El senador estadounidense de origen colombiano Bernie Moreno advirtió en Washington que Estados Unidos podría no reconocer el resultado de las elecciones presidenciales en Colombia si se presentan irregularidades vinculadas a intimidación de votantes.
Durante un conversatorio del Atlantic Council, Moreno —considerado una de las voces más cercanas al expresidente Donald Trump en temas de América Latina— señaló que viajará a Colombia como observador internacional para los comicios del 31 de mayo, en el marco de una gira regional que también incluye Honduras, Ecuador y Bolivia.
Moreno aseguró que la elección colombiana es “dicotómica”, pues enfrenta al país con dos caminos políticos totalmente opuestos. Aunque reconoció que las legislativas de marzo se desarrollaron de manera adecuada, insistió en la necesidad de garantizar seguridad electoral en zonas donde operan grupos armados.
El senador afirmó que los votos obtenidos bajo intimidación no deberían ser contados, una propuesta que planea presentar a las autoridades colombianas. También ofreció apoyo estadounidense en materia de seguridad diplomática para candidatos durante la segunda vuelta, recordando precedentes durante el gobierno de Álvaro Uribe.
En una declaración que generó fuerte reacción, Moreno advirtió que, si Colombia “toma el camino equivocado”, podría convertirse en un “refugio seguro” para organizaciones criminales, similar a lo ocurrido en Venezuela. Incluso afirmó que Estados Unidos “ya tuvo que intervenir militarmente en Venezuela para arreglarlo”, insinuando que un escenario comparable podría darse en Colombia.
El legislador también señaló que la relación bilateral entre Washington y Bogotá dependerá del ganador de las elecciones, especialmente en temas de cooperación militar, lucha contra el narcotráfico y política de paz. Calificó como “paz falsa” la estrategia actual del gobierno colombiano y aseguró que “no se hace la paz con narcotraficantes”.
Moreno llamó a la unidad de los sectores afines a Washington tras la primera vuelta y dijo esperar regresar a Bogotá el 7 de agosto acompañado de una delegación estadounidense para la posesión presidencial. Añadió que una relación renovada con EE. UU. podría incluso abrir la puerta a una futura visita de Estado.
Finalmente, planteó una visión regional alineada con las propuestas más duras del sector republicano: más cooperación militar, un combate frontal al narcotráfico y contención de la influencia china. También habló de una posible integración comercial hemisférica, combinando mecanismos existentes con nuevos programas de la administración estadounidense.



