Corales más fuertes contra el calentamiento: el nuevo frente de Australia para proteger sus arrecifes

Australia está reforzando una de sus apuestas científicas más ambiciosas para proteger la Gran Barrera de Coral: desarrollar y multiplicar corales resistentes al calor que puedan sobrevivir mejor a las temperaturas cada vez más elevadas del océano.

La estrategia se desarrolla principalmente en Queensland, donde investigadores trabajan con corales capaces de soportar mayores niveles de estrés térmico. El objetivo no es simplemente cultivar corales en laboratorios, sino conseguir que ejemplares con características de mayor tolerancia puedan ser producidos, evaluados y posteriormente utilizados en proyectos de restauración directamente sobre el arrecife.

La iniciativa forma parte de un esfuerzo de investigación y adaptación mucho más amplio. El Gobierno australiano mantiene programas de financiación destinados a ayudar a la Gran Barrera a resistir, adaptarse y recuperarse frente al cambio climático, entre ellos el Reef Restoration and Adaptation Program (RRAP), financiado mediante una alianza que incluye al Gobierno australiano, el Reef Trust y la Great Barrier Reef Foundation.

Una precisión importante: no existe evidencia oficial reciente que permita afirmar que Australia haya anunciado en 2026 un único «fondo especial» exclusivamente destinado a criar corales resistentes al calor. La realidad es más amplia: existen programas públicos y alianzas de financiación que sostienen diferentes líneas de investigación y restauración, incluida la reproducción de corales con mayor tolerancia térmica.

El problema comienza con el aumento de la temperatura del océano

Los arrecifes de coral son especialmente vulnerables al calentamiento del agua. Cuando las temperaturas permanecen demasiado altas durante períodos prolongados, los corales pueden sufrir blanqueamiento, un fenómeno que ocurre cuando pierden o expulsan las microalgas simbióticas que viven en sus tejidos.

Estas microalgas proporcionan al coral una parte importante de la energía que necesita para crecer y reproducirse. Cuando la relación se rompe, el coral pierde su color y queda sometido a un fuerte estrés. Si las condiciones adversas persisten, puede morir.

La Gran Barrera ha experimentado múltiples episodios de blanqueamiento masivo desde 2016, lo que ha convertido la adaptación al calor en una de las principales prioridades de la investigación científica australiana.

Sin embargo, los científicos también han encontrado una característica esperanzadora: no todos los corales reaccionan de la misma manera ante el calor.

Algunas poblaciones y especies poseen naturalmente una mayor tolerancia a las temperaturas elevadas. Esa diversidad genética constituye una de las bases de los programas que buscan acelerar la capacidad de adaptación de los arrecifes.

¿Cómo se crean corales más resistentes?

Una de las líneas de investigación consiste en identificar corales que hayan demostrado una mayor tolerancia térmica y utilizarlos como progenitores.

El proceso puede comenzar en el propio arrecife. Los investigadores localizan colonias que sobreviven mejor a temperaturas elevadas y estudian sus características. Posteriormente, pueden recolectar sus células reproductivas durante los períodos de desove.

En el laboratorio, los científicos cruzan diferentes individuos para intentar producir descendencia que conserve o combine características favorables frente al calor.

El Australian Institute of Marine Science, conocido como AIMS, ha trabajado precisamente con selección artificial y reproducción selectiva. En estos experimentos se identifican corales más tolerantes, se recolectan sus gametos y se producen nuevas generaciones que posteriormente son sometidas a pruebas de estrés térmico.

El procedimiento puede resumirse así:

Identificar → seleccionar → reproducir → evaluar → cultivar → probar en el arrecife.

La última etapa es especialmente importante. Un coral que funciona bien dentro de un tanque de laboratorio no necesariamente tendrá el mismo comportamiento en un ecosistema natural, donde debe enfrentarse a depredadores, competencia, variaciones de temperatura, corrientes y otros factores.

De los laboratorios al océano

Durante 2026, AIMS publicó registros de ensayos de campo relacionados con la reproducción selectiva de corales. Uno de ellos estudió descendientes de Acropora spathulata seleccionados a partir de su desempeño frente a pruebas rápidas de estrés térmico.

Los corales producidos fueron desplegados en nueve sitios de Davies Reef, en la zona central de la Gran Barrera, para comprobar cómo respondían en diferentes ambientes del arrecife. Los investigadores realizaron seguimientos periódicos para estudiar su supervivencia y crecimiento.

También se completó un proyecto centrado en la selección artificial de larvas. En este caso, las larvas fueron sometidas a condiciones térmicas controladas con el objetivo de determinar si era posible obtener grupos con una mayor tolerancia al calor y evaluar posteriormente su desempeño en el ambiente marino.

Estos experimentos son fundamentales porque permiten pasar de una hipótesis científica a una pregunta mucho más práctica:

¿Los corales seleccionados realmente sobreviven mejor cuando son colocados en el arrecife?

La acuicultura puede multiplicar los resultados

Otro componente importante es la producción de corales en instalaciones controladas.

La idea es que, en lugar de depender únicamente de la recuperación natural del arrecife, los investigadores puedan producir grandes cantidades de corales jóvenes y posteriormente introducirlos en áreas que han sufrido daños.

El Gobierno australiano señala que las investigaciones del RRAP incluyen precisamente técnicas de propagación destinadas a producir grandes cantidades de corales saludables mediante acuicultura antes de llevarlos al arrecife.

