Los mapas que guardan la historia de París ahora pueden explorarse en línea

Los mapas antiguos pueden parecer, a primera vista, simples representaciones de calles, edificios y límites territoriales. Sin embargo, detrás de cada línea existe una parte de la historia de una ciudad: dónde se concentraban sus habitantes, cómo se organizaban sus barrios, qué espacios estaban amurallados y hasta qué punto había crecido su territorio.

En Francia, una parte importante de ese patrimonio cartográfico puede consultarse actualmente gracias al trabajo de digitalización desarrollado por la Bibliothèque nationale de France (BnF) y puesto a disposición del público a través de Gallica, su biblioteca digital.

Entre los materiales disponibles se encuentran numerosos planos históricos de París, incluidos documentos correspondientes a los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX. La propia BnF explica que sus colecciones de mapas y planos digitalizados están disponibles mediante sus herramientas de consulta y que Gallica reúne documentos cartográficos de diferentes épocas.

Un proyecto que permite mirar París antes de la ciudad moderna

La importancia de estos documentos está en que permiten observar una ciudad completamente diferente de la que conocemos actualmente.

Durante el siglo XVII, París todavía estaba muy lejos de tener la estructura urbana contemporánea. La ciudad se encontraba en un proceso de transformación y expansión, y sus planos registraban calles, barrios, espacios religiosos, fortificaciones, puertas de acceso, plazas y zonas que posteriormente cambiarían de manera considerable.

Al digitalizar estos documentos, la BnF no solamente conserva una imagen de la ciudad. También facilita que investigadores, estudiantes y cualquier persona interesada puedan estudiar cómo evolucionó París sin necesidad de manipular constantemente los originales físicos.

La BnF cuenta con un departamento especializado en Cartes et plans, cuyas colecciones incluyen documentos cartográficos históricos y contemporáneos. La institución señala que su catálogo reúne varios millones de recursos iconográficos y cartográficos, mientras que una parte de esos materiales se encuentra digitalizada o disponible en herramientas digitales de consulta.

Los mapas del siglo XVII cuentan una historia diferente de París

Uno de los aspectos más interesantes del patrimonio cartográfico parisino es la existencia de planos elaborados durante el propio siglo XVII.

El catálogo de la BnF registra, por ejemplo, un plano de París y sus alrededores fechado en 1672, asociado al cartógrafo Albert Jouvin de Rochefort, así como otras representaciones posteriores de la capital. También aparecen documentos de 1652 y un nuevo plano de París de 1697 en reproducciones conservadas en las colecciones de la institución.

Estos documentos permiten comparar distintas etapas del crecimiento urbano.

Un plano de mediados del siglo XVII puede mostrar una configuración diferente a la que aparece algunas décadas después. De esta manera, la cartografía histórica se convierte en una especie de registro visual de los cambios urbanos.

No se trata solamente de saber dónde estaba una calle. Un plano puede mostrar la relación entre las zonas residenciales, las áreas religiosas, las fortificaciones, los espacios abiertos y los principales puntos de circulación de una ciudad.

De un documento frágil a un archivo digital

La digitalización tiene además una función de conservación.

Los mapas y planos históricos son objetos físicos que pueden deteriorarse con el paso del tiempo. El papel puede sufrir daños por manipulación, humedad, temperatura, luz o simplemente por el envejecimiento natural de los materiales.

Crear una reproducción digital de alta calidad permite reducir la necesidad de consultar constantemente el original.

Esto no significa que el documento físico pierda importancia. Al contrario, el original continúa siendo fundamental para investigadores y especialistas. La copia digital funciona como una forma adicional de preservación y consulta.

La propia BnF explica que las colecciones libres de derechos o cuyos derechos han sido negociados se digitalizan dentro de sus programas de digitalización masiva y preservación.

El salto de los archivos físicos a Gallica

Uno de los elementos fundamentales de este proceso es Gallica, la biblioteca digital de la BnF y de sus instituciones colaboradoras.

Gallica fue creada en 1997 y actualmente permite consultar gratuitamente millones de documentos digitalizados. Su colección incluye libros, periódicos, manuscritos, fotografías, imágenes, mapas, planos, documentos sonoros y otros materiales patrimoniales.

En el caso de París, la BnF mantiene una selección específica dedicada a los planes de Paris, donde se reúnen diferentes representaciones cartográficas de la capital.

Esto significa que una persona que se encuentre fuera de Francia puede consultar determinados planos históricos sin desplazarse hasta París ni tener que acceder físicamente a las salas de la biblioteca.

Una digitalización que ya había alcanzado miles de planos

El proceso no comenzó recientemente.

En una actividad organizada por la BnF en febrero de 2022, la institución explicó que durante 2021 se habían realizado nuevas campañas de digitalización relacionadas con los planos de París. La presentación estuvo dedicada precisamente a mostrar este corpus y las herramientas para investigarlo.

En aquella ocasión, la BnF indicó que había cerca de 6.000 planos parisinos disponibles en Gallica, correspondientes a documentos que iban desde el siglo XVI hasta el siglo XX.

Este dato es importante porque demuestra que la disponibilidad digital de los mapas históricos de París no es el resultado de una única digitalización reciente, sino de un proceso desarrollado durante años y que continúa ampliándose.

¿Qué información puede obtenerse de estos planos?

