Dormir con una lámpara encendida, dejar pasar la iluminación del pasillo o incluso mantener cerca una pantalla que emite luz durante la noche podría estar relacionado con algo más que una alteración del descanso. Una nueva investigación de la Universidad de Tulane encontró una asociación entre la exposición a la luz durante el sueño y cambios en la estructura y el funcionamiento del corazón.
El estudio, publicado el 9 de septiembre de 2026 en la revista científica European Heart Journal, analizó datos de miles de participantes del UK Biobank y encontró que quienes estuvieron expuestos a mayores niveles de luz durante la noche presentaron determinadas modificaciones cardíacas, además de un mayor riesgo de varios eventos cardiovasculares durante el seguimiento.
Uno de los resultados que más llamó la atención fue la asociación con un 29 % más de riesgo de insuficiencia cardíaca entre las personas con una exposición nocturna elevada a la luz, en comparación con quienes no tuvieron exposición superior a 3 lux. También se observaron asociaciones con fibrilación auricular, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y mortalidad cardiovascular.
Sin embargo, el hallazgo requiere una precisión importante: el estudio es observacional, por lo que no demuestra que dormir con una luz encendida cause directamente insuficiencia cardíaca. Lo que identifica es una asociación estadística y aporta posibles pistas sobre los mecanismos que podrían explicar la relación.
¿Qué investigaron los científicos de Tulane?
El trabajo fue dirigido por investigadores vinculados con el Departamento de Epidemiología de la Celia Scott Weatherhead School of Public Health and Tropical Medicine de Tulane University. Entre los autores figuran Jin Dai, Wen Dai, Yoriko Heianza y Lu Qi.
Para analizar la exposición a la luz, los investigadores utilizaron información del UK Biobank, una gran base de datos biomédicos del Reino Unido.
En una primera parte del estudio participaron 11.071 personas que utilizaron durante siete días un dispositivo colocado en la muñeca equipado con acelerómetro y sensor de luz. Los registros correspondieron al periodo comprendido entre 2013 y 2015.
Posteriormente, aproximadamente tres años después, los participantes fueron sometidos a resonancia magnética cardiovascular, conocida como CMR, para examinar con detalle la estructura y el funcionamiento de sus corazones.
Esta metodología permitió a los científicos ir más allá de simplemente preguntar a los participantes si dormían con la luz encendida. En lugar de depender exclusivamente de la memoria o de una respuesta subjetiva, pudieron utilizar mediciones realizadas mediante sensores.
Además, para analizar los resultados cardiovasculares a más largo plazo, los investigadores utilizaron información de 73.286 participantes y estudiaron la aparición de enfermedades cardiovasculares y la mortalidad durante un periodo de entre ocho y diez años.
¿Cuánta luz fue suficiente para llamar la atención de los investigadores?
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que la cantidad de luz estudiada fue relativamente baja.
Los investigadores utilizaron como referencia una exposición nocturna superior a 3 lux. El lux es una unidad utilizada para medir la iluminancia, es decir, la cantidad de luz que llega a una superficie.
El grupo con mayor exposición nocturna estaba expuesto a más de ese nivel. Según Tulane, una iluminación superior a 3 lux puede aproximarse a situaciones cotidianas como el brillo de una pantalla de teléfono con baja intensidad colocada sobre una mesa de noche o la luz procedente de un pasillo cuando la puerta queda ligeramente abierta.
Esto no significa que cualquier pequeño punto de luz vaya a provocar una enfermedad cardíaca. La investigación estudió asociaciones estadísticas dentro de una población y no establece un nivel concreto de iluminación a partir del cual una persona necesariamente desarrollará una enfermedad.
Cambios en la estructura del corazón
Uno de los principales aportes de la investigación fue analizar qué estaba ocurriendo físicamente dentro del corazón.
Los participantes con una exposición nocturna elevada presentaron una asociación con remodelación cardíaca, especialmente en el ventrículo izquierdo, una de las principales cámaras encargadas de bombear sangre hacia el organismo.
En comparación con las personas que no presentaban exposición nocturna superior a 3 lux, quienes tenían una exposición elevada mostraron:
- 2,4 % más de masa ventricular izquierda, ajustada según la estatura.
- 1,5 % mayor grosor promedio de la pared cardíaca.
- 1,9 % menor fracción de contracción del miocardio.
- Alteraciones en diferentes indicadores de deformación del músculo cardíaco.
También se encontraron modificaciones asociadas con el ventrículo derecho y la aurícula izquierda.
En el ventrículo derecho, por ejemplo, se observó un aumento asociado del volumen al final de la fase de llenado y del volumen al final de la contracción. En la aurícula izquierda se encontró un mayor volumen máximo y una menor fracción de eyección.
Estos cambios fueron descritos como subclínicos, es decir, no significan necesariamente que una persona tenga una enfermedad cardíaca diagnosticada.
¿Qué significa la llamada remodelación cardíaca?
