Para escribir bien no solo acudimos al ingenio, ni es una cuestión de mera vocación, más allá de un acto mecánico el don de la escritura literaria que no es innato, sino adquirido, necesita la simultaneidad del conocimiento, la seguridad sobre lo escrito, la emoción de la vivencia y el encauce gustoso hacia el tema, pues no alcanza solamente con plasmar significantes y significados; si estos no calan carecen de genialidad.
Una poesía que nos emociona hasta el llanto, una narración novelesca que nos sumerge en su escenario, un ensayo que nos cambia el criterio, el verso que copiamos para obsequiar; no son más que el reflejo de un escritor que disfruto escribiendo, atento a sus sentimientos y que tejió creativamente una cadena de pensamientos temporales o atemporales, inmediatos o antiguos, reales o ficticios.
Así, para mí, la escritura literaria es ante todo otro lenguaje artístico, pues la palabra toma forma, y en el mejor de los casos, transforma las perspectivas de los lectores, sumerge, pero también eleva, Octavio Paz decía, “Cada palabra o grupo de palabras es una metáfora. Y así mismo es un instrumento mágico, esto es, algo dispuesto a cambiarse en otra cosa y de transmutar aquello que toca: la palabra pan, tocada por la palabra sol, se vuelve efectivamente un astro; y el sol a su vez se vuelve un alimento luminoso.” Esto confirma, a mi parecer, otra de las noblezas de la escritura literaria, su poder de hacer que todos los objetos que nos rodean y sus atributos sean susceptibles de ser escritos, y esto es lo que hace que la escritura convierta una idea en una materia, que trae consigo la virtud del encantamiento.
Haciendo este ligero análisis desde mi papel como lectora, de lo que para mí es escribir, hace días leo el libro Desayuno y Teléfono, del escritor nariñense John Jairo Rodríguez Saavedra, solo para asegurarme de que el que escribe es privilegiado, comunica de forma única, personal y extraordinaria una imaginación que no tiene límites, que toca las fibras de los espectadores, incluso de aquellos menos maleables. Leyendo a Rodríguez, también he reafirmado que, para mi gusto, de todas las formas de escritura literaria, la poesía es excelsa por naturaleza, utiliza todas las propiedades del lenguaje, es arbitraria, es un intento por nombrar las cosas con mil palabras, al mismo tiempo que es metáfora y a veces rima. Describe lo indescriptible, la emoción y el sentimiento.
Sobre el arte de escribir, si Ud. Que me lee, escribe, Hemingway decía para saber si se tiene talento, “No puedes. A veces te la puedes pasar años escribiendo antes de que se muestre. Si alguien lo tiene dentro de sí saldrá tarde o temprano. Lo único que te puedo aconsejar es seguir escribiendo, aunque sea muy difícil. La única razón por la que yo hago algo de dinero con el oficio es porque soy como un tipo de pirata literario. De diez historias que escribo sólo una es buena, así que tiro las otras nueve».
Por: Lady Viviana Guerrero Ponce

