Un derrumbe ocurrido en una mina artesanal de oro en Zamboye, en el oeste de la República Centroafricana, provocó una tragedia de grandes proporciones. Las primeras informaciones apuntaron a más de 100 fallecidos, mientras que el Gobierno elevó el balance oficial provisional a 49 muertos. Las labores de rescate continúan en medio de dificultades y todavía existen personas cuyo paradero no ha podido ser determinado.
Una tragedia volvió a poner bajo la lupa las condiciones en las que miles de personas trabajan en la minería artesanal de oro en África Central. El pasado 18 de agosto de 2026, un deslizamiento de tierra provocó el colapso de una explotación aurífera artesanal situada en Zamboye, en la prefectura de Nana-Mambéré, en el oeste de la República Centroafricana, muy cerca de la frontera con Camerún.
El accidente ocurrió en una zona minera próxima al río Kadei y a unos 50 kilómetros de Baboua, una localidad situada en las proximidades de la frontera. El derrumbe sepultó a trabajadores que se encontraban en el interior y en las inmediaciones de la explotación, generando una operación de rescate marcada por la falta de maquinaria especializada, las lluvias y el riesgo de nuevos desprendimientos.
Las primeras informaciones difundidas después del desastre hablaban de más de 100 personas fallecidas. Un funcionario de una asociación minera local informó inicialmente de esa cifra, mientras voluntarios de la Cruz Roja y autoridades locales advertían que todavía había personas bajo los escombros. Incluso análisis posteriores de imágenes y reportes locales situaron el número de víctimas por encima de un centenar.
Sin embargo, el Gobierno de la República Centroafricana presentó posteriormente una cifra oficial provisional considerablemente menor. El ministro de Minas, Rufin Benam-Beltoungou, informó de 49 fallecidos, entre ellos ciudadanos centroafricanos, cameruneses y chadianos. La diferencia entre ambos balances refleja las dificultades que existen para contabilizar a las víctimas en una explotación remota y parcialmente colapsada.
¿Qué ocurrió en la mina de Zamboye?
De acuerdo con las autoridades y los reportes de organismos de socorro, el desastre se produjo cuando varias estructuras de la explotación minera cedieron y un deslizamiento arrastró tierra y material hacia las zonas donde trabajaban los mineros.
Las investigaciones preliminares apuntan al colapso de varios túneles y sectores excavados de manera artesanal. Las imágenes difundidas posteriormente muestran cómo una gran cantidad de tierra se desplaza de manera repentina dentro del área minera, alcanzando a trabajadores que se encontraban en el lugar.
La situación se volvió especialmente peligrosa porque el terreno continuaba inestable después del primer derrumbe. Las lluvias también complicaron las labores de recuperación, debido a la acumulación de agua y barro en las zonas inferiores de la mina.
El 21 de agosto, los equipos de rescate todavía intentaban localizar y recuperar víctimas. La cantidad exacta de personas que permanecían desaparecidas no estaba establecida, lo que explica en parte la diferencia entre las cifras divulgadas por fuentes locales y el balance provisional del Gobierno.
Un balance de víctimas que todavía no está cerrado
La cifra de muertos se convirtió en uno de los principales puntos de incertidumbre después de la tragedia.
En las primeras horas, los equipos locales habían recuperado varias decenas de cuerpos. Para el 19 de agosto, voluntarios de la Cruz Roja y representantes locales ya hablaban de más de 100 fallecidos, mientras algunos trabajadores permanecían atrapados o desaparecidos. Associated Press también informó inicialmente de un balance superior a 100 muertos y señaló que el número podía aumentar.
No obstante, el Ministerio de Minas proporcionó posteriormente un balance oficial provisional de 49 víctimas mortales. Según la información transmitida por AFP, el ministro indicó que entre los fallecidos había 34 centroafricanos, 13 cameruneses y dos chadianos. Siete personas heridas habían sido trasladadas a un hospital de Baboua.
La discrepancia no significa necesariamente que alguno de los reportes sea falso. En este tipo de accidentes, la identificación y recuperación de los cuerpos puede tardar varios días, especialmente cuando se trata de explotaciones artesanales sin planos precisos de los túneles y con zonas que continúan en riesgo de derrumbe.
Por esa razón, las autoridades mantienen abierta la investigación y las operaciones de recuperación.
La mina fue cerrada después de la tragedia
Tras visitar el lugar, el Ministerio de Minas ordenó la suspensión temporal de las actividades en la explotación de Zamboye.
El cierre busca impedir que más trabajadores ingresen a una zona que todavía presenta riesgos estructurales. También se desplegaron efectivos de seguridad para restringir el acceso al sitio mientras avanzan las labores de rescate y las investigaciones.
