Carlos Gallardo
Uno de las problemáticas que cada día aumenta en nuestro entorno y nuestra sociedad es, desafortunadamente, que existen más personas que atentan en contra de sus propias vidas, por diferentes situaciones que afrontan y que creen jamás van a poder superar y toman la fatal decisión de suicidarse, dejando a sus familiares, amigos y allegados con un dolor que dura para toda la vida.
Personalmente jamás he tenido un pensamiento suicida, pero si tengo amigos que han tomado esa absurda decisión de atentar en contra de sus propias vidas y otros que han intentado, pero que, dando gracias a Dios, aún están con nosotros y espero que estos caigan en cuenta de lo hermosa que es la vida y que, sin importar las dificultades y los problemas, todo en esta vida tiene solución menos la muerte.
Recuerden que existen millones de personas luchando día a día por su vida en los hospitales y no es justo que tu teniéndolo todo pienses en el suicidio, sigue luchando contra esa depresión, esos trastornos y vence a tus demonios.
El suicidio es un tema extremadamente delicado y que lamentablemente sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. Muchas personas se ven afectadas directa o indirectamente por este acto desgarrador, ya sea por haberlo experimentado en su entorno cercano o por vivir en un mundo donde la presión, el estrés y la depresión aumentan día a día.
Es importante recordar que el suicidio no es una elección fácil ni egoísta, como a menudo se piensa. Las personas que llegan a tomar la decisión de quitarse la vida están enfrentando un sufrimiento emocional inmenso, muchas veces insoportable y sienten que no tienen otra salida para acabar con su dolor. Es vital que rompamos con los estigmas y prejuicios que rodean al suicidio y que brindemos apoyo y comprensión a quienes luchan con sus demonios internos.
Es fundamental que la sociedad promueva la conciencia mental y la importancia de la salud emocional. Debemos estar dispuestos a escuchar, apoyar y acompañar a aquellos que están pasando por momentos difíciles, sin juzgar ni minimizar su sufrimiento. Es responsabilidad de todos crear un entorno seguro y compasivo donde las personas se sientan comprendidas y valoradas, sin temor al estigma o la discriminación.
El suicidio es una tragedia que deja un vacío inmenso en las vidas de quienes se van y en las de quienes quedan atrás. No podemos permitir que este problema siga creciendo en silencio. Debemos educarnos, sensibilizarnos y actuar en solidaridad para prevenir el suicidio y promover la salud mental en nuestra sociedad. Cada vida es valiosa y merece ser protegida. Juntos, podemos hacer la diferencia.