La Great Barrier Reef Foundation también trabaja en el desarrollo de corales con mayor tolerancia térmica y señala que entre las estrategias estudiadas se encuentra el cruzamiento selectivo de corales y el acondicionamiento gradual frente a temperaturas más elevadas.

Esto abre la puerta a una posible transformación de la restauración coralina: pasar de pequeñas intervenciones localizadas a métodos capaces de producir y plantar corales a una escala considerablemente mayor.

No solo se estudia al coral: también a sus microorganismos

La resistencia al calor no depende exclusivamente del coral.

Los científicos también estudian a las microalgas simbióticas que viven dentro de sus tejidos. Estas asociaciones son esenciales para la supervivencia del coral y algunas de estas algas pueden tolerar temperaturas más altas que otras.

AIMS explica que el deterioro de la relación entre el coral y sus microalgas simbióticas es uno de los mecanismos relacionados con el blanqueamiento. Por esa razón, otra línea de investigación busca utilizar determinados simbiontes para aumentar la resiliencia térmica de los corales.

Esto significa que la restauración del arrecife no consiste únicamente en «plantar más coral». También implica comprender la genética, la reproducción, los microorganismos y las condiciones ambientales que permiten que una colonia sobreviva.

Una estrategia respaldada por una inversión científica considerable

El desarrollo de estas tecnologías se encuentra dentro de un programa de investigación más amplio.

Según el informe de progreso de la Gran Barrera, el Reef Restoration and Adaptation Program había recibido 100 millones de dólares australianos del Gobierno mediante el Reef Trust Partnership, además de otros 20 millones de dólares australianos durante 2023-24 a través de AIMS, 6,9 millones aportados por la Great Barrier Reef Foundation y aproximadamente 50 millones en inversiones de los socios del programa.

Estos recursos no están destinados exclusivamente a la cría de corales resistentes al calor. El programa también investiga otras soluciones, como la reproducción y repoblación de corales, estabilización de fragmentos de arrecife, recolección de larvas, conservación genética y estrategias relacionadas con los organismos simbiontes.

La actualización gubernamental de agosto de 2026 mantiene al RRAP entre los programas de restauración y adaptación financiados dentro de la estrategia australiana para la Gran Barrera.

¿Puede esta tecnología salvar la Gran Barrera?

La respuesta de los científicos es más cautelosa de lo que podrían sugerir algunos titulares.

Los corales resistentes al calor pueden convertirse en una herramienta importante para aumentar la capacidad de recuperación del arrecife, pero no solucionan por sí solos el cambio climático.

El propio Gobierno australiano advierte que las estrategias de adaptación y reproducción de corales no constituyen una solución única para todos los problemas que enfrenta la Gran Barrera. El objetivo es ayudar al ecosistema a resistir mejor mientras se enfrentan las causas más amplias del calentamiento.

Esto es particularmente importante porque el aumento de la temperatura del mar no es el único peligro. Los arrecifes también pueden verse afectados por ciclones, contaminación, sedimentación, enfermedades, depredadores como la estrella de mar corona de espinas y otros factores ambientales.

Además, un coral que sea resistente a una determinada temperatura todavía tiene que sobrevivir y reproducirse dentro de un ecosistema complejo.

Una carrera contra el tiempo

El desafío para Australia consiste en conseguir que la investigación avance más rápido que el deterioro provocado por el calentamiento oceánico.

La evolución natural puede generar adaptación, pero normalmente ocurre durante muchas generaciones. Los científicos buscan acelerar ese proceso mediante herramientas como la reproducción selectiva y la selección artificial.

La investigación australiana intenta aprovechar la diversidad que ya existe en la propia Gran Barrera. En lugar de crear desde cero un coral completamente nuevo, los científicos buscan identificar las características de los individuos que naturalmente soportan mejor el calor y determinar si pueden transmitirse a las siguientes generaciones.

El reto posterior será conseguir que estos avances puedan utilizarse de forma segura y efectiva a una escala suficientemente grande.

La Gran Barrera también está demostrando capacidad de recuperación

La situación del arrecife no es exclusivamente negativa.

Los datos recientes del programa de monitoreo a largo plazo de AIMS muestran que durante el período 2025-2026 algunas zonas de la Gran Barrera experimentaron recuperación o estabilidad de la cobertura coralina después de perturbaciones anteriores. El informe de monitoreo señala que la respuesta puede variar considerablemente entre regiones y arrecifes.

Esta capacidad de recuperación es precisamente una de las razones por las que los investigadores consideran importante proteger y reforzar los corales que todavía sobreviven.

La lógica es sencilla: si existen poblaciones capaces de resistir mejor determinadas condiciones, protegerlas y estudiar sus características podría ayudar a construir una mayor resiliencia para el futuro.

Una esperanza que depende de mucho más que de la ciencia

Australia está intentando convertir la investigación sobre corales resistentes al calor en herramientas prácticas de restauración. Los ensayos de reproducción selectiva, la selección de larvas, la acuicultura y el estudio de las microalgas simbióticas representan diferentes piezas de una misma estrategia.

Pero el éxito final dependerá de que estas técnicas puedan funcionar fuera del laboratorio, mantenerse durante varias generaciones y aplicarse sin reducir la diversidad genética ni generar nuevos problemas ecológicos.

La Gran Barrera de Coral sigue siendo uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta y su futuro está estrechamente relacionado con la evolución de las temperaturas oceánicas.

Por eso, la apuesta australiana por los corales resistentes al calor representa más que un proyecto de reproducción: es un intento de ganar tiempo para uno de los ecosistemas más emblemáticos del mundo mientras la comunidad internacional enfrenta el problema mayor del calentamiento global.

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