En Pasto, el color negro une los rostros y reafirma la identidad de un pueblo diverso.

Día de Negros: cuando Pasto transforma la historia en un acto colectivo de libertad

Pasto despertó hoy bajo un mismo color y un mismo latido. El Día de Negros, una de las jornadas más profundas y simbólicas del Carnaval de Negros y Blancos, volvió a convertir las calles de la capital nariñense en un escenario vivo donde la memoria histórica, la identidad y la igualdad se celebran a través del arte popular y la participación ciudadana.


Esta fecha tiene sus raíces en la época colonial, cuando el 5 de enero era concedido a las personas afrodescendientes esclavizadas como un día de descanso y celebración. Con el paso de los siglos, aquel gesto mínimo de libertad se transformó en un símbolo de resistencia cultural que hoy se resignifica como un acto de reivindicación histórica y reconocimiento de las raíces afro, indígenas y mestizas que conforman el tejido social del sur de Colombia.


Desde las primeras horas del día, miles de habitantes y visitantes tomaron las calles con el rostro cubierto de negro cosmético. Comparsas espontáneas, juegos tradicionales, música andina, cantos populares y expresiones artísticas recorrieron barrios, plazas y avenidas, convirtiendo a la ciudad en una gran fiesta colectiva. En este acto simbólico, el color negro deja de representar diferencia para convertirse en igualdad: durante esta jornada, todos comparten un mismo rostro, un mismo espacio y un mismo espíritu festivo.


Más que una celebración, el Día de Negros es un ritual social que refuerza la esencia comunitaria del Carnaval. Pintarse el rostro es un gesto que borra jerarquías y recuerda que esta fiesta nace del pueblo y para el pueblo. Gestores culturales y autoridades locales destacaron la apropiación ciudadana de la jornada, así como el comportamiento responsable de quienes participan, factores clave para la preservación y proyección de esta tradición.


El Carnaval de Negros y Blancos, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reafirma a través de esta jornada su valor universal como una celebración que promueve la convivencia, el respeto por la diferencia y la paz. Pasto se consolida así como un referente cultural que, año tras año, convierte la historia en una expresión viva y participativa.


La fiesta continuará mañana, 6 de enero, con el tradicional Día de Blancos, cuando el blanco y el color inundarán nuevamente las calles, marcando el cierre de uno de los carnavales más importantes de Colombia y de América Latina.

En el Día de Negros, Pasto no solo se viste de fiesta: se reconoce, se honra y se proyecta. Cada rostro pintado es un acto consciente de memoria; cada danza, un puente entre el pasado y el presente; cada risa compartida, una afirmación de identidad. La ciudad recuerda que su fuerza nace de la mezcla, de la resistencia y de la alegría colectiva. Así, entre música y tradición, el Carnaval eleva un mensaje que trasciende fronteras: cuando la historia se celebra con respeto y conciencia, la diversidad deja de ser diferencia y se convierte en una poderosa expresión de unidad y libertad compartida.

El Día de Negritos envuelve a Pasto en una memoria viva hecha celebración colectiva. La pintica de cosmético negro, compartida entre habitantes y visitantes, trasciende el juego festivo para convertirse en un símbolo de igualdad que borra diferencias y une a la ciudad en una sola expresión de identidad, alegría y tradición popular.