POR: JORGE HERNANDO CARVAJAL PÉREZ
Cada Semana Santa, como la que ya tenemos a pocos días, no dejo de sorprenderme de los enormes cambios que, en nuestro país, se han presentado en la conmemoración de estos días santos, en los que se recuerda, la Vida, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
En la época de mi niñez y parte de la adolescencia en mi ciudad de Cali, la Semana Santa era cosa seria y en ese sentido recuerdo como desde el Lunes Santo, todas las emisoras cambiaban su programación habitual que en esos años consistía en radionovelas, programas de humor y noticieros, para dedicarse a pasar música sacra que nos ponía a dormir a todos.
Aparte de eso, también desde el Lunes Santo, los cafés, cantinas, discotecas y similares cerraban sus puertas, en tanto que los templos e iglesias, las abrían de par en par, puesto que, en las semanas santas de antaño, no había espacio para tomar trago, sino para el rezo, la reflexión y el descanso.
Hasta las damitas que se ganaban la vida con el oficio más antiguo del mundo, cerraban sus procaces actividades y durante esos días santos, se convertían en las mujeres más piadosas de la ciudad, rechazando furiosas, durante la Semana Mayor, cualquier oferta pecaminosa.
La cuestión también era solemne en lo referente al ayuno y a la prohibición de comer carne, lo cual se respetaba al pie de la letra. Ahora en esta Semana Santa 2023, estoy seguro que ese respeto volverá, pero, no precisamente por razones religiosas, sino económicas.
Igualmente, las cosas eran diferentes hasta en el Sermón de las 7 Palabras del Viernes Santo, que en esos lejanos años duraba hasta 7 horas, o sea una hora por palabra, lo que se constituía en un verdadero martirio, para quienes sufrían de la vejiga, puesto que todos sabemos que las iglesias y templos carecen de servicios sanitarios.
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Ahora, como todos lo sabemos, las cosas son bien diferentes: las emisoras únicamente cambian su “parrilla”, los jueves y viernes santo y eso algunas, porque otras se dedican a ‘moler’ música bailable durante todo el día; la gente se dedica a tomar trago hasta que se cansan y las señoritas de conducta desorganizada, ya no son tan respetuosas como sus antecesoras.
Lo cierto es que todo se convirtió en una ‘parranda santa’, que hasta el mismo diablo se dejó tentar y según dicen, más de una vez, ha emergido de las profundidades del averno, para en pleno Viernes Santos, pegarse su bailadita en discotecas de Cali y Pasto.




