EE. UU. captura a Maduro tras bombardeos en Venezuela: ¿una nueva era de intervenciones en América Latina?

El 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina tras una operación militar de alto perfil en Venezuela que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La acción, anunciada por el presidente estadounidense Donald Trump, es considerada por analistas internacionales como la intervención militar más directa de Washington en la región desde la invasión de Panamá en 1989 para detener al general Manuel Noriega, un precedente que hoy vuelve a evocar debates sobre soberanía y hegemonía regional.

El operativo y sus objetivos

Según declaraciones oficiales de la Casa Blanca, la operación —denominada Operation Absolute Resolve— consistió en ataques aéreos y movimientos terrestres coordinados dirigidos a instalaciones estratégicas en Caracas y otras zonas del país, con el objetivo de capturar a Maduro, quien enfrenta cargos por narcoterrorismo y otros delitos en tribunales de Estados Unidos. Testigos en Caracas reportaron explosiones y presencia de aeronaves a baja altitud en la madrugada que precedió al anuncio oficial.

Maduro y su esposa fueron, según Trump, capturados por fuerzas especiales estadounidenses y trasladados fuera de Venezuela, con planes de enfrentar acciones legales en Nueva York. La administración Trump sostuvo que la medida busca desmantelar redes de narcotráfico, estabilizar el país y promover una transición política.

Reacciones en América Latina

La respuesta en la región fue inmediata y diversa:

  • Colombia, encabezada por el presidente Gustavo Petro, calificó la intervención como una violación de la soberanía venezolana y latinoamericana, y movilizó fuerzas militares a lo largo de la frontera por temor a nuevas tensiones y un posible flujo masivo de refugiados.
  • Brasil, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que los ataques “cruzan una línea inaceptable” y recuerdan “los peores momentos de la interferencia en América Latina”.
  • México, Cuba y Uruguay también condenaron la acción, calificándola de agresión contraria al derecho internacional.

Simultáneamente, algunos líderes expresaron opiniones contrarias. El presidente argentino Javier Milei celebró la captura, y figuras políticas como el expresidente colombiano Álvaro Uribe describieron la acción como “legítima defensa” frente a un régimen que, según ellos, ha promovido terrorismo y violaciones de derechos humanos.

Precedentes históricos y debate sobre intervención

Este episodio revive las profundas tensiones históricas entre Washington y gobiernos soberanistas en América Latina. Desde la Doctrina Monroe del siglo XIX —que esgrimía la idea de que “América para los americanos”— hasta intervenciones más recientes como la de Panamá en 1989, Estados Unidos ha justificado acciones directas en la región bajo argumentos de seguridad hemisférica.

Analistas y expertos internacionales han advertido que este tipo de operaciones plantea interrogantes sobre la legalidad bajo la Carta de las Naciones Unidas, la autonomía de los Estados y el futuro del orden regional, indicando que podría establecer un precedente que socave normas internacionales establecidas tras la Segunda Guerra Mundial.

Consecuencias y desafíos

Las repercusiones de la intervención son mixtas y de largo alcance:

  • Legalidad internacional: diversas naciones y organismos internacionales han señalado que una acción militar sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU puede constituir una violación del derecho internacional.
  • Seguridad regional: países vecinos están evaluando el impacto sobre la seguridad fronteriza, flujos migratorios y dinámicas de crimen organizado.
  • Política venezolana: mientras sectores de la oposición ven la captura como una oportunidad para una transición democrática, el chavismo y sus aliados tildan el operativo de “secuestro” y llaman a la movilización.
  • Relaciones globales: potencias como China y Rusia han criticado la intervención, calificándola de violación de la soberanía venezolana, lo que añade una dimensión geopolítica más amplia al conflicto.

Este episodio, por su naturaleza abrupta y su escala, podría redibujar las pautas de la política exterior estadounidense en la región y reavivar viejos debates sobre soberanía, autonomía y la influencia global de las grandes potencias.