Rescate desde el aire: el prototipo que detecta personas en el mar y les despliega una balsa

La tecnología comienza a abrirse paso en uno de los escenarios más complejos para los equipos de emergencia: el rescate de personas en alta mar. La Guardia Costera de Italia, en colaboración con la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA), realizó una prueba que demostró la capacidad de un dron de salvamento para detectar una situación de emergencia y desplegar una balsa inflable cerca de una persona o embarcación en peligro.

La demostración se llevó a cabo utilizando un TEKEVER AR5, una aeronave no tripulada diseñada para operaciones de vigilancia marítima y búsqueda y rescate. Durante el ejercicio, el sistema consiguió liberar una balsa de supervivencia en el mar mediante un proceso automatizado que combina sensores, sistemas de detección e inteligencia artificial.

Aunque en algunos titulares se ha hablado de “drones marinos”, el sistema probado en este caso es en realidad un dron aéreo especializado en operaciones marítimas, capaz de vigilar grandes extensiones de océano desde el aire y transportar una balsa para ofrecer asistencia inicial a personas en peligro.

Un rescate en el que cada minuto puede ser decisivo

Una emergencia en el mar puede convertirse rápidamente en una carrera contra el tiempo. Una persona que ha caído al agua, los ocupantes de una embarcación averiada o los supervivientes de un naufragio pueden encontrarse lejos de los equipos de rescate y permanecer expuestos al oleaje, las bajas temperaturas y el agotamiento físico.

La propuesta detrás de este dron de salvamento no busca reemplazar a los rescatistas, barcos o helicópteros. Su función sería actuar como una primera respuesta: localizar a la persona en peligro y proporcionarle un medio de flotación mientras llegan los equipos humanos encargados de completar el rescate.

En la prueba realizada con la participación de la Guardia Costera italiana y la EMSA, el dron utilizó sus sistemas de detección para identificar objetivos en el agua. Posteriormente, el sistema calculó el momento y el punto adecuados para liberar una balsa inflable a una distancia suficientemente cercana para que pudiera ser alcanzada por la persona en peligro, pero manteniendo al mismo tiempo condiciones de seguridad.

Así funciona el sistema de rescate autónomo

El TEKEVER AR5 está equipado con diferentes tecnologías diseñadas para operar en entornos marítimos. Entre ellas se encuentran cámaras ópticas, sensores infrarrojos, radar marítimo, receptor AIS —utilizado para obtener información sobre embarcaciones— y una antena compatible con señales de radiobalizas de emergencia.

La combinación de estos sistemas permite ampliar la capacidad de vigilancia sobre el mar y detectar posibles situaciones que requieran atención. La inteligencia artificial interviene en el análisis de la información y en el cálculo del momento adecuado para desplegar la balsa.

Uno de los aspectos más relevantes de la demostración es que el sistema puede tener en cuenta factores como las condiciones meteorológicas y determinadas restricciones del plan de vuelo. Esto resulta especialmente importante en el mar, donde el viento, las olas y el movimiento constante de las personas o embarcaciones pueden modificar rápidamente una situación de emergencia.

La balsa utilizada está diseñada para proporcionar una plataforma de flotación temporal. Su objetivo no es trasladar por sí sola a los supervivientes hasta tierra, sino mantenerlos a salvo mientras una embarcación o un equipo de rescate llega al lugar.

Más allá de localizar: llevar ayuda directamente al superviviente

Los drones ya se utilizan desde hace años en tareas de vigilancia, inspección y búsqueda. Sin embargo, uno de los principales avances de este sistema consiste en que el dron no se limita a observar o transmitir imágenes de una emergencia.

En este caso, la aeronave puede transportar un elemento de supervivencia y entregarlo directamente en la zona donde se encuentra la persona en peligro.

Esta diferencia puede ser significativa. Un sistema tradicional de vigilancia puede localizar rápidamente a un náufrago, pero la llegada de un barco de rescate todavía puede requerir tiempo. Un dron capaz de transportar una balsa podría reducir el periodo durante el cual una persona permanece sin ningún tipo de apoyo en el agua.

El AR5 utilizado en las operaciones de la EMSA también cuenta con una autonomía superior a las 10 horas y puede operar más allá de la línea visual directa mediante comunicaciones por satélite, características que le permiten cubrir áreas marítimas extensas.

Una tecnología que Italia ya venía incorporando a la vigilancia marítima

La prueba de la balsa de rescate no surgió de manera aislada. La Guardia Costera italiana ya había utilizado servicios de aeronaves pilotadas remotamente proporcionados por la Agencia Europea de Seguridad Marítima para reforzar la vigilancia en zonas como el golfo de Génova.

Estas operaciones se han empleado para mejorar la seguridad marítima, apoyar misiones de búsqueda y rescate y realizar tareas de vigilancia ambiental, incluyendo el seguimiento de la migración de cetáceos en el Santuario Pelagos.

La experiencia previa permitió evaluar cómo este tipo de aeronaves podía integrarse progresivamente en los procedimientos habituales de la Guardia Costera. El AR5, además de sus capacidades de observación, ya podía configurarse para transportar una balsa inflable destinada a apoyar operaciones de búsqueda y rescate.

