El 94 % de Gaza sigue sin condiciones adecuadas de vivienda pese al alto el fuego

La crisis humanitaria en la Franja de Gaza continúa dejando a millones de personas en condiciones extremadamente precarias. Una nueva evaluación del Shelter Cluster, mecanismo humanitario especializado en refugio y artículos no alimentarios, estima que 1,98 millones de personas, equivalentes al 94 % de la población de Gaza, se encuentran en necesidad de asistencia relacionada con vivienda, refugio y artículos básicos para el hogar.

El informe, publicado en agosto de 2026 y elaborado con el liderazgo del Norwegian Refugee Council (NRC) y el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM/IOM), muestra que la emergencia no se limita a la destrucción física de viviendas. La población que permanece en Gaza enfrenta también graves dificultades para dormir, cocinar, almacenar alimentos y agua, mantener la higiene, disponer de iluminación y protegerse de las temperaturas extremas.

La magnitud del problema evidencia que, incluso después del alto el fuego acordado en octubre de 2025, la población civil no ha logrado recuperar unas condiciones mínimas de vivienda y seguridad.

El 94 % de la población está en necesidad de asistencia

La cifra central de la evaluación es contundente: 1.977.229 personas fueron clasificadas dentro de las fases 3, 4 o 5 de severidad de necesidades de refugio, categorías que corresponden a situaciones de crisis, críticas o catastróficas.

Esto representa aproximadamente el 94 % de la población evaluada.

El informe señala que la necesidad está distribuida en distintos niveles de gravedad. Cerca de 776.000 personas se encuentran en la fase considerada de crisis, mientras que aproximadamente 1,2 millones están en condiciones críticas o catastróficas.

En términos territoriales, las necesidades son especialmente elevadas en Khan Younis, Gaza y Deir al-Balah, aunque la evaluación señala que todos los territorios accesibles analizados presentan niveles graves de necesidad.

El dato es especialmente significativo porque demuestra que la emergencia habitacional no afecta solamente a quienes perdieron completamente sus viviendas. También alcanza a familias que permanecen en estructuras parcialmente dañadas, refugios improvisados o viviendas que, aunque todavía tienen paredes y techo, no ofrecen condiciones adecuadas para una vida segura y digna.

No se trata solamente de tener un techo

Uno de los principales elementos de la evaluación es que tener cuatro paredes o un techo no significa necesariamente disponer de una vivienda adecuada.

La situación de Gaza demuestra precisamente esa diferencia.

El análisis del Shelter Cluster considera factores como la posibilidad de dormir adecuadamente, cocinar, mantener la higiene personal, almacenar agua y alimentos, contar con iluminación y protegerse del frío o del calor.

De acuerdo con el informe, 84 % de los hogares evaluados fueron clasificados en las fases crítica o catastrófica cuando se analizaron específicamente sus condiciones de vida dentro del refugio.

Esto significa que una familia puede encontrarse bajo un techo y, aun así, vivir en condiciones incompatibles con unas condiciones básicas de seguridad y dignidad.

La evaluación también señala que las necesidades de artículos domésticos son prácticamente generalizadas. Más de cuatro de cada cinco hogares requieren elementos esenciales como productos de higiene, ropa, combustible para cocinar, recipientes para almacenar agua o alimentos y ropa de cama.

Millones de personas continúan viviendo en refugios temporales

La destrucción de viviendas provocada por la guerra ha obligado a una enorme parte de la población a recurrir a tiendas de campaña, estructuras improvisadas, edificios parcialmente destruidos y espacios sobreocupados.

La evaluación recuerda que el mapeo de daños realizado por el Shelter Cluster a comienzos de 2026 calculó que 320.181 unidades de vivienda habían resultado dañadas, afectando aproximadamente a 1,7 millones de personas.

Esto representaba alrededor del 78 % de las estructuras habitacionales y cerca del 60 % del parque de viviendas que existía en Gaza antes de la escalada del conflicto.

