Las autoridades ambientales de Ecuador mantienen una intervención constante para contener la expansión de plantas introducidas que amenazan algunos de los ecosistemas más frágiles de las islas Galápagos. En las zonas altas de Santa Cruz, donde sobreviven importantes remanentes de bosque de Scalesia, los guardaparques trabajan mediante controles manuales y mecánicos para reducir especies invasoras como la mora, el sauco y otras plantas introducidas.
El trabajo forma parte de una estrategia de manejo que busca evitar que las especies exóticas desplacen a la vegetación nativa y endémica. La Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG), con apoyo científico de la Fundación Charles Darwin, lleva años desarrollando acciones de monitoreo, control y restauración en diferentes sectores del archipiélago.
Una amenaza que avanza entre los bosques de las zonas altas
Galápagos es reconocido mundialmente por su biodiversidad y por la gran cantidad de especies que evolucionaron de manera aislada durante miles de años. Esa particularidad también hace que sus ecosistemas sean especialmente vulnerables a organismos introducidos desde otras regiones.
De acuerdo con el Parque Nacional Galápagos, se han registrado más de 1.400 especies de plantas y animales exóticos en el archipiélago. No todas representan una amenaza: algunas tienen usos agrícolas u ornamentales y no se comportan como invasoras. Sin embargo, un grupo sí puede propagarse rápidamente y modificar los ecosistemas, razón por la cual las autoridades priorizan aquellas especies que producen mayores impactos.
Entre ellas se encuentra la mora (Rubus niveus), una de las plantas invasoras más problemáticas de las zonas altas. La Fundación Charles Darwin señala que esta especie puede formar masas densas de vegetación, desplazar plantas nativas y afectar particularmente los bosques de Scalesia.
La mora, uno de los principales objetivos
La presencia de Rubus niveus en Galápagos tiene varias décadas. Los registros científicos indican que fue introducida en 1968, inicialmente de manera intencional para actividades relacionadas con la agricultura y horticultura.
Desde entonces, la planta se ha naturalizado y extendido por diferentes sectores. Puede alcanzar varios metros de altura, crecer rápidamente y reproducirse mediante semillas y también de manera vegetativa. Sus frutos son dispersados por animales y aves, mientras que las semillas pueden permanecer viables en el suelo durante al menos cuatro años.
Esta capacidad de reproducción convierte su eliminación en un proceso especialmente complejo. Retirar únicamente la parte visible de una planta no garantiza que desaparezca, por lo que los trabajos de control requieren seguimiento periódico y la eliminación de nuevos brotes.
En Los Gemelos, uno de los sectores de mayor importancia ecológica de la parte alta de Santa Cruz, los guardaparques realizan controles manuales y mecánicos para impedir que la mora continúe expandiéndose.
¿Por qué es tan importante proteger el bosque de Scalesia?
El problema trasciende la presencia de una planta determinada. Los bosques de Scalesia constituyen uno de los ecosistemas característicos de las zonas húmedas y altas de Santa Cruz.
La especie Scalesia pedunculata, conocida como árbol de margarita gigante, es endémica de Galápagos. Históricamente, este tipo de bosque ocupaba unas 10.000 hectáreas, pero la expansión agrícola y la presencia de especies introducidas han reducido drásticamente su distribución.
Según la Fundación Charles Darwin, actualmente queda alrededor del 3 % de su distribución histórica, unas 300 hectáreas.
La pérdida de estos bosques también implica una reducción del hábitat disponible para otros organismos. El bosque de Scalesia alberga numerosas especies de plantas, aves, insectos y otros organismos, incluidos algunos que son exclusivos de Galápagos.
Por eso, controlar las plantas invasoras no consiste simplemente en retirar maleza: se trata de conservar una red ecológica completa.
El control manual es una herramienta clave
En sectores de alto valor ecológico, las autoridades han recurrido al control manual para retirar plantas introducidas y reducir el riesgo de afectar especies que no son objetivo de la intervención.
En Los Gemelos, por ejemplo, la Dirección del Parque Nacional Galápagos ha informado que el control de especies como la mora se realiza de manera manual y mecánica. En otros sectores del mismo bosque también se ha evitado el uso de agroquímicos debido a la importancia ecológica del lugar.
Los trabajos requieren que los guardaparques puedan identificar las plantas invasoras y diferenciarlas de las especies nativas y endémicas. Posteriormente se retiran los ejemplares y se realizan controles posteriores para detectar nuevos brotes.
