El nombre de José Geidin Castro Chillambo, conocido en otros tiempos como ‘El Doctor’, resuena hoy en el Pacífico nariñense, pero ya no por miedo ni violencia. Durante años fue parte de la Columna Móvil Daniel Aldana de las extintas Farc, grupo al que se le atribuye la instalación de un artefacto explosivo en la Estación de Policía de Tumaco en 2011. Sin embargo, aquel hombre que un día empuñó un fusil, ahora sostiene un balón, un pincel o un libro para guiar a los jóvenes de su territorio por caminos de paz.
Dejó atrás la guerra para apostarle a la reconciliación. “He sido una persona muy reconocida, en su momento por las cosas malas que hacía, acciones que repudiaba pero que tenía que hacer. Ahora soy un firmante de paz que le apuesta a la paz”, afirmó Castro con la serenidad de quien ha aprendido a mirar su pasado sin esconderlo, pero también sin repetirlo.
Historia
Su historia es una de redención. Tras la firma del Acuerdo de Paz, decidió regresar a Tumaco, no como un excombatiente más, sino como un líder dispuesto a reparar, desde la acción comunitaria, las heridas que ayudó a causar. Hoy dedica sus días a trabajar con jóvenes y familias de barrios vulnerables, usando el arte, el deporte y la educación como herramientas de transformación social.
“Estoy sanando mi territorio por las heridas que causé cuando hacía parte de grupos armados. En este momento estoy sanando y tratando de contribuir a la sociedad”, confesó. En su voz hay un tono de reconciliación, pero también de propósito.
Sinónimo
A través de espacios de diálogo, José Geidin busca sembrar esperanza donde antes hubo miedo. Niños que apenas escucharon historias del conflicto ahora lo conocen como un mentor, un hombre que les enseña a no repetir los errores del pasado.
“Estoy aquí para reconstruir y no permitir que se reclute un niño más. Mi compromiso es con esta región que me vio crecer”, aseguró. Su mensaje ha calado hondo entre la comunidad que lo ve como un ejemplo de que el cambio es posible.
El nombre de ‘El Doctor’ sigue sonando en el Pacífico, pero esta vez como sinónimo de vida, reconciliación y segundas oportunidades. Su historia es el reflejo de una transformación que no solo busca sanar a un hombre, sino también a todo un territorio marcado por la guerra.