El resultado es una emergencia habitacional que no puede solucionarse simplemente distribuyendo nuevas tiendas de campaña.

Mientras miles de familias necesitan refugios temporales para sobrevivir, otras requieren reparaciones, materiales de construcción, agua, saneamiento, electricidad, mobiliario básico y condiciones que permitan regresar progresivamente a viviendas permanentes.

Las tiendas se han convertido en viviendas de largo plazo

Uno de los aspectos más preocupantes es la duración del desplazamiento.

Una tienda de campaña normalmente está concebida como una solución temporal para proteger a una familia durante una emergencia. En Gaza, sin embargo, muchas familias llevan más de un año viviendo en este tipo de estructuras.

La evaluación indica que casi dos tercios de los hogares estudiados residían en tiendas de campaña o estructuras construidas con materiales recuperados.

Más de la mitad de las familias que viven en tiendas habían utilizado la misma durante más de un año, mientras que aproximadamente el 16 % llevaba más de dos años dependiendo de este tipo de refugio.

Esta situación cambia completamente la dimensión del problema.

No se trata únicamente de proporcionar un lugar para pasar algunas noches después de un desplazamiento. Las familias están intentando cocinar, dormir, criar a sus hijos, almacenar alimentos y mantener su higiene durante meses o años en espacios diseñados originalmente para situaciones de emergencia de corta duración.

El deterioro de los refugios aumenta los riesgos

Las condiciones físicas de las tiendas y refugios improvisados también representan una amenaza.

El estudio encontró que 54 % de las tiendas y refugios improvisados fueron considerados de condición mala o muy mala.

Además, más de 106.000 hogares se encontraban en estructuras temporales consideradas un riesgo serio para la salud, la seguridad o la dignidad de las personas que las habitan.

El deterioro de estos espacios puede agravarse con las condiciones climáticas, particularmente durante las temporadas de lluvia, frío o calor extremo.

En una zona donde muchas familias carecen de alternativas habitacionales, el deterioro del refugio puede convertirse rápidamente en un problema sanitario.

Los riesgos ambientales rodean a los hogares

La crisis tampoco termina en las paredes de los refugios.

Según la evaluación, 98 % de los hogares consultados reportaron al menos un peligro ambiental a menos de 10 metros de sus viviendas o refugios.

Entre los problemas mencionados aparecen residuos sólidos, escombros, aguas residuales, roedores y perros callejeros.

Además, 89 % de los hogares reportó la presencia de roedores dentro de sus refugios, mientras que 71 % indicó haber sufrido inundaciones desde el comienzo del invierno de 2025-2026.

Estos factores aumentan el riesgo de enfermedades y complican todavía más la vida cotidiana de una población que ya enfrenta graves dificultades para acceder a servicios de salud, agua potable y saneamiento.

La propia UNRWA ha advertido en un informe publicado en agosto de 2026 que el deterioro de las condiciones de vivienda, agua, saneamiento, nutrición y atención sanitaria está contribuyendo a una crisis de salud pública en Gaza.

Problemas para cocinar, dormir y almacenar alimentos

La emergencia también se refleja en actividades que normalmente forman parte de la vida cotidiana.

La evaluación del Shelter Cluster encontró que numerosos hogares tienen dificultades para realizar actividades esenciales dentro de sus refugios.

Más de siete de cada diez hogares presentaban problemas para dormir adecuadamente. Al mismo tiempo, 64 % no podía almacenar de manera segura suficiente comida y agua, mientras que las familias disponían, en promedio, de apenas unas pocas horas de iluminación al día.

El combustible constituye otro problema importante.

Cuando una familia no tiene acceso regular a combustible para cocinar, puede verse obligada a recurrir a métodos peligrosos o poco eficientes, incluyendo la quema de residuos.

