La política venezolana vivió este miércoles un giro inesperado tras la destitución del general Vladimir Padrino López, quien ocupó el Ministerio de Defensa por casi doce años. Su salida fue anunciada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, poniendo fin a uno de los mandatos más prolongados en esa cartera dentro de la historia reciente de Venezuela.
Rodríguez agradeció públicamente a Padrino por su rol en la estructura militar del chavismo. “Agradecemos al G/J Vladimir Padrino López por su lealtad a la Patria y por haber sido, durante todos estos años, el primer soldado en la defensa de nuestro país”, escribió en X, indicando además que el general asumirá nuevas responsabilidades.
El relevo en el Ministerio de Defensa quedó en manos del general Gustavo González López, un oficial con amplio historial en organismos de inteligencia y actualmente sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea por acusaciones relacionadas con violaciones de derechos humanos y corrupción.
Durante más de una década, Padrino fue un actor central en la estabilidad del gobierno de Nicolás Maduro. Bajo su conducción, los militares ampliaron su influencia en áreas políticas, económicas y de seguridad, llegando a ocupar más de un tercio del gabinete ejecutivo. Su lealtad fue considerada un pilar indispensable para sostener al gobierno frente a cuestionamientos internos y externos.
Sin embargo, su figura quedó debilitada tras la operación militar estadounidense del 3 de enero, cuando fuerzas especiales de EE.UU. penetraron en Fuerte Tiuna, ingresaron a la residencia presidencial y capturaron a Maduro y a Cilia Flores sin encontrar resistencia militar significativa. Ese episodio puso en duda la capacidad operativa de la Fuerza Armada y generó críticas directas sobre la gestión de Padrino.
Tras su destitución, el general agradeció a Rodríguez señalando que servir al país había sido “el más alto honor” de su carrera militar.
Para la periodista venezolana Sebastiana Barráez, especialista en temas castrenses, la salida de Padrino marca “el fin de una era” dentro de la institución. La analista recuerda que el general fue clave en los primeros años de Maduro, cuando el nuevo presidente no contaba con el respaldo militar que sí tenía Hugo Chávez. Padrino contribuyó a cohesionar a los diferentes grupos internos y consolidó la alineación ideológica de la Fuerza Armada con la revolución bolivariana.
Según Barráez, uno de los factores que permitió su larga permanencia en el cargo fue su estrecha relación con Rusia y particularmente con el presidente Vladimir Putin, vínculo que habría favorecido su peso político dentro del chavismo. No obstante, tras la caída de Maduro, ese respaldo ya no tendría la misma utilidad para el nuevo gobierno.
La analista sostiene que para Estados Unidos, que busca mayor influencia sobre la Fuerza Armada venezolana bajo la administración de Donald Trump, Padrino representaba un obstáculo para ese objetivo.
Respecto al nuevo ministro, Barráez considera que González López carece de liderazgo interno, pues su último cargo militar directo data de 2008. Desde entonces, su trayectoria ha estado ligada casi exclusivamente a funciones de inteligencia, acumulando denuncias por abusos en centros de detención como El Helicoide. Aun así, la especialista descarta que su designación provoque un levantamiento militar, dado el fuerte impacto moral que dejó la reciente operación estadounidense.
La llegada de González López podría generar incomodidad en sectores de la Fuerza Armada identificados con el chavismo histórico, pero también marca —según Barráez— el cierre definitivo del dominio ideológico de la revolución bolivariana dentro de las estructuras castrenses.
Un ministro marcado por el poder militar
La trayectoria de Padrino incluye momentos clave, como su actuación durante el golpe de Estado de abril de 2002, cuando comandaba una unidad blindada en Fuerte Tiuna que se negó a apoyar la insurrección. Más tarde, en 2012, Hugo Chávez lo ascendió a segundo comandante del Ejército y jefe del Estado Mayor, cargo desde el cual consolidó su imagen pública.
En 2013, Maduro lo promovió a general en jefe y un año después lo llevó al Ministerio de Defensa. Durante su gestión, los militares adquirieron un rol determinante en la economía: en 2016 se creó la empresa Camimpeg, con facultades para participar en actividades petroleras, y se les entregó el control del Arco Minero, una de las zonas auríferas más ricas del mundo.
Su poder creció en paralelo al de Maduro, al punto que, según el politólogo Nicmer Evans, “la Fuerza Armada era Padrino López, y Padrino López era Maduro”.
Quién es Gustavo González López
El nuevo ministro de Defensa es un militar con larga trayectoria en organismos de seguridad e inteligencia. Ha sido director del Sebin en dos periodos (2014-2018 y 2019-2024), comandante de la Milicia Bolivariana y ministro del Interior y Justicia.
La Unión Europea lo señala en documentos oficiales por hechos de detención arbitraria, tortura y tratos crueles cometidos por funcionarios bajo su mando en el centro de detención El Helicoide.
Desde enero, tras la llegada de Rodríguez a la presidencia interina, González López ejercía como jefe de la Guardia de Honor Presidencial y director de la Dgcim.




