Día Mundial contra el Dolor 2025: visibilizar lo invisible

Este viernes 17 de octubre se celebra el Día Mundial contra el Dolor, una fecha que invita a reflexionar sobre una condición que afecta a millones de personas en el mundo. Aunque el dolor suele ser una señal de alerta que desaparece al resolver su causa, en muchos casos se vuelve persistente y se transforma en dolor crónico.

Una realidad que no se ve, pero se siente

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cinco personas adultas vive con dolor crónico. En países como Chile, las cifras alcanzan entre el 30 y el 32% de la población. Esta condición no solo impacta la salud física, sino también el bienestar emocional, las relaciones sociales, la productividad laboral y la calidad de vida en general.

El dolor crónico es complejo. No responde siempre a una causa visible y, como señala el académico Gonzalo Yévenes Crisóstomo, tiene un carácter profundamente individual. Cada persona lo experimenta de forma distinta, lo que hace aún más difícil su diagnóstico y tratamiento.

Un llamado global a la acción

La conmemoración de este día fue establecida en 2004 por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), la Federación Europea del Dolor (EFIC) y la OMS. El objetivo es claro: mejorar la vida de quienes lo padecen, promoviendo investigación, educación y acceso a terapias eficaces.

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Este año, el lema es “Manejo del Dolor, Investigación y Educación en Entornos de Ingresos Bajos y Medianos”. Con ello, se busca poner el foco en las desigualdades que enfrentan muchas regiones del mundo, donde el acceso a tratamientos sigue siendo limitado o inexistente.

Más allá del síntoma: dignidad y atención

Visibilizar el dolor crónico es fundamental para avanzar en políticas públicas, formación médica y conciencia social. No se trata solo de aliviar un síntoma, sino de reconocer una condición que puede aislar, limitar y afectar profundamente la vida de una persona.

Este 17 de octubre, el llamado es a escuchar, comprender y actuar. Porque detrás de cada paciente hay una historia que merece atención, respeto y soluciones reales. El dolor no debe ser una condena silenciosa, sino una causa compartida que nos movilice hacia una salud más humana y equitativa.