Por David Fajardo
PARTE 3. “Es muy feo para una conversación educada, pero mientras tanto a millones de niños se los devora la parte más oscura del infierno” (para ver parte 2 revise la publicación impresa del 16 de septiembre o encuéntrela en www.diriodelsur.com.co)
Llegamos al final de este análisis de ‘Sound of Freedom’, la vibrante historia nos ha llevado a un operativo arriesgado y en dónde el ex agente Ballard se infiltró en la red y en una de las islas de Cartagena se da captura a la ex Miis Cartagena, Kelly Suárez Moya y al resto de líderes de la banda, se rescataron más de 50 personas, muchos de ellos menores, sin embargo Rocío, la hermana de Miguel aún faltaba.
Así pues el arco narrativo transporta al espectador al departamento de Nariño, dejando así de ser una escena de segundos en el tráiler, a pasar a ser el centro del fin de este filme y sobre todo pasa a ser el punto argumentativo para encontrar a Rocío.
Rocío es ubicada en zona guerrillera, entonces Ballard es confrontado una vez más a dejar algo para ir por una niña, está vez abandonando la parcial seguridad de las ciudades y la protección estatal colombiana, para adentrarse en la jungla; aquí la escena en el río Guaitará, se hace cargo justo de esto, pues mientras Ballard es llevado por el frente guerrillero infiltrándose en el campamento como supuesto médico con vacunas, su compañero de misión es dejado a medio río, a medio camino de la misión.
Es justo esta carga semiótica la que proporciona fuerza a esta película, pues el personaje de Ballard, más de una vez se ve obligado a dejar algo y a atreverse a tomar riesgos fuera de los límites establecidos; esta dualidad incluso brinda la oportunidad para analizar las líneas grises que atraviesa el personaje, en cuanto a moralidad debe hablarse.
El anhelado encuentro entre Ballard y Rocío se da, y es un signo gráfico el que permite esto, un tatuaje en la nuca de la niña que ya era una constante en esta red tráfico para marcar a los niños; y el suspenso es máximo, pues la cámara ya subjetiva para estas alturas de la película, ubica al espectador en la perspectiva propia del ex agente, ante una niña con un pequeño tatuaje, Ballard la llama –Rocío- y es aquella escena, la de esa niña que sufrió inimaginables flagelos, girando para ver a los ojos de Ballard, a los ojos de la audiencia, el cuadro que mantiene en vilo al teatro expectante.
El día con el ex agente transcurre mirando unas decenas de niños en los procesos del laboratorio de coca, muchos de ellos posiblemente reclutados forzosamente, uno de los otros problemas del conflicto colombiano, hasta que en la noche es cuando Ballard decide sólo, rescatar a Rocío en plena zona roja.
El final de la historia llega en la noche, cuándo Ballard pelea cuerpo a cuerpo con el líder del bloque guerrillero, pues Rocío se había convertido en la mujer del capo, una que huye en medio del cuerpo ya sin vida de quién fue su carcelero, atravesando el Guaitará, ahí su padre y su hermano, ahí el ‘Sonido de la Libertad’.

