Este jueves 22 de enero de 2026, las autoridades de tránsito y movilidad de Cundinamarca analizan detalladamente las estadísticas de siniestralidad vial de la temporada de fin de año recién concluida y refuerzan las estrategias de prevención, control y educación vial para reducir los alarmantes índices de accidentalidad que continúan cobrando vidas y generando lesiones graves en las carreteras del departamento, a pesar de los importantes avances logrados durante 2024 cuando Cundinamarca lideró a nivel nacional la reducción de muertes por accidentes de tránsito.
Según el balance oficial presentado por el gobernador Jorge Emilio Rey, entre el 7 de diciembre de 2025 y el 12 de enero de 2026 se movilizaron más de 9,6 millones de vehículos por la región, registrando un pico de mayor tráfico en la celebración de Año Nuevo. Este volumen extraordinario de vehículos circulando simultáneamente por las vías departamentales, aunque esperado y planificado por las autoridades, inevitablemente incrementa los riesgos de siniestralidad vial debido a la congestión, el cansancio de conductores, las imprudencias relacionadas con consumo de alcohol, el exceso de velocidad y otros factores de riesgo que se intensifican durante periodos festivos.
Durante la temporada decembrina, corredores como la autopista Norte, carrera Séptima y calle 80 mantuvieron velocidades superiores a los 55 kilómetros por hora, mientras que la autopista Sur, la vía a La Calera y la salida a Villavicencio representaron los mayores retos operativos debido a la alta demanda y las obras en curso. Estas dificultades de movilidad no solo generan frustración y retrasos para los viajeros sino que también incrementan la probabilidad de comportamientos riesgosos como adelantamientos indebidos, invasión del carril contrario, conducción agresiva y exceso de velocidad cuando finalmente encuentran tramos despejados.
El trabajo preventivo desarrollado por las autoridades durante la temporada fue intensivo y coordinado. El control operativo interinstitucional, adelantado por la Secretaría de Movilidad de Cundinamarca, la Alcaldía de Soacha y la Policía de Tránsito, priorizó la prevención y la sensibilización. Fue así como las autoridades tuvieron contacto con más de 1.839 personas con quienes promovieron mensajes sobre seguridad vial. Estas jornadas pedagógicas, aunque no tienen el impacto inmediato y visible de los comparendos o las inmovilizaciones, son fundamentales para generar cambios culturales sostenibles en el comportamiento vial.
Sin embargo, cuando la pedagogía no es suficiente, las autoridades deben ejercer su función sancionatoria. Producto de esa vigilancia y del trabajo articulado, se impusieron 214 comparendos y 39 inmovilizaciones por diferentes motivos. La ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, señaló que las infracciones que más aumentaron fueron las relacionadas con no tener la licencia de conducción vigente y el exceso de velocidad, dos comportamientos que reflejan irresponsabilidad grave por parte de algunos conductores que ponen en riesgo su vida y la de los demás usuarios de la vía.
A pesar de estos esfuerzos preventivos y de control, la temporada dejó un saldo preocupante de más de 80 víctimas entre fallecidos y lesionados graves en siniestros viales, cifra que aunque podría haber sido peor sin las intervenciones realizadas, sigue siendo inaceptablemente alta y demuestra que aún falta mucho camino por recorrer en la construcción de una cultura de seguridad vial en Cundinamarca.
Los motociclistas continúan siendo el grupo más vulnerable y afectado por la siniestralidad vial. Las estadísticas históricas del departamento muestran que este actor vial representa consistentemente más del 50% de las víctimas fatales en accidentes de tránsito, proporción que se explica por múltiples factores: la mayor vulnerabilidad física de quien circula en motocicleta sin la protección de una carrocería, la inexperiencia y falta de formación adecuada de muchos motociclistas especialmente jóvenes, el uso inadecuado o ausencia de elementos de protección personal (casco, chaqueta con protecciones, guantes, botas), comportamientos temerarios como circular a alta velocidad entre carriles, y la invisibilidad relativa de las motocicletas para conductores de vehículos más grandes.
Ante este panorama, la Gobernación de Cundinamarca ha anunciado el reforzamiento de su estrategia integral «Vías para la Vida» que aborda la seguridad vial desde múltiples frentes simultáneos basándose en el enfoque de Sistema Seguro recomendado internacionalmente. Este enfoque reconoce que los accidentes de tránsito no son «accidentes» causales e inevitables sino eventos predecibles y prevenibles que resultan de la interacción de múltiples factores relacionados con infraestructura vial deficiente, vehículos inseguros, comportamientos riesgosos de usuarios, velocidades inadecuadas y sistemas de atención de emergencias insuficientes.
Las acciones concretas que se están implementando incluyen: intervención de puntos críticos de alta siniestralidad con mejoras de infraestructura (señalización, iluminación, reductores de velocidad, ampliación de curvas peligrosas), campañas educativas intensivas en instituciones educativas y comunidades, controles de alcoholemia y velocidad especialmente en fines de semana y horarios nocturnos cuando se concentran los siniestros más graves, mejoramiento de tiempos de respuesta de servicios de emergencia, y fortalecimiento institucional del cuerpo de agentes de tránsito con más personal, mejor capacitación y equipos tecnológicos modernos.
El gobernador Jorge Emilio Rey reiteró el compromiso gubernamental de continuar trabajando intensamente para reducir la siniestralidad vial que cada año cobra más de 687 vidas en Cundinamarca, cifra que calificó como «una pandemia silenciosa» que debe combatirse con la misma determinación y recursos que se dedican a otras amenazas de salud pública. El objetivo gubernamental es ambicioso pero alcanzable: reducir en al menos 50% los fallecimientos y lesiones graves por siniestros viales durante el periodo 2025-2036, meta que requiere esfuerzo sostenido, inversión significativa, coordinación interinstitucional efectiva, y sobre todo, cambio cultural profundo en los comportamientos y actitudes de todos los actores viales.