El término «remodelación cardíaca» describe cambios en la forma, el tamaño, el grosor o el funcionamiento del corazón que pueden aparecer como respuesta a diferentes tipos de estrés o lesiones.
Por ejemplo, el corazón puede modificar su estructura cuando se enfrenta durante mucho tiempo a determinadas condiciones cardiovasculares.
En el estudio de Tulane, los investigadores plantean que la exposición a la luz durante la noche podría estar relacionada con este proceso. Lu Qi, autor principal de la investigación, explicó que este tipo de modificación estructural suele observarse en contextos de estrés crónico o lesión cardíaca y que, con el tiempo, puede contribuir al deterioro de la función del corazón.
Es importante diferenciar esta explicación de una demostración de causalidad. Los investigadores encontraron una asociación compatible con ese mecanismo, pero el diseño del estudio no permite afirmar que la luz haya sido la causa directa de las modificaciones observadas.
El estudio también encontró una asociación con insuficiencia cardíaca
La parte del análisis relacionada con enfermedades cardiovasculares permitió observar qué ocurrió durante los años posteriores a la medición de la exposición nocturna.
Durante un seguimiento de aproximadamente ocho a diez años, las personas clasificadas con una exposición elevada a luz nocturna, en comparación con quienes no presentaban exposición superior a 3 lux, mostraron un:
- 29 % mayor riesgo de insuficiencia cardíaca.
- 15 % mayor riesgo de fibrilación auricular.
- 24 % mayor riesgo de infarto de miocardio.
- 33 % mayor riesgo de accidente cerebrovascular.
- 26 % mayor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular.
Estas cifras son asociaciones ajustadas estadísticamente, no probabilidades individuales. Por ello, no deben interpretarse como que una persona que duerma con una lámpara encendida tendrá automáticamente un 29 % de posibilidades de desarrollar insuficiencia cardíaca.
El riesgo cardiovascular depende de muchos factores, entre ellos la edad, la genética, la presión arterial, la diabetes, el colesterol, el tabaquismo, la alimentación, la actividad física, el sueño y otras condiciones de salud.
La duración del sueño podría ser parte de la explicación
Los investigadores también analizaron si la cantidad de horas de sueño podía explicar parcialmente la relación observada.
Los resultados indicaron que una parte importante de las asociaciones entre la exposición nocturna a la luz y las alteraciones cardíacas podía estar estadísticamente mediada por una menor duración del sueño.
La proporción mediada por la duración del sueño se situó aproximadamente entre 24 % y 49 %, dependiendo del indicador cardíaco analizado.
Esto abre una posibilidad importante: la luz nocturna podría afectar al organismo no únicamente por su presencia directa, sino también porque puede interferir con el descanso y con los ritmos biológicos que regulan el sueño.
El papel del ritmo circadiano
El organismo humano cuenta con un sistema interno de aproximadamente 24 horas conocido como ritmo circadiano.
Este sistema participa en la regulación del sueño y la vigilia, pero también está relacionado con procesos como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, el metabolismo y la liberación de determinadas hormonas.
La luz es una de las señales ambientales más importantes utilizadas por el organismo para sincronizar este reloj biológico.
Durante el día, la exposición a la luz ayuda a mantener el organismo en estado de vigilia. Por la noche, la ausencia de luz favorece las condiciones necesarias para el descanso.
Por esa razón, la exposición artificial a la luz durante las horas destinadas al sueño se ha convertido en un área de interés para los investigadores que estudian la relación entre el sueño y las enfermedades cardiovasculares.
¿Y qué ocurre con la melatonina?
Uno de los mecanismos que podría estar involucrado es la melatonina, una hormona relacionada con la regulación del ciclo de sueño y vigilia.
La exposición a luz durante la noche puede interferir con las señales que normalmente indican al organismo que es hora de dormir. Esto puede alterar el horario biológico y contribuir a cambios en la calidad o duración del sueño.
En el nuevo estudio de Tulane, la menor duración del sueño explicó estadísticamente una parte de las asociaciones encontradas entre la luz nocturna y las características cardíacas.
No obstante, la duración del sueño no parece ser necesariamente la única vía involucrada. Los autores señalan que otros mecanismos relacionados con la regulación circadiana, la presión arterial, el metabolismo, la inflamación y el funcionamiento cardiovascular podrían participar en la relación.
No solamente se trata de dormir con una bombilla encendida
Cuando se habla de «luz durante la noche», no necesariamente se hace referencia a una habitación completamente iluminada.
La exposición puede proceder de diferentes fuentes, como:
- Una lámpara de mesa de noche.
- La televisión encendida.
- La pantalla de un teléfono.
- Una computadora o tableta.
- Luces del pasillo.
- Alumbrado público que entra por la ventana.
- Edificios iluminados cercanos.
- Luces nocturnas utilizadas para desplazarse por la habitación.
En el estudio, lo importante era la cantidad de luz registrada por los sensores durante el periodo nocturno, por lo que no se limitó exclusivamente a personas que declararan dormir con una bombilla encendida.
¿La luz durante el día tiene el mismo efecto?
