Cuando el arte desarma a la guerra y arropa a la paz en Nariño

Firmantes del Acuerdo de Paz, víctimas del conflicto armado y miembros de la Fuerza Pública se unieron a través de la cultura. Con su talento y creatividad moldearon icopor y papel encolado para inmortalizar la riqueza natural y étnica del sur de Colombia.

Por: Juan Miguel Narváez Eraso.

Por primera vez en la historia de la ciudad de Pasto, el Carnaval de Negros y Blancos reunió a más de 40 víctimas del conflicto armado y alrededor de 15 firmantes del Acuerdo de Paz, quienes, a partir del papel encolado, la aerografía y el moldeado en icopor elaboraron una monumental carroza con la cual demostraron a Colombia y al mundo que la convivencia social si es posible.   

Para la elaboración de la obra rodante titulada ‘Nariño, Territorio de Paz’ de 6.50 metros de alto, 4.50 metros de ancho y 13 metros de largo que en enero del 2025 alegró la senda del Carnaval, Rocío Granja representante de la Asociación de Desarrollo Integral para Víctimas; destacó que de esta grandiosa obra artística brotó la resiliencia y la capacidad de aceptar al otro sin rencores.

A la vez subrayó a DIARIO DEL SUR que a través de esta imponente obra, se demuestra que todos los nariñenses somos capaces de reconstruir un territorio cimentado en la esperanza y en la reconciliación.

Y es que de esa manera, Liliana Villota Arce representante de la Asociación de Víctimas y Violencia del Conflicto Armado de la Policía Nariño, argumentó que en nuestra región y en el resto de Colombia, si es posible alcanzar una paz estable y duradera.  

Pues a la vez, afirmó que, al momento de elaborar y pintar cada figura, firmantes de paz, víctimas y miembros de la Fuerza Pública, vivieron a flor de piel el verdadero significado de la reconciliación. Así se evidenció en la sonrisa de los participantes y en cada detalle artístico que permitió la construcción y el montaje de las más de 20 figuras que recrearon la riqueza natural y social del sur de Colombia.

Reconciliación

Por su parte Marco Aurelio Martínez director de la oficina de Derechos Humanos y reconciliación de Pastoral Social de la Diócesis de Pasto; indicó que la carroza fue parte vital de un proceso de reconciliación, la cual destacó que se construyó a partir de los talleres de diálogo que permitieron la integración de firmantes, desplazados, madres buscadoras de sus familiares desaparecidos y militares.

En cada pieza de la carroza, pusieron en evidencia la transformación que genera al interior del ser humano; el haber tenido contacto con escenarios de violencia, debido a que en cada detalle artístico impregnaron su fe y esperanza.  

Esmeralda Álvarez víctima del conflicto armado y psicóloga voluntaria, manifestó que la carroza fue una gran oportunidad para reunirse en un mismo espacio donde a través de la cultura, brotó la resiliencia y el fortalecimiento del tejido social para la cimentación de una mejor sociedad.

Además, sostuvo que este es un proyecto pionero en Latinoamérica, debido a que todos los actores del conflicto armado se unieron para amar y perdonar desde el color, la alegría y la creatividad de las bellas artes.

Ante dichas bondades, no dudo en expresar que el arte aparte de ser un vehículo sanador, es una apuesta personal para avanzar en el fortalecimiento de la paz. Mientras Esmeralda sonríe al contemplar la magnitud de la carroza que actualmente reposa en el Museo del Carnaval con sede en el barrio Pandiaco de la capital nariñense, indica que esta obra llena de orgullo a cada uno de los participantes porque en su elaboración entendieron que, desde la buena voluntad y el diálogo, la paz brota desde lo más profundo del corazón.  

“Con esta carroza, expresamos todo nuestro amor y reflejamos el perdón que tanta falta le hace a Colombia para hacer realidad la paz. La cultura es sin lugar a dudas, la mejor herramienta para la transformación del dolor y alcanzar la resiliencia individual y social”, expresó ‘Andrea Valencia’, una joven firmante del Acuerdo de Paz quien, tras su firma, en noviembre del 2016 aseguró que la reconciliación es un principio que lleva en su mente y en su corazón para materializarla en cada acto de su vida.

A su vez, Milton Benavides y Javier Rodríguez, quienes hicieron parte de las Fuerzas Militares y que también se unieron a la elaboración de la carroza, argumentaron que la cultura es indispensable para expresar el perdón y visibilizar los efectos sociales que genera la paz.     

Anhelo social

La elaboración de la carroza ‘Nariño, Territorio de Paz’; estuvo a cargo del maestro Armando Galindez quien desde julio del año 2024 inició con la planificación de la obra rodante, la cual aseguró que fue un verdadero desafío. El proyecto contó con el apoyo de la Gobernación y de Corpocarnaval en articulación con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización ARN y la Misión de Verificación de la ONU.

Para el artista del Carnaval, la referida composición cultural nació a partir de un gran anhelo social, la paz.  Por eso jamás olvidará que los talleres de capacitación en los que participaron víctimas del conflicto armado, miembros de la Fuerza Pública y firmantes del Acuerdo de Paz, se vivieron ambientes de verdadera hermandad.

Para el maestro, esta carroza nació de un bello cuento de soñadores, en el que la imagen principal fue una anciana campesina que narró todos los acontecimientos que ha vivido el departamento de Nariño a raíz de la firma del Acuerdo de Paz.

Así mismo precisa que esta abuelita sonriente, nos muestra a través de la carroza lo hermosa que es nuestra ‘pacha mama’. Ella, como ser dador de vida, lleva en sus costados un colibrí y un miranchurito, dos emblemáticas aves de la región que simbolizan la fe, la alegría y la paz.

De igual manera, el gestor cultural destaca que en las partes laterales de la carroza predominan unas frondosas raíces, las cuales indica que nos conectan a nosotros como seres humanos con la madre naturaleza.

En su espalda, la abuelita lleva un canasto en el que están presentes todos los productos agropecuarios que a través de sus emprendimientos; víctimas y firmantes de paz llevan a cabo en Pasto, Tumaco y en otros municipios del departamento de Nariño.

En la parte superior de la obra rodante, sobresale un monumento a la paz, el cual es representado por niños, miembros de la Fuerza Pública y campesinos. A los costados de la carroza reposan dos niñas soñadoras en forma de hadas que anhelan el sentido de la paz.

A lado de los niños; aparecen 4 personas que están unidas en un solo abrazo. Este pequeño círculo social, representa a las diferentes etnias del departamento de Nariño. 

Y para darle vida a esta carroza, los participantes utilizaron 5 pacas de icopor de diferentes densidades, 400 kilos de papel encolado, 3 galones de estuco, 200 pliegos de lija, 4 cuñetes de pintura blanca y 2 galones de pintura de cada color; es decir desde las tonalidades primarias hasta las fluorescentes.

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