Ejercicio de conciencia y libertad

En medio de la violencia que azota al país, los escándalos de corrupción que se presentan tanto en el sector oficial como privado, y la polarización política que divide a … Leer más

Luis Eduardo Solarte Pastás

En medio de la violencia que azota al país, los escándalos de corrupción que se presentan tanto en el sector oficial como privado, y la polarización política que divide a los colombianos, este 13 de marzo se llevan a efecto las elecciones para elegir los integrantes del Congreso de la República.

Y esta jornada electoral, como lo ha manifestado la Conferencia Episcopal Colombiana, tiene una importancia particular, pues es la oportunidad de consolidar un proyecto común de país, teniendo en cuenta las situaciones y necesidades propias de cada región.

Pues, la construcción de la paz y del desarrollo integral para los colombianos comienza ante todo en los territorios.

El criterio fundamental que nos debe guiar a la hora de votar es el de procurar el bien de todos.

Por lo tanto, el voto representa el aporte y el compromiso de cada uno con los demás y es un ejercicio de la conciencia y libertad propias para no permitir que la democracia deje de ser en Colombia su forma de gobierno.  

En ese entendido, a la hora de decidir el voto, pensemos honestamente en lo que conviene a las comunidades.

Los ciudadanos tenemos derecho a que quienes se postulan al cargo de elección popular de congresista, estén presentado propuestas claras, viables e integrales, que apunten a los desafíos más urgentes del país y de Nariño, y que trasluzcan el deseo de los candidatos de entregar todas sus energías al servicio de sus comunidades.

Hagamos la tarea de examinar y sopesar las opciones que proponen; no nos dejemos arrastrar simplemente de estrategias publicitarias o de manipulaciones mediáticas a través de las redes sociales.

“No olvidemos que las elecciones deben afianzar el trabajo por la reconciliación y la convivencia pacífica: La unidad debe prevalecer sobre el conflicto. Y No permitamos que las campañas y las votaciones ahonden las divisiones y las violencias que tanto mal le han causado al pueblo colombiano”.  

Hagamos de las elecciones un camino de encuentro fraterno y una manifestación en defensa de la vida. Apoyemos candidatos que favorezcan el respeto a los derechos humanos y la unidad de los ciudadanos.

El papa Francisco nos recuerda que la política nunca debe sembrar odio y miedo, solamente la esperanza que es necesaria para ir adelante. El proceso electoral, para que conduzca verdaderamente al bien común, tiene que ser transparente y limpio.

La corrupción, como lo insiste el Santo Padre, es “un proceso de muerte”. Rompamos valientemente con toda práctica ilegal en las votaciones, entre otras, los fraudes en las inscripciones de cédulas, la compra y venta de votos por dinero o por otras prebendas, la trashumancia de electores, la alteración de resultados.

El ejercicio democrático nos exige asegurarnos de la rectitud y honradez de los candidatos, como premisa fundamental para avanzar hacia una cultura de la honestidad.

Renunciar a la participación en el derecho y deber de votar es negar un servicio a la justicia y al progreso de nuestra patria. Acudamos a las urnas y derrotemos la apatía, el pesimismo y la falta de compromiso que evidencian el alto grado de abstencionismo que ha caracterizado nuestras elecciones.

Por: Luis Eduardo Solarte Pastás

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