historia cultural de Colombia con uno de sus oficios más representativos y extraordinarios que hoy orgullosamente es patrimonio cultural de la humanidad.​​

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest