En un nuevo episodio de la escalada diplomática y comercial entre Colombia y Ecuador, el gobierno ecuatoriano anunció este fin de semana que no asistirá a la reunión bilateral convocada por Colombia para este lunes 26 de enero en la ciudad fronteriza de Ipiales (Nariño), encuentro que el gobierno colombiano había organizado con la esperanza de iniciar diálogos para resolver la grave crisis comercial que enfrenta a ambos países hermanos.
Esta decisión ecuatoriana profundiza la preocupación sobre el futuro de las relaciones bilaterales que en menos de una semana han pasado de décadas de cooperación e integración a una confrontación abierta que incluye aranceles recíprocos del 30%, suspensión de ventas de electricidad colombiana a Ecuador, amenazas de incrementar tarifas del oleoducto que transporta petróleo colombiano, y un ambiente de hostilidad creciente que preocupa a empresarios, comerciantes fronterizos y ciudadanos de ambos países.
La crisis inició el miércoles 21 de enero cuando el presidente ecuatoriano Daniel Noboa anunció sorpresivamente desde Davos (Suiza) la imposición de aranceles del 30% a productos colombianos alegando falta de cooperación en seguridad fronteriza y narcotráfico. Colombia respondió inmediatamente con aranceles recíprocos y suspendió las ventas de electricidad que habían sido vitales para que Ecuador superara crisis energéticas con apagones de hasta 14 horas diarias durante 2025.
El gobierno colombiano había propuesto realizar una reunión técnica y política este lunes en Ipiales, ciudad fronteriza colombiana que comparte zona de frontera con Tulcán (Ecuador), para que representantes de alto nivel de ambos gobiernos pudieran dialogar cara a cara, exponer sus preocupaciones, y buscar soluciones negociadas que eviten mayor deterioro de la relación bilateral que beneficia a nadie y perjudica a millones de ciudadanos.
Sin embargo, Ecuador rechazó la invitación argumentando que las condiciones no están dadas para un diálogo productivo mientras Colombia mantenga las medidas de retorsión comercial y energética. Fuentes diplomáticas ecuatorianas señalaron que su país está dispuesto a dialogar pero solo cuando Colombia demuestre voluntad genuina de resolver los problemas de seguridad fronteriza que originaron la crisis.
Colombia respondió expresando profunda decepción por la negativa ecuatoriana a dialogar, señalando que es precisamente mediante el diálogo franco y respetuoso que los países hermanos deben resolver sus diferencias, no mediante imposiciones unilaterales ni escaladas de medidas de retorsión que solo generan más daño mutuo.




