En la madrugada de este 4 de febrero de 2026, las Fuerzas Militares de Colombia ejecutaron un bombardeo en la región del Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander, dirigido contra campamentos y posiciones del Eln (Ejército de Liberación Nacional) y del Frente 33 de las disidencias de las FARC, en medio de la intensificación de los combates en esa zona fronteriza.
Las autoridades confirmaron que al menos siete presuntos combatientes de los grupos armados ilegales murieron como resultado de la operación aérea y terrestre. En la ofensiva también se registró la captura de un presunto insurgente y la incautación de armamento, incluyendo armas largas y cortas, municiones y artefactos explosivos improvisados.
El bombardeo fue el primero de gran magnitud del año contra estas estructuras, que han estado envueltas en una disputa territorial intensa desde enero de 2025, cuando el Eln lanzó una ofensiva en el Catatumbo con el objetivo de expulsar a las disidencias de las FARC del control de cultivos ilícitos y rutas de narcotráfico en la zona.
La operación fue confirmada por el comandante de las Fuerzas Militares, general Hugo López Barreto, quien indicó que la intervención combinó capacidades aéreas con presencia sostenida de tropas en tierra, además de patrullajes y aseguramiento estratégico de áreas clave. La acción contó con coordinación interinstitucional para recuperar el control territorial en sectores rurales de los municipios de El Tarra y Tibú.
Este tipo de operaciones ocurre en un contexto de recrudecimiento de la violencia en el Catatumbo, donde enfrentamientos entre el Eln y las disidencias de las FARC han causado múltiples víctimas, desplazamientos forzados y una grave crisis humanitaria, con miles de campesinos afectados por el conflicto.
Las autoridades han justificado las acciones como parte de la protección de la población civil, en medio de una disputa armada que ha persistido desde hace meses y que ha multiplicado los impactos sobre comunidades rurales y fronterizas del noreste colombiano.




