DEBATES SIN FILTRO

Por Javier Recalde

La polarización actual no solo divide opiniones; está manchando el proceso democrático colombiano y generando choques que erosionan la credibilidad de nuestra institucionalidad. La confrontación verbal entre sectores ha desplazado el diálogo constructivo, dejando atrás la deliberación racional que sustenta toda república. Quien aspire al primer cargo de la Nación debe demostrar capacidad real en experiencia y conocimientos para asumir problemas en todos los frentes, sin escudarse en preferencias ideológicas. Por ello, resulta imperativo no imponer condiciones sobre lo que se pueda preguntar en un escenario público. Un debate serio exige la presencia de los principales aspirantes, pues, aunque todos tienen derecho a participar, convertirlo en una vitrina ilimitada generaría un desgaste institucional inmanejable y dispersaría el foco ciudadano.

Quienes hoy lideran las encuestas ya cuentan con un recorrido político y administrativo, pero será este último tramo electoral el que certifique, con hechos y respuestas, lo que realmente ofrecen al país. Un debate de candidatos no es opcional; es una exigencia ciudadana inaplazable. Reitero: ningún aspirante puede establecer reglas sobre el contenido de las interrogantes. La única premisa válida es la disposición de asumir cualquier pregunta, por incómoda o compleja que resulte.

La interrogación no debe quedar exclusivamente en manos de comunicadores buscando titulares inmediatos. Deben formularla la academia, los gremios productivos, sectores políticos definidos como el Congreso, la Federación Colombiana de Municipios, la Federación de Departamentos y las universidades públicas y privadas. Esta estructura garantiza preguntas técnicas, estratégicas y representativas de los territorios. Cada región enfrenta realidades distintas que exigen soluciones contextualizadas. La participación debe ser amplia y abarcar la economía, lo social, la salud, la vivienda, la infraestructura y la seguridad; temas transversales que dejarían a la ciudadanía sin brújula para votar.

La historia nos juzgará por la madurez cívica que demostremos en las urnas. Cuando el escrutinio público se filtra por intereses particulares, la ciudadanía paga el precio con retrocesos estructurales. Por ello, la transparencia debe ser el eje central de cada intervención. No aceptemos excusas ni evasivas diplomáticas. El diálogo constructivo exige valentía intelectual y responsabilidad histórica frente a las generaciones venideras siempre con claridad.

Invitamos a figuras como Paloma Valencia, Iván Cepeda, Abelardo De la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López a mirar más allá de la coyuntura y atender las proyecciones reales de Colombia. Somos un territorio bendecido con recursos naturales, pero nuestro verdadero capital humano reside en una población con capacidad técnica, resiliente y dispuesta a sacar adelante el proyecto nacional. El futuro no se construye con improvisación, requiere planeación rigurosa y compromiso genuino.  Exijamos debates sin condiciones, preguntas sin censura y candidatos que acepten el escrutinio con altura, ética y respeto. Solo así recuperaremos la confianza en las instituciones.

Por: Javier Recalde Martínez.

javierecalde.jrm@gmail.com  

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