Esta situación incrementa los riesgos de intoxicación, incendios y enfermedades respiratorias, especialmente cuando la preparación de alimentos se realiza dentro o cerca de espacios pequeños y mal ventilados.

La ayuda humanitaria no alcanza a cubrir la magnitud de la necesidad

El informe también evidencia una enorme diferencia entre las necesidades y la capacidad de respuesta.

Solo 10 % de los hogares recibió asistencia de refugio o artículos no alimentarios durante el mes anterior a la recopilación de los datos, mientras que las reservas existentes de tiendas, mantas y colchones dentro de Gaza se encontraban prácticamente agotadas en junio de 2026.

La situación ya había sido advertida meses atrás.

En junio, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) informó que la asistencia de refugio estaba disminuyendo de forma considerable. Entre el 15 y el 21 de junio, los socios humanitarios atendieron a más de 4.180 hogares con artículos de refugio y otros productos esenciales, pero el número de familias alcanzadas durante ese mes había caído más de 80 % respecto del promedio de los cinco meses anteriores.

OCHA atribuyó parte de esta reducción a la escasez de artículos de refugio y productos no alimentarios, las restricciones a las importaciones, los déficits de financiación y las dificultades de acceso.

La entrada de materiales sigue siendo un obstáculo

Una de las dificultades centrales para responder a la emergencia habitacional es la disponibilidad de materiales.

Las organizaciones humanitarias necesitan tiendas, lonas, colchones, mantas, herramientas y otros artículos de emergencia, pero también materiales que permitan reparar refugios y viviendas.

Entre ellos se encuentran madera, madera contrachapada, clavos, herramientas y diferentes elementos de construcción.

OCHA ya había advertido que la capacidad de respuesta estaba limitada por la escasez de estos productos, restricciones para su entrada, interrupciones en las cadenas de suministro y falta de financiación.

El Shelter Cluster sostiene que los procesos de entrada de materiales continúan siendo restrictivos e impredecibles, especialmente cuando determinados productos son considerados de “doble uso” por las autoridades israelíes.

Las organizaciones humanitarias, por su parte, argumentan que estas limitaciones dificultan aumentar la respuesta al nivel que requiere la población.

El déficit de financiación agrava la emergencia

La falta de dinero es otro de los grandes problemas.

El Shelter Cluster calcula que durante 2026 se necesitan aproximadamente 562 millones de dólares para responder a las necesidades de refugio de la población palestina en Gaza.

Sin embargo, los recursos disponibles están muy por debajo de esa cifra.

El NRC señaló que el Shelter Cluster había solicitado 165 millones de dólares para cubrir las necesidades más urgentes, pero solamente se habían recibido alrededor de 44 millones.

La consecuencia es una respuesta humanitaria que debe priorizar constantemente a determinados grupos y zonas mientras millones de personas continúan esperando asistencia.

Según el NRC, las existencias disponibles permitirían proporcionar nuevos refugios de emergencia a unas 35.000 familias y reforzar o mejorar refugios de otras 35.000.

Aunque esta ayuda puede resultar fundamental para quienes la reciben, queda muy lejos de las necesidades de casi dos millones de personas.

La destrucción de viviendas es parte de una crisis mucho más amplia

La emergencia habitacional no puede analizarse de forma aislada.

La destrucción de viviendas ha estado acompañada por daños en hospitales, escuelas, carreteras, sistemas de agua y saneamiento y otras infraestructuras civiles.

Un informe de Naciones Unidas publicado en 2026 señaló que la destrucción de infraestructura esencial ha afectado servicios como la atención sanitaria, el agua, el saneamiento, la educación, el transporte, la producción de alimentos y los medios de subsistencia.

Esto significa que reconstruir una casa no necesariamente resolvería por sí solo las necesidades de una familia.

Una vivienda necesita agua, saneamiento, electricidad o fuentes alternativas de energía, acceso a alimentos, atención sanitaria, vías de transporte y condiciones de seguridad.

