El Deportivo Pasto llegó al segundo semestre con una reestructuración importante pero dolorosa en su plantilla. Las bajas más significativas son Andrey Estupiñán, el máximo goleador del semestre anterior que se marchó a Millonarios, y el arquero Iago Herrerín junto a jugadores de peso como José Bernal, Edwin Velasco y Johan Caicedo que también dejaron el club volcánico. Perder al delantero más efectivo del primer semestre es un golpe enorme para un equipo que ahora necesita encontrar quién asuma esa responsabilidad goleadora. Las incorporaciones para compensar esas salidas fueron Jorge Obregón, Joyce Ossa que regresa desde el Monagas de Venezuela, Jhon Méndez de vuelta desde el Real Potosí de Bolivia, Frank Martínez y Julián Quiñones que llega desde el Deportivo Cali para reforzar la defensa central.
La incorporación más llamativa y esperanzadora es Andrés Felipe Ibargüen, el extremo que pasó por Atlético Nacional, Deportes Tolima, Independiente Medellín y América de México con amplia experiencia en competencias de alto nivel. Su velocidad y capacidad de desequilibrio por las bandas son exactamente lo que Pasto necesita para recuperar la variante ofensiva que perdió con la salida de Estupiñán. Sin embargo el reto de Risueño desde la tribuna y luego desde el banco es claro: integrar rápidamente a los nuevos jugadores en el sistema de juego volcánico antes de que la racha negativa de seis partidos sin ganar se convierta en una crisis estructural que comprometa la segunda mitad del torneo.




