El retiro de biopolímeros exige un abordaje médico meticuloso. No se trata de “sacar un relleno”, sino de intervenir un tejido que, muchas veces, está inflamado, fibrosado o comprometido por la presencia de un material extraño. Para el cirujano plástico Juan Carlos Torres del Río, el camino seguro es seguir un protocolo clínico claro: “Cuando el paciente entiende cada etapa —evaluación, imágenes, cirugía, recuperación y seguimiento— se reducen expectativas irreales y se toman decisiones con responsabilidad”, señala.
Torres del Río es médico cirujano, especialista en Cirugía Plástica, con formación en la Pontificia Universidad Católica PUCRS de Brasil y entrenamiento adicional en Europa mediante postgrados y fellowships en Cirugía Estética, Reparadora y Microcirugía en la Universidad de París (Francia). Realizó su pregrado en la Universidad del Norte (Barranquilla, Colombia). Es miembro activo de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y de la Sociedad Brasilera de Cirugía Plástica, además de autor de publicaciones especializadas.
El proceso inicia con una valoración médica integral: antecedentes del procedimiento, tiempo de evolución, síntomas (dolor, endurecimiento, edema, cambios de coloración, deformidades), así como un examen físico detallado. “La consulta define el punto de partida. Hay pacientes con material localizado y otros con migración o compromiso profundo; no se pueden tratar igual”, explica.
Luego vienen las imágenes diagnósticas, que permiten delimitar extensión y ubicación del material y planear con precisión. “Las imágenes son un mapa. Ayudan a decidir el tipo de abordaje y a reducir sorpresas en quirófano”, advierte el especialista.
En la cirugía, el objetivo es retirar la mayor cantidad posible de material dentro de límites seguros, manejar fibrosis y proteger piel, vasos y nervios. Torres del Río enfatiza que no siempre es viable “retirar el 100%” sin riesgo: “La prioridad es la salud del tejido y la seguridad del paciente. La cirugía responsable es la que evita daños mayores”.
La recuperación incluye control de inflamación, manejo de heridas, reposo guiado y medidas indicadas por el cirujano. “El tejido necesita tiempo. Hay que entender que la mejoría es progresiva y que el posoperatorio es parte del tratamiento”, puntualiza.
Por último, el seguimiento sostiene el resultado: controles periódicos, detección temprana de complicaciones y, cuando corresponde, planificación de etapas adicionales reconstructivas. “En biopolímeros, el acompañamiento médico es tan importante como la cirugía”, concluye.
Con amplia experiencia clínica y reconocimiento nacional, Juan Carlos Torres del Río insiste en que el retiro de biopolímeros debe verse como un proceso médico completo, no como una solución inmediata.




