Por: Ricardo Sarasty
Nos quieren convencer de que la defensa de los privilegios, que lo son en tanto se reconocen como prebendas otorgadas a ciertos grupos sociales, se hace con el fin sustancial de proteger la democracia. Comenzando porque de igual manera nos han convencido de que es natural la existencia de comunidades con más poder que otras por lo que si los integrantes de esos grupos están bien se infiere que al resto de la sociedad le debe de ir mejor. En este modo de pensar la democracia se debe de identificar un error grave consistente en la desfiguración del principio del mutualismo que induce a confundirlo con el parasitismo. Es que una de los conceptos fundamentales sobre los cuales se levanta la democracia es la valoración y fortalecimiento de la interacción entre los miembros de una comunidad que brinda igual beneficios para todos los que participan en ella. En el orden de la vida natural se conoce esta manera de relacionarse entre los diferentes elementos que la componen como una forma de simbiosis, que no es mas que un compartir de sustancias y acciones en pro de la vida de cada uno sin que implique el detrimento en algo para cualquiera de las partes, en pocas palabras, según el mutualismo el que da de igual manera y cantidad recibe.
La simbiosis así como contempla el mutualismo como una forma de relacionarse mediante el trabajo entre los diferentes miembros de una comunidad, también señala al parasitismo como otra manera de interactuar pero con degradación para una de las partes en tanto que la otra sin tener que compensar en nada recibe lo que más puede, por lo tanto no se considera benéfica. Atiendo a esta razón en el ámbito de las sociedades conformadas por los humanos y como parte de su desarrollo, cuando los griegos clásicos pensaron en la democracia como sistema de gobierno lo hicieron para proteger a los ciudadanos del parasitismo, ya que representa un peligro para la existencia sino de toda si de las partes afectadas. En tanto que mientras el mutualismo garantiza el desarrollo igual de los actores que intervienen en el intercambio de beneficios, por el contrario, en el parasitismo solo una de las partes se nutre mientras la otra sufre el menoscabo, se deteriora. Por lo que no se puede concebir que la democracia pensada como una orden social para garantizar la igualdad y la equidad contemple el parasitismo como un principio vital y por tanto deba de ser defendido y protegido por aquellos que dicen existir con el fin de obrar para ello.
Los privilegios otorgados a grupos selectos de la sociedad son más propios del parasitismo que del mutualismo y si bien en el orden natural se reconoce el parasitismo como una clase de simbiosis o de interacción entre uno y otro componente biológico, sin que se acepte. Entre humanos sí que no puede concebirse como normal. Quizá porque se confunda parasitismo con comensalismo, que también es un tipo de relación mediante la cual uno es el beneficiado sin que el otro reciba recompensa, solo que de no ser objeto de retribución alguna tampoco es sometido a perjuicios. Claro que la democracia entonces también reconoce como buenas y defiende este tipo de interacciones por lo que se habla de solidaridad. No se protege la democracia allí donde unos pocos son los favorecidos con los subsidios, las exenciones, las prórrogas, los permisos y normas hechas más por sastres que por legisladores, en tanto que se hacen a la medida de aquellos que pagan por tenerlas. Leyes que luego van a conformas un marco jurídico muy especial al cual van acudir los jueces para defender esos privilegios sin que le importe mucho la desfiguración de la democracia. ricardosarasty32@hotamil.com