El valor de estos documentos va mucho más allá de su atractivo visual.

Los investigadores pueden utilizarlos para estudiar la evolución de diferentes aspectos de París, entre ellos:

  • Urbanismo: permite observar cómo se expandió la ciudad y cómo fueron apareciendo nuevos barrios y espacios urbanos.
  • Historia de las calles: algunos planos permiten identificar calles y trazados que posteriormente fueron modificados o desaparecieron.
  • Fortificaciones: muestran las estructuras defensivas y los límites de la ciudad en diferentes períodos.
  • Arquitectura: permiten estudiar la distribución de edificios y espacios relevantes.
  • Historia social: la configuración de barrios y zonas de actividad puede aportar información sobre la organización de la sociedad urbana.
  • Historia política: los cambios territoriales y las intervenciones sobre la ciudad también pueden relacionarse con diferentes períodos de gobierno.
  • Cartografía: los documentos permiten estudiar cómo evolucionaron las técnicas utilizadas para representar las ciudades.

La propia BnF destaca que sus colecciones cartográficas pueden utilizarse para investigaciones relacionadas con la historia de la cartografía, la geografía histórica, la toponimia, la historia urbana y la historia del urbanismo, entre otros campos.

Una ventana para estudiar el crecimiento de París

Uno de los mayores atractivos de comparar mapas de diferentes épocas es que permite observar el crecimiento de la ciudad de una manera que sería difícil conseguir solamente mediante fotografías o textos.

Por ejemplo, al comparar un plano de mediados del siglo XVII con otro de finales de ese mismo siglo, es posible encontrar cambios en las calles, los límites urbanos y las zonas construidas.

La BnF conserva documentos cartográficos que permiten realizar precisamente este tipo de comparación. Entre ellos aparecen representaciones de París de 1652, 1672 y 1697, lo que proporciona una perspectiva especialmente interesante sobre la evolución de la capital durante varias décadas.

El valor de estas piezas aumenta cuando se combinan con otras fuentes históricas. Un investigador puede contrastar un plano con documentos escritos, registros administrativos, fotografías posteriores o estudios históricos para determinar cómo y por qué se produjo determinada transformación.

La tecnología también cambia la forma de investigar la historia

La digitalización no solamente conserva los documentos: también cambia la forma en que pueden estudiarse.

Un plano histórico que anteriormente debía consultarse físicamente puede ser examinado desde un ordenador. Además, los sistemas digitales permiten ampliar determinadas zonas del documento y analizar detalles que pueden resultar difíciles de observar en una reproducción convencional.

Esto es especialmente importante en mapas antiguos, donde pueden aparecer textos pequeños, nombres de calles, símbolos, edificios y otros elementos cartográficos.

La digitalización convierte, por tanto, un objeto que originalmente estaba limitado por su ubicación física en un recurso que puede ser utilizado por investigadores y estudiantes desde diferentes lugares del mundo.

Un patrimonio que deja de estar limitado a los especialistas

Uno de los cambios más importantes es la democratización del acceso.

La BnF define Gallica como una biblioteca digital de acceso gratuito por internet y señala que está dirigida tanto a lectores interesados en la cultura como a estudiantes, investigadores y especialistas.

Esto permite que los planos históricos de París puedan ser utilizados en contextos educativos, proyectos universitarios, investigaciones de historia urbana o simplemente por personas interesadas en conocer cómo era la capital francesa siglos atrás.

También facilita la comparación internacional. Un investigador que estudie la evolución de las grandes ciudades europeas puede consultar documentos de París y compararlos con mapas históricos de otras capitales.

Más que una imagen antigua: una fuente histórica

La importancia de la digitalización de estos mapas radica, finalmente, en que convierte documentos históricos en fuentes de conocimiento más accesibles.

Un plano del siglo XVII no muestra únicamente una ciudad. Muestra cómo sus autores entendían y representaban el espacio en un momento determinado. Las calles, edificios, límites y nombres que aparecen en él permiten reconstruir diferentes aspectos de la vida urbana.

Por esa razón, la conservación digital de los planos parisinos forma parte de una tendencia más amplia: utilizar la tecnología para proteger el patrimonio documental y, al mismo tiempo, permitir que nuevas generaciones puedan estudiarlo.

Un patrimonio que sigue creciendo

Aunque resulta tentador presentar el proceso como una digitalización que acaba de terminar, la información oficial disponible muestra una realidad más amplia: la BnF lleva años desarrollando campañas de digitalización y ampliando progresivamente el contenido disponible en Gallica.

La propia institución señala que Gallica reúne actualmente millones de documentos y que la plataforma continúa incorporando materiales procedentes tanto de la BnF como de cientos de instituciones colaboradoras.

En ese contexto, los antiguos planos de París representan un ejemplo claro de cómo la digitalización puede conectar patrimonio, tecnología e investigación.

Los mapas que alguna vez fueron herramientas para conocer una ciudad del siglo XVII ahora pueden utilizarse para reconstruirla desde una pantalla, comparar su evolución y comprender cuánto ha cambiado París a lo largo de más de tres siglos.

Así, la digitalización no reemplaza a los documentos originales: les da una segunda vida. Y en el caso de los planos históricos de París, esa segunda vida permite que una parte de la historia urbana francesa deje de estar limitada a los archivos y pueda ser explorada por cualquier persona con acceso a internet.

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