La razón es sencilla: una intervención aislada no necesariamente elimina una población invasora.
La evidencia científica respalda el manejo
La importancia de estas intervenciones también ha sido evaluada mediante investigaciones de largo plazo.
Un estudio realizado en Santa Cruz entre 2014 y 2023 analizó durante una década parcelas permanentes donde se compararon áreas con control de especies invasoras y áreas sin intervención. La investigación se concentró, entre otras especies, en la mora (Rubus niveus), el sauco (Cestrum auriculatum) y Tradescantia fluminensis.
Los resultados fueron significativos: en las parcelas donde se retiraron las plantas invasoras, la cobertura de especies endémicas aumentó 37 %, mientras que en las parcelas invadidas disminuyó 65 % durante el período estudiado.
Los datos muestran que el control puede contribuir a que la vegetación nativa tenga mejores condiciones para recuperarse. Sin embargo, también evidencian que el problema requiere continuidad y monitoreo.
Una tarea que va más allá de una sola especie
Aunque la mora es uno de los principales objetivos, no es la única planta introducida que requiere atención.
La Fundación Charles Darwin identifica también especies como la quinina o cascarilla (Cinchona pubescens), la guayaba (Psidium guajava) y el cedro cubano (Cedrela odorata) entre las plantas introducidas que pueden generar impactos sobre los ecosistemas de Galápagos.
La situación obliga a las autoridades a establecer prioridades. El Parque Nacional Galápagos reconoce que eliminar completamente todas las especies exóticas presentes en el archipiélago no es una posibilidad realista. Por ello, la estrategia se centra en prevenir nuevas introducciones y controlar o erradicar aquellas especies que generan los mayores daños.
Restaurar el hábitat también significa proteger a los animales
El control de las plantas invasoras tiene consecuencias directas sobre la fauna.
Un ejemplo se encuentra en el pájaro brujo de Santa Cruz (Pyrocephalus nanus), una especie endémica cuya población en la parte alta de Santa Cruz se estima en unas 40 parejas reproductoras. La DPNG y la Fundación Charles Darwin han desarrollado acciones para recuperar su hábitat y controlar especies introducidas como la mora, el sauco y la cascarilla.
Las plantas invasoras pueden modificar la estructura de la vegetación, impedir el crecimiento de especies nativas y alterar los lugares donde los animales encuentran alimento o refugio. Por esa razón, el manejo de la flora introducida es también una herramienta de conservación de la fauna.
Una batalla que requiere años de seguimiento
Uno de los mayores desafíos para las brigadas y los científicos es que las especies invasoras no desaparecen necesariamente después de una primera jornada de limpieza.
La mora, por ejemplo, combina una rápida expansión con una importante capacidad reproductiva. Sus semillas pueden permanecer en el suelo durante años y la planta puede volver a desarrollarse a partir de ramas que entran en contacto con el terreno.
Esto obliga a mantener controles periódicos y a complementar las intervenciones con monitoreo científico. El objetivo no es solamente retirar las plantas que ya están presentes, sino impedir que vuelvan a establecerse y permitir que las especies nativas recuperen progresivamente el espacio.
La experiencia de Galápagos demuestra que la conservación de un ecosistema insular exige paciencia, conocimiento científico y trabajo constante.
Galápagos busca recuperar sus ecosistemas sin perder su equilibrio
Las acciones desarrolladas en las zonas altas de Santa Cruz forman parte de un esfuerzo de conservación mucho más amplio. En diferentes islas, los guardaparques también controlan plantas y animales introducidos que representan amenazas para especies nativas y endémicas.
En Isabela, por ejemplo, se han realizado controles de mora, guayaba y Lantana camara en sectores como Sierra Negra y Cerro Grande. En San Cristóbal, las autoridades han intervenido plantas introducidas alrededor de zonas de anidación del petrel de Galápagos.
El objetivo final es mantener la integridad de los ecosistemas y permitir que las especies propias del archipiélago vuelvan a ocupar los espacios que han sido alterados.
En este contexto, el Control de Especies Exóticas se convierte en una de las herramientas fundamentales para preservar la biodiversidad de Galápagos. La lucha contra las plantas invasoras no tiene una solución inmediata, pero el monitoreo constante, la eliminación selectiva y la restauración ecológica ofrecen una vía para reducir su impacto y conservar uno de los territorios naturales más singulares del planeta.


