Recusación masiva intenta frenar fallo sobre nulidad electoral.
Redacción Extra
El proceso de nulidad electoral contra el alcalde de Tunja, Mikhail Krasnov, ha escalado a un escenario de alta tensión institucional tras una controvertida estrategia jurídica impulsada por su apoderado, Carlos Enrique Vargas Angarita. La defensa radicó una recusación masiva contra los magistrados del Consejo de Estado, buscando apartarlos del caso bajo el argumento de presunta “enemistad legal” y falta de imparcialidad. El recurso se sustenta en una maniobra previa: días antes de la recusación, el propio Krasnov presentó una demanda contra magistrados de la Sección Quinta del alto tribunal. A partir de esta acción, la defensa argumenta que se configura un conflicto de intereses que impediría a los jueces emitir un fallo objetivo. Esta estrategia ha sido interpretada por analistas como un intento de bloquear el avance del proceso, más que de controvertir de fondo la legalidad de la elección.
Uno de los puntos más delicados del memorial es la acusación contra la magistrada Gloria María Gómez Montoya, a quien se le atribuye haber anticipado el sentido del fallo en un evento académico en Casanare en el año 2025. Sin embargo, la defensa no presentó pruebas públicas que respalden esta afirmación, lo que ha generado cuestionamientos sobre la solidez del señalamiento. Asimismo, se menciona al presidente del Consejo de Estado, Alberto Montaña Plata, por su participación en decisiones previas relacionadas con el caso. Desde la perspectiva jurídica, expertos advierten que este tipo de recusaciones en bloque podrían sentar un precedente complejo para la institucionalidad. La posibilidad de que un procesado demande previamente a los jueces para luego recusarlos podría abrir la puerta a tácticas dilatorias que afecten la independencia judicial y el normal desarrollo de los procesos. En el trasfondo, el caso sigue siendo la legalidad de la elección de Krasnov como alcalde de Tunja, proceso que se encuentra en estudio dentro de la jurisdicción contencioso-administrativa. No obstante, la actual ofensiva legal ha desplazado el foco hacia un debate más amplio sobre los límites de la defensa judicial y la estabilidad del sistema.
Mientras el Consejo de Estado evalúa la viabilidad de la recusación y define cómo proceder, el proceso entra en una fase de incertidumbre. La decisión no solo impactará el futuro político del mandatario, sino que también podría marcar un precedente clave sobre el uso de estrategias procesales en Colombia. En medio de este panorama, el caso evidencia la tensión entre el derecho a la defensa y la de preservar la confianza en las instituciones judiciales.



