Desobediencia no es revolución

Chucho Martinez

Recuerdo que, en octubre de 1970, el presidente Misael Pastrana notificó que la refinería de Occidente no se construiría en Tumaco sino en el Valle del Cauca, para refinar el petróleo que salía del Putumayo y pasaba por Nariño. El pueblo se levantó porque creíamos (Chucho ahí como estudiante del Liceo de la Udenar) era la redención que superaría todos nuestros males; por eso al unísono gritábamos: “refinería o revolución”. Pero no hubo, ni lo uno ni lo otro, porque nos traicionaron los gobernantes y los jefes del movimiento.

Así parece el destino de la desobediencia civil ordenada por el excandidato presidencial Cepeda, pues pocos entienden que no se puede desobedecer algo que aún no se ha promulgado legal ni administrativamente, salvo que las razones para la desobediencia sean descalificaciones de legitimidad ética para que el nuevo presidente se posesione, ni así. Considero que es más un hecho político que legal que empieza a hacer uso del binomio gobierno-oposición que utiliza como la derecha lo hizo con Petro, todas las herramientas a su alcance para hacerle “la vida imposible” como decían en Guaitarilla la congregación goda respecto a los liberales.

El llamado no debe producir miedo, sino a entender que eso vivifica la democracia, obliga a transparentar la vida pública, a entender que, si bien hay que acatar las leyes, ellas no son bulas papales que obvian la reflexión y crítica. La desobediencia civil pacífica no apunta a subvertir el orden, ni hacer la revolución así cuente con la mitad del país político. Por eso, con frecuencia decimos “acatamos las decisiones judiciales así no las compartamos”.

La desobediencia civil es prima hermana de la objeción de conciencia e hija de la resistencia civil y lejana del “estado de opinión” que predicaba Uribe. Hay que ver hasta donde la propuesta puede generar situaciones de contrapoder y de radicalización de la democracia. “El poder no sólo expulsa y reprime, sino que también incluye y crea, así mismo, la resistencia está presente bajo todas las estrategias de poder. En este marco de exclusión-inclusión en la lógica poder-derecho y de producción de dicha lógica, se inscriben algunas de las formas que adopta la resistencia, entre las cuales cabe destacar la desobediencia civil y muchas otras formas institucionalizadas de participación ciudadana”

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest