CUANDO LA POLARIZACIÓN SE CONVIERTE EN ESTRATEGIA

Con el inicio formal de las campañas electorales, Colombia vuelve a caer en la trampa de la polarización extrema entre izquierda y derecha. Más que un debate de ideas, vemos una guerra de narrativas donde cada sector político, en su afán desesperado por alcanzar el poder, construye su discurso sobre los supuestos errores del otro. Este juego retórico no solo agota al ciudadano, sino que erosiona la posibilidad de un diálogo democrático genuino.

El actual gobierno tuvo y tiene aún una oportunidad histórica para elevar el nombre de la izquierda con propuestas serias, coherentes y, sobre todo, institucionales. Sin duda, el presidente Gustavo Petro ha logrado algunos aciertos, pero también ha desdibujado la institucionalidad con decisiones que parecen más impulsadas por la urgencia ideológica que por el interés nacional. Y es justamente ahí donde muchos de nosotros, independientes de la ideología, nos distanciamos: no se trata de oponerse al cambio, sino de exigir que cualquier reforma o transformación se construya con concertación, no con imposición.

La Constitución Política de 1991 nació de la famosa Séptima Papeleta, un mecanismo ciudadano surgido en medio de una crisis profunda, con un propósito claro: refundar el país desde la participación y la paz. Hoy, sin embargo, se invoca la posibilidad de una nueva Asamblea Constituyente no como un acto de soberanía popular, sino como una amenaza implícita, como una moneda de cambio para asegurar una victoria electoral. Eso no honra el espíritu del ’91; lo instrumentaliza.

Las cartas ya están sobre la mesa, y los verdaderos jugadores somos nosotros: el pueblo colombiano. Cansado de debates maquiavélicos, de discursos que manipulan más que  de informar, de candidatos que prometen el cielo mientras siembran división. Exigimos transparencia, respeto y, sobre todo, verdad. La verdad incómoda, sí, pero sin disfraces retóricos.

Llama profundamente la atención que un gobierno que se autodenomina del “cambio” sea uno de los que más ha promovido alianzas tácticas y maniobras políticas cuestionables, aquellas que, en el pasado, tanto criticó. La coherencia debe ser bandera de quienes aspiran a gobernar, no solo en el discurso, sino en los hechos.

En esta nueva contienda electoral, el reto no es elegir entre izquierda o derecha, sino entre quienes apuestan por la democracia deliberativa y quienes la ven solo como un trampolín al poder. Colombia merece más que estrategias de guerra fría disfrazadas de campaña. Merece propuestas claras, líderes honestos y un debate que eleve, no que divida. Porque al final, quien debe ganar no es un color político, sino la democracia misma. ¿Figuras que pudieron dirigir el país a un mejor rumbo fueron apagados por la criminalidad? o los opositores? o sus enemigos políticos; entre ellos Jorge Eliecer Gaitán, Álvaro Gómez, Jaime Pardo, Carlos Pizarro, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Miguel Uribe… Solo invito a las actuales generaciones a leer más la historia de nuestro país y no caer en el discurso maquiavélico de quienes manipulan la información.

Por: Javier Recalde Martínez.

javierecalde.jrm@gmail.com

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