Cuando un hermano se va

P. Narciso Obando.

Con tristeza, nostalgia y dolor humano despedimos a un hermano de sangre: Marino Obando López. Momentos difíciles que hemos vivido la familia Obando López en estos tiempos de pandemia, pero al mismo tiempo sobrellevados con entereza y llenos de esperanza, con la compañía y la grandeza de Dios en nuestros corazones.

Todos en algún momento sufrimos la pérdida de un ser querido y nos resulta difícil aceptar que esa persona, con quien compartimos tantos momentos y a quien confiamos tantas cosas, ya no estará más con nosotros. Aunque su muerte nos entristezca el alma y nos deje un inmenso vacío, debemos seguir adelante y recordarlo siempre con alegría. Dios dispone hasta qué momento vive el ser humano, de modo que solo debemos acatar su voluntad y saber que el cielo es el espacio deseado por todos aquí en la Tierra.

La presencia de Dios y María Santísima han sido y serán siempre nuestra mayor fortaleza y paz en este caminar por la vida. Al mismo tiempo nos dice en lo más profundo de nuestro ser, que con la muerte no se acaba la vida, es la confianza en el inicio de una mejor vida, porque con la muerte la vida se transforma y alcanza la gran ciudad de Dios.

Marino, mi hermano, ha muerto en la paz de Cristo. Ahora vive en el cielo y su recuerdo vivirá profundamente en nuestros corazones. Se fue ese hombre noble, trabajador incansable, lleno de valores y virtudes y sobre todo servicial. Nunca dejó de ayudar sin excepción. Un hombre bueno y humilde. El cielo ha ganado con su presencia. Dios seguramente necesitaba un tallador de calidad.

Somos conscientes que la mejor vida, no es la que vivimos en este mundo terrenal, la mejor vida está en cielo. Esta vida terrena es simplemente una etapa de calentamiento y preparación para alcanzar y conocer cara a cara a Dios y la grandeza de la corte Celestial.

Hermano querido, nos dejas un gran vacío y destrozado el corazón, y nos cuesta aceptar que ya no estarás más a nuestro lado. Tu recuerdo vive en nuestros corazones, tu bondadosa personalidad siempre estará presente en cada uno de nosotros.

Su cuerpo se convierte en polvo, su espíritu vuelve a Dios, que es quien se lo dio y de seguro que estará junto al Creador, luego que siguió sus huellas en su viaje pasajero por este mundo.

Hermano, hoy sé que estás al lado de Nuestro Señor Jesucristo y sé que desde ahí nos cuidas de todo mal. Señor mío, té que eres todopoderoso te doy las gracias por darme un hermano como lo fue Marino, sé que tienes otro propósito para él, ya que decidiste llevártelo, justa es tu palabra señor y a pesar que nos hará mucha falta, nos queda la ilusión de que algún día nos volveremos a ver en tu Reino.

Nuestra familia agradece a todas las personas y familias que estuvieron presentes, con sus mensajes llenos de nobles sentimientos y solidaridad, de oraciones que fortalecen la vida. Muchas gracias por todo el apoyo y palabras de sentido pésame y condolencia. Que la Divina Misericordia los colme de muchas bendiciones.

Por: Narciso Obando López, Pbro.

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