Por eso, la recuperación de Gaza representa un desafío mucho mayor que la reconstrucción física de edificios.

La situación sanitaria está directamente relacionada con la vivienda

Las condiciones habitacionales tienen consecuencias directas sobre la salud.

El informe de UNRWA publicado en agosto de 2026 describe una crisis sanitaria caracterizada por la destrucción y deterioro de infraestructura médica, escasez de medicamentos y combustible, problemas de agua y saneamiento, desplazamientos repetidos y sobreocupación.

Según el organismo, la combinación de estos factores favorece la propagación de enfermedades transmisibles y aumenta los riesgos para niños, mujeres, personas mayores y personas con discapacidad.

El problema es particularmente grave cuando las familias viven cerca de aguas residuales, basura, escombros o roedores.

La falta de condiciones adecuadas de higiene también puede aumentar el riesgo de enfermedades gastrointestinales y otras infecciones.

Por eso, la ayuda de refugio no debe entenderse únicamente como la entrega de una tienda o una lona. Incluye también artículos de higiene, acceso al agua, saneamiento, combustible, elementos para cocinar y condiciones mínimas para mantener la salud.

La situación alimentaria también continúa siendo vulnerable

Aunque los indicadores de seguridad alimentaria han mostrado cierta mejoría durante 2026 gracias al incremento de la asistencia humanitaria y comercial, Naciones Unidas ha advertido que esos avances siguen siendo frágiles.

En julio, la FAO, UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos señalaron que el aumento del acceso a alimentos y asistencia había permitido mejoras en la seguridad alimentaria y la nutrición, pero que la población continuaba dependiendo ampliamente de la ayuda humanitaria.

El acceso seguía limitado por el hecho de que solamente un cruce principal permanecía operativo para la entrada de suministros hacia Gaza, restringiendo la capacidad de ampliar el flujo de bienes esenciales.

Por ello, la crisis de vivienda y la crisis alimentaria están estrechamente conectadas.

Una familia que no tiene un lugar seguro para vivir también puede tener dificultades para conservar alimentos, almacenar agua o preparar comidas de forma segura.

¿Qué ocurrió con las viviendas durante la guerra?

La situación actual tiene sus raíces en la enorme destrucción acumulada desde el comienzo de la guerra entre Israel y Hamás en octubre de 2023.

Los ataques, desplazamientos y operaciones militares provocaron daños masivos en zonas residenciales.

La evaluación de 2026 recuerda que cientos de miles de unidades de vivienda resultaron dañadas, mientras que millones de personas fueron desplazadas, muchas de ellas en varias ocasiones.

El desplazamiento repetido también ha dificultado la conservación de las pertenencias personales.

Cada movimiento puede obligar a una familia a abandonar muebles, colchones, ropa, utensilios de cocina y otros artículos básicos.

Con el paso del tiempo, la pérdida acumulada de estos bienes convierte una emergencia de desplazamiento en una crisis prolongada de condiciones de vida.

El alto el fuego no significó el fin de la crisis humanitaria

Uno de los elementos centrales del contexto actual es que la situación humanitaria no desapareció con el alto el fuego de octubre de 2025.

Aunque el descenso de las hostilidades permitió ampliar determinadas operaciones humanitarias, la destrucción acumulada y las necesidades existentes continuaron siendo enormes.

Durante el primer mes posterior al alto el fuego, los socios del Shelter Cluster consiguieron introducir miles de tiendas, lonas y artículos de cama. Sin embargo, Naciones Unidas estimó entonces que aproximadamente 80 % de la población de Gaza todavía carecía de materiales de refugio y artículos no alimentarios.

Meses después, la nueva evaluación muestra que la situación habitacional continúa siendo crítica.

Esto refleja una característica fundamental de las crisis humanitarias posteriores a una guerra: detener los combates no significa que la población pueda regresar inmediatamente a una vida normal.

Cuando las viviendas, hospitales, escuelas, sistemas de agua y redes de transporte han sido destruidos o dañados, la recuperación puede tomar años.