El Mediterráneo como laboratorio para nuevas tecnologías

El interés por utilizar drones en las operaciones marítimas continúa creciendo. En 2026, Frontex y la Guardia Costera italiana también completaron un proyecto piloto en el Mediterráneo central en el que dos drones de despegue y aterrizaje vertical operaron desde un buque patrullero.

Durante esas pruebas, los drones trabajaron de día y de noche y ampliaron significativamente el campo de observación de la embarcación. El proyecto también incluyó una simulación de búsqueda y rescate en la que uno de los drones localizó una pequeña embarcación y ayudó a coordinar su recuperación.

Estas experiencias muestran una tendencia más amplia: los drones están pasando de ser simples herramientas de observación a convertirse en plataformas integradas dentro de las operaciones marítimas.

Sin embargo, es importante diferenciar ambos desarrollos. El proyecto de 2026 de Frontex se centró principalmente en ampliar la vigilancia desde un buque patrullero, mientras que la demostración del AR5 destacó específicamente la posibilidad de desplegar una balsa de rescate de manera automatizada.

La inteligencia artificial y el desafío de tomar decisiones en el mar

Uno de los elementos que más llama la atención del proyecto es el uso de inteligencia artificial para determinar cuándo y dónde debe ser liberada la balsa.

Esta decisión no es tan sencilla como podría parecer. Un objeto lanzado desde el aire debe tener en cuenta el desplazamiento de la aeronave, la dirección del viento y la posible deriva de la persona o embarcación en el agua.

El sistema busca calcular un punto que permita que la balsa llegue lo suficientemente cerca del objetivo sin representar un riesgo para la persona que necesita ayuda. Según la información divulgada sobre la prueba, el proceso puede realizarse de forma automática a partir de los datos obtenidos por los sensores del dron.

Aun así, la automatización no significa necesariamente que los seres humanos desaparezcan de la operación. La incorporación de este tipo de tecnología plantea la necesidad de establecer protocolos sobre supervisión, validación de los objetivos y responsabilidad ante posibles errores.

En una misión real, factores como el mal tiempo, la dificultad para identificar correctamente a una persona o la presencia de múltiples embarcaciones pueden complicar la toma de decisiones de cualquier sistema automatizado.

Una herramienta para complementar, no reemplazar, a los rescatistas

El principal valor de este dron de salvamento estaría en su capacidad para complementar los recursos existentes.

Una aeronave no tripulada puede llegar rápidamente a una zona, permanecer durante horas en el aire y proporcionar información en tiempo real. Al añadir la capacidad de desplegar una balsa, el sistema podría ofrecer ayuda física antes de que llegue un barco o un helicóptero.

Sin embargo, el rescate completo seguiría requiriendo, en la mayoría de los casos, la intervención de equipos especializados. Una persona rescatada del agua puede necesitar atención médica inmediata, traslado y asistencia profesional.

Por eso, el desarrollo no debe interpretarse como un sustituto de la Guardia Costera o de los equipos de emergencia, sino como una herramienta adicional dentro de una cadena de respuesta.

La propia experiencia de la EMSA con aeronaves pilotadas remotamente se ha orientado a apoyar las operaciones de las autoridades marítimas de los Estados miembros, especialmente en ámbitos como la vigilancia, la seguridad y las misiones de búsqueda y rescate.

Un posible paso hacia rescates más rápidos

La prueba realizada con el TEKEVER AR5 representa una demostración tecnológica y no significa que todos los rescates marítimos vayan a realizarse de forma autónoma a corto plazo. Antes de una adopción más amplia, este tipo de sistemas debe demostrar su eficacia en diferentes condiciones meteorológicas y escenarios operativos.

También será necesario resolver cuestiones relacionadas con la regulación del espacio aéreo, la coordinación entre aeronaves tripuladas y no tripuladas y los protocolos de seguridad necesarios para operar en zonas donde pueden desarrollarse emergencias complejas.

A pesar de estos desafíos, el concepto resulta prometedor: utilizar sensores e inteligencia artificial para encontrar más rápidamente a una persona en peligro y hacerle llegar una herramienta de supervivencia incluso antes de que los rescatistas puedan alcanzarla.

En un entorno como el mar, donde las distancias pueden ser enormes y las condiciones cambian rápidamente, ganar unos minutos puede marcar una diferencia importante.

La prueba desarrollada junto a la Guardia Costera italiana demuestra que los drones ya no solo pueden observar una emergencia desde el aire. La siguiente etapa consiste en convertir esa capacidad de observación en una respuesta concreta: detectar, analizar y entregar ayuda allí donde se necesita.

El camino hacia operaciones de rescate cada vez más automatizadas todavía plantea importantes desafíos técnicos y operativos, pero la demostración del dron de salvamento abre una nueva posibilidad para la seguridad marítima: que una aeronave no tripulada pueda convertirse en el primer recurso capaz de llegar hasta una persona que lucha por mantenerse a flote mientras el rescate humano está en camino.

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