La decisión también abre un debate sobre las condiciones en las que operan numerosas explotaciones artesanales de la República Centroafricana y sobre el nivel de supervisión que existe en zonas mineras alejadas de los principales centros urbanos.
La fiscalía de Baboua abrió una investigación para determinar cómo se produjo el derrumbe, quién estaba a cargo de la explotación, quiénes trabajaban en ella y si existieron posibles responsabilidades penales. Entre las cuestiones que deberán establecerse está también si las actividades mineras cumplían con las autorizaciones y condiciones previstas por la legislación nacional.
¿Por qué es tan peligrosa la minería artesanal?
La tragedia de Zamboye no constituye un hecho aislado.
La República Centroafricana posee importantes recursos de oro y diamantes, pero una parte significativa de su producción procede de explotaciones artesanales y de pequeña escala. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, en 2024 el oro y los diamantes representaron conjuntamente alrededor del 36,3 % del valor de las exportaciones de bienes del país, mientras que el oro por sí solo representó aproximadamente el 25,7 %.
El problema es que muchas personas trabajan en condiciones precarias y sin el equipamiento que normalmente se exigiría en una explotación minera industrial.
Informes sobre las condiciones laborales del país han documentado la existencia de pozos y excavaciones susceptibles de colapsar, además de la falta de equipos adecuados de protección. La falta de inspectores y las dificultades para controlar las zonas mineras remotas dificultan todavía más la aplicación de las normas de seguridad.
En una mina artesanal, los trabajadores pueden excavar utilizando herramientas manuales y construir túneles sin contar necesariamente con sistemas de sostenimiento capaces de soportar grandes cantidades de tierra y roca.
Cuando se combinan esas condiciones con lluvias intensas, saturación del suelo, excavaciones profundas y falta de estudios geotécnicos, el riesgo de deslizamientos y derrumbes aumenta considerablemente.
La minería artesanal no siempre significa minería ilegal
Uno de los aspectos que debe diferenciarse al abordar esta tragedia es que minería artesanal y minería ilegal no son exactamente lo mismo.
La minería artesanal puede ser legal cuando los trabajadores, cooperativas o empresas cumplen con los requisitos establecidos por la legislación nacional y cuentan con las autorizaciones correspondientes.
El marco minero centroafricano fue actualizado mediante el Código Minero de 2024, que contempla mecanismos de autorización para los mineros artesanales, cooperativas y zonas destinadas específicamente a este tipo de explotación. Las normas buscan, entre otras cosas, formalizar el sector y mejorar el control de la cadena de producción.
Sin embargo, también existen explotaciones que funcionan al margen de esas disposiciones.
La investigación sobre el sector minero del país ha señalado problemas relacionados con la informalidad, el contrabando y la dificultad del Estado para controlar áreas remotas. En determinadas zonas fronterizas, el oro puede terminar saliendo del país a través de rutas informales, dificultando tanto la recaudación fiscal como la supervisión de las condiciones laborales.
En el caso de Zamboye, distintos medios han descrito la explotación como informal o ilegal, mientras que las autoridades investigan precisamente si existieron incumplimientos de las normas mineras.
Por eso, lo más preciso es hablar de una mina artesanal que está siendo investigada por posibles irregularidades, en lugar de asumir automáticamente que toda la minería artesanal es ilegal.
Un problema que cruza la frontera con Camerún
La ubicación de Zamboye es especialmente relevante.
La mina se encuentra en una zona próxima a la frontera con Camerún, y entre las víctimas identificadas por las autoridades existen ciudadanos de ambos países, además de ciudadanos de Chad.
La actividad minera artesanal en esta región no está limitada por las fronteras políticas. Los trabajadores, compradores y comerciantes se desplazan entre diferentes comunidades, mientras que el oro puede seguir rutas comerciales transfronterizas.
Un informe de Naciones Unidas sobre la República Centroafricana ha documentado redes de extracción y comercialización ilícita de oro en zonas próximas a la frontera con Camerún. El documento describe casos en los que el mineral extraído de manera ilegal no era declarado oficialmente y era transportado hacia territorio camerunés antes de incorporarse a otras rutas comerciales.
Esto convierte a la minería en un asunto que no solamente tiene consecuencias económicas y ambientales, sino también de seguridad, control fronterizo y gobernanza regional.
La pobreza mantiene a miles de personas en las minas
Detrás de muchos de estos accidentes existe un problema económico más profundo.
Para numerosos trabajadores, la minería artesanal representa una de las pocas posibilidades disponibles para obtener ingresos. La falta de empleo formal y las condiciones de pobreza empujan a comunidades enteras hacia zonas mineras donde los riesgos pueden ser conocidos, pero las alternativas económicas son escasas.