Mujeres, niños y personas vulnerables enfrentan mayores riesgos

Aunque la emergencia afecta a prácticamente toda la población, algunos grupos enfrentan riesgos adicionales.

Los niños necesitan espacios seguros para dormir, estudiar y jugar, además de agua potable, alimentación adecuada y atención sanitaria.

Las mujeres, especialmente las embarazadas o quienes tienen bebés, enfrentan dificultades adicionales cuando no existen espacios adecuados para la higiene y el cuidado.

Las personas mayores y quienes tienen discapacidad pueden tener dificultades para desplazarse, acceder a los puntos de distribución o abandonar estructuras inseguras.

UNICEF ha señalado que alrededor de 1,9 millones de los aproximadamente 2,1 millones de habitantes de Gaza continúan desplazados, mientras que los servicios esenciales de salud, agua, saneamiento y protección siguen severamente limitados.

Una crisis que va más allá de la emergencia inmediata

El dato del 94 % muestra que Gaza enfrenta una crisis de refugio de dimensiones prácticamente universales.

Pero también demuestra que la solución no puede limitarse a distribuir ayuda de emergencia.

Las organizaciones humanitarias necesitan acceso suficiente para introducir materiales, reparar refugios, rehabilitar viviendas y restablecer servicios básicos.

A largo plazo, será necesario reconstruir el parque habitacional, recuperar las redes de agua y saneamiento, retirar escombros y artefactos explosivos, restablecer hospitales y escuelas y recuperar las condiciones que permitan a las familias volver a tener una vivienda permanente.

El desafío será enorme porque la destrucción afecta simultáneamente a múltiples sistemas esenciales.

¿Qué significa realmente el 94 %?

La cifra puede resumirse de una manera sencilla: casi nueve de cada diez habitantes de Gaza necesitan algún tipo de asistencia relacionada con refugio o artículos esenciales para el hogar.

No significa que exactamente el 94 % de las personas esté viviendo en una tienda de campaña ni que todas se encuentren en idénticas condiciones.

El porcentaje corresponde a las personas clasificadas dentro de las fases 3, 4 y 5 de severidad de necesidades de refugio y artículos no alimentarios en la evaluación del Shelter Cluster.

Dentro de ese grupo existen diferentes situaciones: personas que viven en tiendas, familias que ocupan refugios improvisados, hogares instalados en edificios parcialmente dañados y personas que necesitan artículos esenciales para hacer que sus actuales espacios sean mínimamente habitables.

Esta distinción es importante para entender correctamente el dato y evitar interpretaciones exageradas.

Una emergencia que exige una respuesta sostenida

La evaluación del Shelter Cluster plantea una conclusión clara: la crisis de vivienda en Gaza sigue siendo generalizada y severa, incluso después del alto el fuego.

Los cerca de 1,98 millones de personas clasificadas como necesitadas de asistencia representan una población prácticamente equivalente a la totalidad de los habitantes de la Franja.

Al mismo tiempo, las condiciones de los refugios continúan deteriorándose, las amenazas ambientales permanecen alrededor de las viviendas y los recursos humanitarios disponibles son insuficientes frente a la magnitud de las necesidades.

La respuesta, por tanto, requiere mucho más que tiendas de campaña. Hace falta garantizar el ingreso de materiales, aumentar la financiación, reparar viviendas, recuperar servicios básicos y proporcionar a las familias los artículos necesarios para cocinar, dormir, almacenar agua y alimentos y mantener condiciones adecuadas de higiene.

Mientras esas condiciones no mejoren, el fin de las hostilidades no será suficiente para poner fin a la emergencia humanitaria.

La cifra del 94 % resume precisamente la dimensión del desafío: para millones de palestinos en Gaza, la crisis continúa dentro y alrededor del lugar que debería representar el nivel más básico de seguridad: su propio hogar.

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