La escalada de tensión reciente entre Venezuela y Estados Unidos ha desencadenado una profunda crisis en el ámbito de la aviación civil venezolana, con consecuencias inmediatas en conectividad, economía y libertad de movimiento. El 27 de noviembre de 2025, el gobierno venezolano revocó las concesiones de seis grandes aerolíneas internacionales: Iberia, TAP (Portugal), Avianca (Colombia), LATAM (Chile/Brasil), Turkish Airlines y GOL (Brasil).
Las aerolíneas habían suspendido sus vuelos a Venezuela tras un aviso de la Federal Aviation Administration (FAA, de EE. UU.), que advirtió sobre un aumento significativo en la actividad militar en el Caribe y un “empeoramiento de la situación de seguridad” en el espacio aéreo venezolano.
Al vencerse un ultimátum de 48 horas que Caracas les dio a estas compañías para reanudar sus operaciones, el gobierno decidió revocar sus permisos de operación. Las autoridades justificaron la medida acusando a esas aerolíneas de sumarse a lo que calificaron como “terrorismo de Estado promovido por EE. UU.”.
Consecuencias inmediatas
- La suspensión masiva de vuelos compromete seriamente la conectividad internacional de Venezuela, que previamente contaba con unas 105 frecuencias internacionales semanales hacia alrededor de 16 destinos.
- Miles de viajeros quedan varados o deben buscar rutas alternas — terrestres, cuando esto es posible (por ejemplo, vía frontera con Colombia o Brasil), o esperar la reanudación de vuelos, con incertidumbre.
- La suspensión ocurre en plena temporada de fiestas, lo que golpea las expectativas de cientos de venezolanos que planeaban reunirse con familiares y amigos en el extranjero.
- La reducción de rutas internacionales afecta también al comercio, turismo y remesas. Esto puede agravar el aislamiento político y económico que ya sufre el país. Observadores señalan que la conectividad aérea ha sido históricamente una “víctima recurrente” de la crisis venezolana.
Antecedentes: un patrón repetido
No es la primera vez que Venezuela sufre cortes aéreos por crisis. Durante la pandemia de COVID-19, en 2020, el país restringió vuelos comerciales y limitó rutas a ciertos países. En 2024, tras la polémica reelección presidencial, también se suspendieron temporalmente vuelos hacia algunas naciones, con fuertes efectos en la conectividad. Este nuevo episodio se suma al patrón: cada crisis política, diplomática o de seguridad ha implicado reducción de conexiones aéreas.
Impacto geopolítico y social
Este aislamiento aéreo puede tener implicaciones más allá del transporte: refuerza el aislamiento diplomático, limita la movilidad de ciudadanos y migrantes, y complica misiones humanitarias o de cooperación. Además, al restringir las opciones de salida y entrada del país, profundiza la sensación de cerco internacional sobre Venezuela.
Al respecto, el gobierno venezolano se defiende afirmando que la medida es necesaria por seguridad nacional, mientras países extranjeros y las aerolíneas consideran la decisión desproporcionada, dado que la suspensión había sido tomada por las compañías por su cuenta, con base en recomendaciones de seguridad.

