Trump se metió de lleno en el Mundial y generó la mayor polémica extradeportiva del torneo
El presidente de Estados Unidos llevó la controversia de la Copa del Mundo hasta la Casa Blanca cuando intervino públicamente en el caso de la expulsión de Folarin Balogun ante Bosnia en dieciseisavos de final. Trump contactó directamente a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para exigir que se anulara la tarjeta roja que le impediría jugar a la gran figura ofensiva del equipo local ante Bélgica en octavos. La presión funcionó: la FIFA suspendió la sanción argumentando que la expulsión había sido injusta, una decisión que generó una tormenta internacional sin precedentes en la historia del torneo, con Bélgica y varios países europeos denunciando una interferencia política inadmisible en el deporte.
El técnico belga Rudi García fue el más duro en sus declaraciones: aseguró que la decisión era vergonzosa y que la FIFA había cedido ante la presión política del país anfitrión, algo que nunca había ocurrido en un Mundial. Varios ex árbitros y analistas de todo el mundo coincidieron en que la tarjeta roja original estaba justificada según el reglamento. Pochettino, en cambio, defendió la decisión con vehemencia diciendo que el 99.9% de la gente pensaba que la roja había sido injusta. Lo que comenzó como una decisión arbitral polémica en el campo terminó convirtiéndose en el escándalo político más grande de este Mundial 2026, con la figura de Trump en el centro de una controversia que opacó temporalmente lo que ocurría dentro del campo.




