Corrupción, mentiras y desprestigio

En Colombia no hay día en que el flagelo de la corrupción aparezca en sus diferentes modalidades de la vida nacional. Prácticamente, es el ·cáncer” del sistema democrático del país. … Leer más

Luis Eduardo Solarte Pastás

En Colombia no hay día en que el flagelo de la corrupción aparezca en sus diferentes modalidades de la vida nacional. Prácticamente, es el ·cáncer” del sistema democrático del país. Y esto está conllevando a que se obstaculice el desarrollo político, social y económico y dificulte la convivencia civilizada.

Por todos los casos de corrupción que han puesto al descubierto y en donde muchas veces la impunidad judicial, disciplinaria y fiscal camina de su mano, se ha llegado a la conclusión que al grado de que ella aumenta mientras mayor sea el área de poder del funcionario, más vasto el monopolio de los sectores bajo su dominio y menor la transparencia que rodee su actividad.

Frente a la corrupción habrá, entonces, hombres corruptos o corrompidos que denotan la existencia de una sociedad decadente, confusa y con pocas expectativas en su futuro, lo cual influye a que las personas observen los problemas de la colectividad de manera distante, se arraiguen a criterios individualistas e insolidarios.

 

Dentro de ese contexto, si bien las elecciones son uno de los pilares fundamentales de los regímenes democráticos, lo cierto es que ellas no garantizan la calidad de las mismas porque lastimosamente la “corrupción electoral se ha convertido en una de las peores formas de corrupción”.

Desde diferentes estamentos siempre se solicita cada vez que hay procesos electorales que haya una cooperación armónica de los organismos de control, investigación y judicial para ponerle fin a la compra de votos; poder identificar, de manera temprana, quiénes son los que están sacando tulas y fajos de billetes para comprarles a los ciudadanos su conciencia y arrebatarles su libertad cuando van a las urnas.

Efectivamente, en el Código Penal en su capítulo relacionado con los delitos contra los mecanismos de participación democrática se estipulan graves sanciones para que quienes violen los topes o límites de gastos en las campañas electorales y los que utilicen recursos para su financiación de fuentes prohibidas.

Sin embargo, son escasas las condenas que conoce este país frente a los delitos contra el sufragio”, y, por ende, “son muy pocos los ciudadanos que están en las cárceles por cometer delitos que atentan contra el debido adelantamiento de las elecciones”.

Pero, así como la corrupción electoral es claramente indeseable e ilegal, las prácticas «injustas» o «inequitativas» son más difíciles de definir y más controversiales.

En Colombia, lastimosamente, se ha llegado a un punto en que “todo vale” para sacarle ventaja a un opositor candidato en tiempo de elecciones presidenciales, al presentarlo de la peor forma posible.

Y esto lo estamos presenciando en esta época, en la cual las campañas de los candidatos Gustavo Petro y Rodolfo Hernández utilizan todo tipo de artimañas a fin de poder obtener el voto de los ciudadanos.

Si bien o mal para combatir la corrupción electoral se tiene un Código Penal, la verdad es que para evitar que los candidatos mientan o desprestigien deliberadamente a sus rivales, no se tiene nada para impedirlo; situación ésta que de alguna manera atenta contra unas elecciones libres.

De todas maneras, esperemos que el voto a conciencia se imponga en Colombia y no se lo impongan a los colombianos.

Por: Luis Eduardo Solarte Pastás

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