Desde Antioquia hasta Nariño: Moteros recorren Pasto por primera vez

Desde lo alto de su moto, y con la bandera de la aventura como estandarte, Jonathan Mauricio Arango e Isabella Arango emprendieron un viaje que los llevó desde su natal Guadalupe, en el norte de Antioquia, hasta el sur profundo de Colombia. En su travesía, llegaron por primera vez a la ciudad de Pasto y a distintos rincones del departamento de Nariño, un territorio que, según ellos, los sorprendió y emocionó mucho más de lo que esperaban.

Ambos fueron entrevistados por el equipo periodístico de DIARIO DEL SUR mientras recorrían las calles de la capital nariñense. A pesar de las largas horas en carretera, el cansancio no se reflejaba en sus rostros, sino una profunda alegría. “Venir a Nariño era un sueño que teníamos desde hace años. Nos habían hablado de sus paisajes, de la calidez de la gente y de sus tradiciones. Y ahora que estamos aquí, comprobamos que todo eso se queda corto. Este departamento es un verdadero tesoro escondido”, expresó Jonathan, quien ha dedicado más de una década a recorrer el país sobre su motocicleta.

Con voz llena de entusiasmo y un brillo especial en los ojos, cuenta que su historia sobre dos ruedas comenzó con una motocicleta de bajo cilindraje. “Viajábamos con lo justo, con ilusión y sin muchas comodidades. Hoy, gracias al esfuerzo y la constancia, contamos con una moto grande que nos ha llevado a muchos lugares de Colombia. Cada viaje es una lección, y este, sin duda, ha sido uno de los más especiales. Soy afortunado de poder visitar el departamento de Nariño, de conocer Pasto y de encontrarme con personas tan amables y acogedoras. Los pastusos nos han tratado muy bien”, dijo con emoción.

Pero no solo los paisajes de verdes intensos, las montañas imponentes y las imponentes iglesias los cautivaron. Uno de los destinos que más esperaban conocer era el Santuario de Las Lajas, una joya arquitectónica enclavada en un cañón que les dejó sin palabras. “Es una obra que parece de otro mundo. Majestuosa, serena y llena de espiritualidad. Estar ahí fue un momento muy especial para nosotros”, contó Isabella, mientras mostraba fotos del lugar en su celular.

Además del encanto visual y espiritual de Nariño, Jonathan e Isabella destacan el valor humano que han encontrado. “Lo más significativo para nosotros no es solo ver lugares bonitos, sino conocer a las personas. Compartir, conversar, entender cómo viven, qué los hace felices, cuáles son sus luchas y tradiciones. Venimos con la mente abierta a aprender, a absorber nuevas formas de ver el mundo, y la cultura de los pastusos ha sido una grata sorpresa”, explicó Jonathan.

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Uno de los aspectos que más disfrutaron fue, sin duda, la gastronomía. “Ya probamos el cuy y los helados de paila, y quedamos encantados. Son sabores que no se encuentran en otras partes del país. La manera como se prepara cada plato, el cariño con que lo sirven, eso también hace parte de la experiencia. Y no solo la comida típica, también la panadería, el café, todo tiene un sabor especial”, señaló Isabella.

Aunque apenas llevan unas horas en Pasto, ya se sienten profundamente conectados con la ciudad y su gente. Su plan es seguir explorando, pero tienen claro que Nariño se ha ganado un lugar especial en su corazón. “Recomendamos mil por ciento venir a Pasto y al departamento de Nariño. Es un lugar increíble. La gente, la comida, la cultura, todo ha sido hermoso. Y sin duda alguna, vamos a regresar. Esto no es una despedida, es apenas un ‘hasta pronto’”, concluyó Jonathan con una sonrisa. Con su moto como compañera fiel y su espíritu aventurero como guía, esta pareja antioqueña demuestra que el verdadero viaje no es solo geográfico, sino también emocional y cultural. Su paso por Nariño es una muestra de cómo los caminos pueden unir mundos distintos y dejar huellas imborrables en quienes se atreven a recorrerlos con el corazón abierto.