No necesariamente.
Los investigadores también realizaron análisis relacionados con la exposición a la luz durante el día. La exposición diurna intensa no mostró el mismo patrón de asociaciones cardiovasculares que se observó con la luz nocturna.
De acuerdo con el artículo científico, la exposición a luz brillante durante el día, definida en el análisis como superior a 1.000 lux, presentó una asociación con un único indicador de la resonancia magnética y no mostró asociaciones con los eventos cardiovasculares estudiados ni con la mortalidad cardiovascular.
Esto resulta relevante porque la luz no es perjudicial simplemente por existir. La diferencia entre la exposición diurna y nocturna puede ser importante para el funcionamiento del sistema circadiano.
Los resultados coinciden con investigaciones anteriores
El trabajo de Tulane no apareció de manera aislada.
Investigaciones anteriores ya habían relacionado la exposición a luz durante la noche con diferentes factores de riesgo cardiovascular.
En 2025, por ejemplo, un estudio publicado en JAMA Network Open y realizado también con participantes del UK Biobank analizó datos de exposición individual a la luz y encontró asociaciones entre una mayor exposición nocturna y un mayor riesgo de enfermedad coronaria, infarto, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular y accidente cerebrovascular.
La investigación anterior incluyó casi 89.000 participantes y realizó un seguimiento aproximado de 9,5 años.
El nuevo trabajo de Tulane aporta una pieza adicional porque no se limitó a estudiar la aparición posterior de enfermedades. También utilizó resonancia magnética cardiovascular para observar modificaciones estructurales y funcionales en el corazón.
De esta manera, los investigadores buscaron conectar dos etapas: los cambios cardíacos que pueden aparecer antes de una enfermedad clínicamente evidente y los resultados cardiovasculares observados durante los años posteriores.
¿Esto demuestra que dormir con luz provoca insuficiencia cardíaca?
No.
Esta es probablemente la principal precisión que debe hacerse al interpretar los resultados.
El estudio de Tulane es observacional. Los investigadores observaron la exposición a la luz y posteriormente analizaron su relación con características cardíacas y enfermedades cardiovasculares.
Aunque realizaron ajustes estadísticos para numerosos factores y encontraron relaciones consistentes, este tipo de estudio no puede demostrar por sí solo que la luz nocturna sea la causa directa de la insuficiencia cardíaca.
Además, las propias características de la población estudiada limitan hasta cierto punto la posibilidad de generalizar los resultados a todas las personas.
Los participantes procedían del UK Biobank y la cohorte utilizada para el análisis de resonancia magnética era predominantemente blanca y, en términos generales, más saludable que la población general. Los investigadores reconocen que esto puede limitar la extrapolación de los resultados a grupos étnicos y poblaciones socioeconómicamente diferentes.
También fueron excluidos del análisis principal los trabajadores por turnos, debido a las dificultades para determinar sus ritmos circadianos mediante el método empleado en la investigación.
¿Qué recomiendan los investigadores?
A partir de los resultados y del conjunto de evidencia disponible, los investigadores plantean que reducir la exposición a la luz durante la noche podría formar parte de las estrategias para cuidar la salud cardiovascular.
Tulane señala medidas sencillas como apagar las pantallas antes de dormir, cerrar las cortinas para reducir la entrada de luz exterior y utilizar un antifaz cuando sea necesario.
La propia Universidad de Tulane también recomienda crear un entorno de sueño sin luces brillantes y limitar la tecnología durante el periodo de descanso.
Esto no significa que las personas deban dormir obligatoriamente en oscuridad absoluta ni que una pequeña luz vaya a producir una enfermedad. Más bien, los resultados respaldan la conveniencia de reducir, cuando sea posible, la exposición innecesaria a la luz durante las horas de sueño.
Un hábito cotidiano que entra en el foco de la investigación cardiovascular
El interés científico por la iluminación nocturna ha aumentado porque se trata de un factor ambiental relativamente sencillo de modificar.
A diferencia de factores como la edad o determinadas características genéticas, la cantidad de luz a la que una persona se expone mientras duerme puede cambiarse mediante decisiones sobre el ambiente de descanso.
Los resultados de Tulane sugieren que una exposición nocturna mayor está relacionada con cambios medibles en diferentes partes del corazón y con un mayor riesgo de determinados eventos cardiovasculares. Sin embargo, todavía es necesario determinar con mayor precisión qué mecanismos intervienen y hasta qué punto reducir la luz durante la noche puede disminuir directamente la aparición de enfermedades.
La investigación, publicada en European Heart Journal, representa así una nueva pieza dentro de un campo que estudia cómo el ambiente nocturno, el sueño y los ritmos circadianos pueden interactuar con la salud cardiovascular.
Por ahora, el mensaje más prudente no es que dormir con luz encendida provoque insuficiencia cardíaca, sino que existe una asociación que merece atención y que se suma a una creciente evidencia sobre la importancia de mantener un descanso adecuado y reducir la exposición innecesaria a la luz durante la noche.




