Un nuevo apagón nacional volvió a dejar a Cuba a oscuras este fin de semana, provocando protestas espontáneas en distintos puntos del país, donde ciudadanos hicieron sonar sus cacerolas en señal de descontento.
La interrupción del servicio eléctrico se produjo tras una falla en una central termoeléctrica que generó un colapso en cadena del sistema energético nacional. Se trata del segundo apagón general en menos de una semana, en un contexto de creciente fragilidad de la infraestructura eléctrica.
En barrios de La Habana, como El Vedado, vecinos salieron a sus balcones y calles para realizar cacerolazos, una forma de protesta que se ha vuelto cada vez más frecuente frente a los prolongados cortes de electricidad y el deterioro de las condiciones de vida.
La crisis energética en la isla se ha agudizado en los últimos meses. En varias regiones, los cortes de luz pueden extenderse durante gran parte del día, afectando tanto a hogares como a actividades económicas.
Especialistas señalan que el sistema eléctrico cubano enfrenta problemas estructurales, entre ellos el envejecimiento de las plantas generadoras, la escasez de combustible y las limitaciones financieras para realizar mantenimiento e inversiones.
El aumento de los apagones ha comenzado a traducirse en mayores expresiones de malestar social, en un país que atraviesa una de las situaciones económicas más complejas de las últimas décadas.



