La corrupción es una conducta ilegal, abuso de poder o confianza para beneficio personal en detrimento del interés colectivo para cuyo fin ofertan, solicitan, entregan o reciben bienes o dinero en especie, en servicio, o beneficios a cambio de acciones decisiones u omisiones por parte de quienes ostentan algún poder que más que corromper, devela la condición humana. La corrupción afecta el interés público que nos pertenece a todos, que es un factor determinante para que una sociedad sea próspera eficiente y justa. Los bienes públicos también son bienes comunes que se elevan a categorías como la justicia, la libertad y la solidaridad y otros servicios menores como la salud, la seguridad y la educación que no son carga para la economía sino conquistas civilizatorias irrenunciables, son inversión para el futuro de la de todos. Defender lo público es defender la capacidad del estado y las instituciones para responder de manera eficaz y eficiente a las necesidades cotidianas de los ciudadanos, es la defensa de la credibilidad y legitimidad de las instituciones del estado.
Para combatir la corrupción hay que acceder a la información y a espacios de denuncia y seguridad para el denunciante. Hay que reconocer que los factores de exclusión e inequidad que vulneran los derechos, debilitan la democracia y afectan la legitimidad y confianza en el estado; por lo tanto, son condiciones de corrupción.
Los bienes públicos se sostienen en el tiempo porque son de titularidad colectiva y beneficio general inclusivo. En cambio, lo privado genera beneficio particular excluyente.
La sociedad civil debe empoderarse de una manera contundente de la defensa de lo público empezando por el acceso a los cargos públicos sean por meritocracia en contra del nepotismo y la politiquería que enfrente las mediocracias o el gobierno de los mediocres. Sor Juana Inés de la cruz decía que “es tan culpable el que peca por la paga como el que paga por pecar”, eso significa que no solamente en el sector público hay corrupción, sino que también hay particulares al otro lado de la ecuación. A la cultura mafiosa, la impunidad y del atajo, hay que anteponer una cultura de la ética y buenos modales. “Volver a los principios, hoy por hoy, no solo es un acto de resistencia política sino de avanzada” (A.M.B).

