Por: Ricardo Sarasty
Mucho se ha dicho y escrito con respecto a si todo lo percibido por los sentidos se debe considerar como verdadero o falso. La discusión se ha mantenido desde cuando los seres humanos comenzaron a tratar de explicar la existencia o no existencia de las cosas que los rodeaban, cuando se avanza del conocimiento mágico al científico. Entre los pensadores más conocidos que dedicaron sus días y noches de buena parte de sus vidas están los griegos y entre ellos Aristócles o Platón para quien nada existe como realidad si antes no ha sido idea o sea un significado elaborado por la razón al cual se identifica con una palabra, para citar un ejemplo se puede decir que los ancianos pobres lo son en cuanto la razón los identifique como en la idea que se tiene de ellos en la razón. Ante este argumento que le da importancia a la idea previa sin la cual cualquier ser u objeto podría existir, se cuenta con la demostración que prioriza al objeto percibido independientemente de si se encuentra en la razón, puesto que dice que la razón no determina la existencia de las cosas, sino que tan solo las refrenda: los ancianos pobres existen como tal y no requieren de la razón para ser lo que son.
Pero ¿qué tanto Platón o Aristóteles pueden asegurar que es lo verdadero o lo falso? La confrontación entre la importancia de la idea o de lo captado por los sentidos como principios de la verdad o de la falsedad, no es solo cuestión de jueces y de ahora, la discusión trascendió a estos filósofos y a las tesis que defendieron conocidas después como empirismo e idealismo. Porque no ha sido solo un asunto de caprichos, vanidades e intereses de togados sino de serios cuestionamientos de parte de serios intelectuales ocupados en la estructuración de una moral afincada en la realidad con soportes conceptuales serios para los cuales se debe tener bien claro que existe y no es, como también lo que se niega su existencia siendo. Un motivo de reflexión y análisis para aquellos que como San Agustín o Santo Tomás, afirmaron apoyados en Platón y Aristóteles que lo existente lo es por virtud de su calidad de idea o concepto previo o, de manera más moderada, como lo explicara San Alberto Magno quenada existe sin ser la idea abstraída de los objetos. Para ellos el concepto de genocida no podría existir sin el ente al cual se identifica como tal. Mientras que, para Descartes en la modernidad, nada existe sin antes haber estado en la razón por lo que en la razón debe existir primero el concepto de genocida para que este pueda identificarse en lo concreto como tal.
Aquí entonces el mayor de los interrogantes que debe de surgir en la mente de los que escuchan noticias o leen una información a través de cualesquiera de los medios de comunicación. ¿todo cuanto se muestra y comenta en ellos existe como tal porque es lo que se tiene en la mente como o existe a partir de lo que los sentidos aprehenden de los medios e identifican luego haciéndolo corresponder con lo visto y (o) escuchado? Para el filósofo alemán Emanuel Kan el problema debe de resolverse atendiendo al punto medio que manda a no comer entero y considerar que las cosas no son en su totalidad lo que aparentan ser ante los sentidos puesto que únicamente son apreciaciones, existen, pero sin ser necesariamente lo que a los sentidos se muestran. Ir a la fuente, constatar, si se puede experimentar para luego validar o invalidar lo que los medios han mostrado, debe de ser la regla ante el deber moral de decidir. Pensar críticamente.


