El Depor tiene el técnico y la cancha pero necesita encontrar la consistencia que le ha faltado en los últimos semestres
Deportivo Pasto llega al segundo semestre de 2026 con una situación que genera más preguntas que certezas a pesar de tener uno de los estadios más temidos del fútbol colombiano y un técnico que conoce perfectamente cómo sacarle partido a la altura de Ipiales. El equipo nariñense terminó el primer semestre con 34 puntos en la tabla de reclasificación, una cifra que lo mantiene en zona de competencia pero que no refleja el potencial real de un club que con la ventaja de la altura debería ser más consistente en casa y más competitivo de visitante. La derrota 3-2 ante Medellín en la primera fecha del segundo semestre mostró los mismos males de siempre: buen fútbol en momentos del partido pero falta de solidez defensiva en los instantes decisivos donde se define si un equipo gana o pierde.
Lo que más necesita mejorar el Pasto para dar el salto de calidad que su historia y su afición exigen es precisamente la consistencia que le ha faltado en los últimos dos años: el equipo nariñense tiene la capacidad de ganarle a cualquier rival en Ipiales pero luego pierde puntos ante equipos que no deberían complicarlo, una irregularidad que lo ha mantenido siempre en la mitad de la tabla sin poder pelear seriamente por los primeros lugares del torneo. La sanción de once fechas a Risueño es el peor momento posible para que ese problema se agudice porque el técnico es el principal responsable de la organización defensiva y la identidad táctica del equipo. Pasto tiene los jugadores, tiene la cancha y tiene la historia para ser un protagonista real de la Liga BetPlay, pero sin la consistencia necesaria seguirá siendo un equipo que sorprende en partidos aislados sin poder sostener ese nivel durante todo un torneo.