Durante las primeras horas posteriores al derrumbe, miembros de la comunidad de Zamboye describieron a las víctimas como hombres y mujeres jóvenes que acudían a las minas para intentar obtener ingresos y mantener a sus familias.
Esto explica por qué simplemente cerrar una mina después de un accidente no necesariamente resuelve el problema.
Si los trabajadores no cuentan con otras fuentes de ingresos, existe el riesgo de que la actividad se traslade a otra zona y continúe bajo condiciones similares.
Por ello, organismos especializados en la formalización de la minería artesanal han planteado la necesidad de combinar controles, licencias, capacitación, equipos de seguridad, mecanismos de comercialización legal y alternativas económicas para las comunidades.
Un historial de accidentes mineros
La tragedia de Zamboye se suma a una serie de accidentes relacionados con la minería artesanal en la República Centroafricana.
Associated Press ha señalado que los derrumbes en explotaciones artesanales son relativamente frecuentes en el país debido a las condiciones de trabajo y a la falta de protección adecuada. Miles de personas participan en actividades mineras de pequeña escala, muchas veces sin acceso a sistemas profesionales de seguridad o rescate.
La situación tampoco es exclusiva de la República Centroafricana.
En distintos países africanos, la extracción artesanal de oro constituye una importante fuente de ingresos, pero las excavaciones informales, la falta de regulación y el uso de maquinaria o métodos improvisados pueden convertir los yacimientos en lugares extremadamente peligrosos.
El desafío consiste en evitar que la respuesta se limite a cerrar temporalmente los sitios después de que ocurre una tragedia.
También existen riesgos ambientales
La seguridad de los trabajadores no es el único problema asociado con la minería artesanal.
La extracción de oro puede generar contaminación del suelo y del agua cuando se utilizan sustancias químicas peligrosas para separar el metal del mineral. Informes sobre la República Centroafricana han documentado el uso de mercurio y cianuro en determinadas actividades de extracción, con posibles consecuencias para la salud humana y los ecosistemas.
La deforestación y la modificación del terreno también pueden alterar los ecosistemas cercanos a las explotaciones.
Por ello, la formalización del sector no solamente tiene como objetivo recaudar impuestos o controlar el comercio de oro. También busca establecer condiciones mínimas de seguridad y reducir los impactos ambientales asociados con la extracción.
¿Qué sigue después del derrumbe?
Las autoridades centroafricanas deberán determinar ahora las circunstancias exactas del accidente y establecer si la explotación contaba con las autorizaciones necesarias.
La investigación tendrá que responder varias preguntas: cuántas personas se encontraban realmente trabajando en el lugar cuando ocurrió el derrumbe, cuántas continúan desaparecidas, qué estructuras colapsaron, si existían sistemas de sostenimiento y cuáles eran las condiciones de seguridad de la explotación.
También será necesario determinar por qué las personas permanecían en determinadas áreas cuando se produjo el deslizamiento y si existieron advertencias previas relacionadas con la estabilidad del terreno.
Mientras tanto, las operaciones de recuperación continúan condicionadas por el peligro de nuevos derrumbes y por la ausencia de suficiente maquinaria especializada.
Una tragedia que vuelve a poner el foco sobre la minería ilegal en África
El desastre de Zamboye representa mucho más que un accidente aislado.
La muerte de decenas de trabajadores evidencia los riesgos que enfrentan las comunidades que dependen de la extracción artesanal de recursos naturales en regiones donde la pobreza, el desempleo, la informalidad y la debilidad institucional se combinan.
La República Centroafricana cuenta con legislación destinada a formalizar la minería artesanal, pero la existencia de extensas zonas remotas y fronterizas hace difícil garantizar que todas las explotaciones cumplan las normas. Las propias autoridades reconocen desafíos relacionados con la accesibilidad de los sitios mineros y el control de las rutas de comercio.
La tragedia también demuestra la importancia de contar con sistemas de emergencia capaces de actuar rápidamente cuando ocurre un derrumbe. En Zamboye, los equipos de rescate se encontraron con una estructura inestable, lluvias y recursos limitados, mientras las familias esperaban noticias de sus seres queridos.
A fecha del 21 de agosto de 2026, el balance definitivo todavía no está completamente establecido. El Gobierno mantiene un registro provisional de 49 fallecidos, mientras fuentes locales han reportado cifras superiores a 100 y continúan las labores de búsqueda.
Lo que sí está confirmado es la magnitud de la tragedia y el hecho de que el derrumbe volvió a revelar una problemática que va mucho más allá de una sola mina: la necesidad de mejorar la seguridad, la supervisión y la formalización de la minería artesanal para evitar que la búsqueda de oro termine convirtiéndose, una vez más, en una sentencia de muerte para quienes dependen de ella.




