Los Faraones llegan al partido más grande de su historia con Salah como gran esperanza
Egipto vive un momento histórico sin precedentes en su fútbol. Clasificarse a octavos de final de una Copa del Mundo por primera vez en la historia del país ya es un logro que ningún resultado puede borrar, pero el equipo de Hossam Hassan no llegó hasta Atlanta para conformarse con eso. Los Faraones llegan con siete puntos en la fase de grupos, invictos durante todo ese tramo, y con la moral disparada tras eliminar a Australia en penales en dieciseisavos, donde el arquero Gabaski se convirtió en héroe parando dos lanzamientos y Mohamed Salah picó el penal decisivo con la sangre fría de un campeón.
Lo que hace peligroso a este Egipto es precisamente lo que Argentina no quiere enfrentar: un bloque defensivo compacto y bien organizado que concede pocas ocasiones, una transición rápida liderada por Salah que puede romper cualquier defensa en un segundo, y la experiencia de un equipo que sabe sufrir y esperar su momento. Salah llega en el mejor estado de forma de su carrera a sus 34 años, con tres goles en el torneo y la ilusión de darle a Egipto algo que nunca tuvo. Mañana en Atlanta, ante los campeones del mundo y con Messi en el otro lado, los Faraones tienen la oportunidad de escribir la página más gloriosa del fútbol africano desde el Mundial de Sudáfrica 2010.



