Elegir un jardín también es elegir a quién confiar nuestros hijos
Dejar a un niño en un jardín infantil representa una decisión de confianza. Padres, madres y cuidadores esperan que allí reciba educación, afecto, alimentación y protección. Sin embargo, esa confianza debe acompañarse de responsabilidad y vigilancia.
Antes de matricular a un niño, es importante conocer las instalaciones, verificar la experiencia y formación del personal, preguntar por los protocolos de protección y conocer quiénes tienen contacto directo con los menores. También conviene revisar las referencias de la institución y mantener una comunicación permanente con los docentes.
La prevención comienza mucho antes de que aparezca una señal de alerta.
Escuchar a los niños puede prevenir el abuso
Los niños necesitan saber que pueden hablar con los adultos de confianza cuando algo les incomoda, les genera miedo o les causa dolor. Por eso, debemos enseñarles desde temprana edad que nadie tiene derecho a tocar sus partes íntimas, pedirles que guarden secretos que los hagan sentir mal o amenazarlos para impedir que cuenten lo ocurrido.
Además, debemos escuchar sin juzgar. Un cambio repentino de comportamiento, miedo hacia una persona determinada, alteraciones del sueño, aislamiento o rechazo inexplicable a asistir al jardín pueden requerir atención. Estas señales no demuestran por sí solas que exista abuso, pero sí justifican una conversación cuidadosa y, cuando corresponda, una valoración profesional.
¿Cómo actuar frente a una posible situación de abuso?
Si un niño cuenta que alguien lo lastimó o tuvo un comportamiento inapropiado, el adulto debe mantener la calma, escucharlo y evitar preguntas que puedan inducir respuestas. Frases como “te creo”, “hiciste bien en contármelo” y “no es tu culpa” pueden ayudar a darle seguridad.
No debemos confrontar al presunto agresor ni intentar investigar por cuenta propia. Lo prioritario es proteger al menor y acudir a las autoridades y entidades competentes para activar la ruta de protección correspondiente.
En Colombia, ante una sospecha o conocimiento de violencia contra un niño, se puede acudir al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la Policía, la Fiscalía o los servicios de salud.
La protección es una responsabilidad de todos
Finalmente, prevenir el abuso infantil exige una alianza entre familias, jardines, instituciones educativas y autoridades. Los adultos debemos preguntar, observar, escuchar y actuar cuando exista una señal de alarma.
Proteger a nuestros niños no significa vivir con miedo. Significa crear entornos seguros donde puedan crecer, aprender y expresarse con confianza. La mejor herramienta frente al abuso infantil sigue siendo una comunidad adulta atenta, responsable y dispuesta a actuar.



