Luis Eduardo Solarte Pastás

Otra vez, la costa Pacífica está de moda

La costa pacífica colombiana siempre ha estado sometida a la discriminación, el marginamiento y el olvido de políticas estatales que contribuyan a un efectivo y acertado desarrollo, lo cual ha conllevado a que esa rica región en recursos naturales y turísticos se haya convertido en caldo de cultivo de toda clase de violencia y “hacienda” de los narcotraficantes.

“Recordar es vivir”, dicen por ahí. Durante la presidencia de César Gaviria Trujillo se concibió la denominada “apertura económica”. Y uno de sus objetivos radicaba en proyectar al país hacia la búsqueda de mercados en el continente asiático, utilizando para ello el mar Pacífico.

Por tal motivo se pensó que Colombia no podía en ningún momento desatenderse de lo que en el futuro iba a suceder con el Pacífico. Fue así como el gobierno de Gaviria Trujillo se dio a la tarea de institucionalizar el Plan Pacífico con miras a que a través de él se canalizaran recursos que se destinarían en el montaje de una fuerte infraestructura vial, marítima, urbanística, turística, etc., en sitios que se creyó eran estratégicos para desde allí aprovechar al máximo las ventajas económicas.

Como era de esperarse, la iniciativa generó expectativas e inquietudes en los diferentes estamentos de Nariño, Cauca, Valle, Choco y Antioquia. Sin embargo, las regiones del Valle y Antioquia fueron a las que más se privilegió y a las que más se benefició por parte del gobierno de esa época y los que continuaron.

Nariño fue poco lo que logró. A duras penas se consiguió la terminación de la carretera e interconexión eléctrica Pasto-Tumaco y una que otra obra de tercera categoría que el tiempo y la sal marina se encargaron de convertir en óxido, como por ejemplo la construcción de Puerto Pesquero.

Y con esto resultó imposible hacer de su costa pacífica un verdadero polo desarrollo industrial, comercial y turístico. La falta de liderazgo y de un compromiso serio y responsable de sus dirigentes que estuviera alejado de intereses politiqueros y estomacales fue la causa para que ello sucediera. Prácticamente, la corrupción en todo el sentido dela palabra hizo que desde entonces a la costa nariñense se la robaran y continúen robándosela.

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Ahora la costa pacífica está nuevamente de moda para tratar de hacer de ella un potencial económico que beneficie a los habitantes de Nariño, Cauca, Valle y Chocó.

Sus gobernadores, encabezados por Luis Alfonso Escobar, han conformado la Región Pacífico para hacer una fuerza común ante el gobierno central con el propósito de presionar de que se le destinen importantes partidas presupuestales a fin de adelantar proyectos encaminados a erradicar la pobreza y la miseria que se vive en la zona y buscar alternativas para que la famosa “paz total” sea una verdadera realidad.

El ideal es noble y altruista. Pero que todo cuanto se ha anunciado por el gobierno nacional de Gustavo Petro, no sea en el inmediato futuro sólo palabrería barata y promesas que jamás se cristalizan en favor del pueblo nariñenses, tal y como ocurrió con lo que fue en su momento el Plan Pacífico, máxime cuando hoy muchos andan locos creyendo que de lograrse la “paz total” “lloverá” plata por todas partes y que con ella llegará por fin la salvación de la costa.

solarpastas@hotmail.com