La batalla invisible de las viñas: insectos y ácaros beneficiosos contra las plagas

Chile ha desarrollado durante décadas distintas estrategias de control biológico para proteger sus cultivos. En los viñedos de la zona central, una de las alternativas más estudiadas consiste en utilizar ácaros depredadores para mantener bajo control a especies que pueden afectar las hojas y brotes de la vid. Aunque la idea no significa que todos los viñedos hayan abandonado los plaguicidas químicos, sí representa una herramienta importante dentro del manejo integrado de plagas y una vía para disminuir la dependencia de determinados tratamientos.

En los extensos campos agrícolas de la zona central de Chile existe una batalla que ocurre prácticamente fuera de la vista humana. Sobre las hojas de las plantas de vid se encuentran pequeños artrópodos que pueden beneficiar al cultivo y otros que, cuando alcanzan determinadas poblaciones, pueden generar daños económicos.

La respuesta tradicional frente a estas amenazas ha sido recurrir a productos químicos. Sin embargo, Chile lleva varias décadas desarrollando alternativas basadas en los propios enemigos naturales de las plagas. Entre ellas destaca el uso de ácaros depredadores de la familia Phytoseiidae, conocidos como fitoseidos.

Uno de los casos más estudiados es Neoseiulus californicus, un diminuto depredador capaz de alimentarse de diferentes ácaros fitófagos. Investigaciones realizadas en el Valle Central analizaron precisamente la posibilidad de liberar estos organismos en viñedos para controlar poblaciones de la llamada falsa arañita de la vid, Brevipalpus chilensis.

Una alternativa que Chile lleva décadas desarrollando

El control biológico no es una práctica completamente nueva para la agricultura chilena. Sus antecedentes se remontan a comienzos del siglo XX y, con el paso del tiempo, se desarrollaron programas destinados a introducir, conservar y utilizar organismos capaces de reducir naturalmente las poblaciones de diferentes plagas.

La zona central tuvo un papel importante en este proceso. Los primeros programas de control integrado se desarrollaron principalmente en cultivos frutales, y posteriormente las investigaciones se ampliaron hacia otros sistemas agrícolas.

En el caso específico de los viñedos, el interés se concentró especialmente en los ácaros fitófagos. Estos organismos pueden ser extremadamente pequeños, pero cuando sus poblaciones aumentan pueden afectar el funcionamiento de las hojas y el desarrollo de la planta.

Por eso, en lugar de esperar a que la plaga alcance niveles elevados y aplicar automáticamente un producto químico, el manejo biológico busca detectar el problema, conocer la población presente y aprovechar los organismos que naturalmente atacan a la plaga.

¿Qué es exactamente el control biológico?

El control biológico de plagas consiste en utilizar organismos vivos —o favorecer su presencia— para reducir las poblaciones de organismos que afectan a un cultivo.

En los viñedos estudiados en Chile, esto puede significar liberar o conservar ácaros depredadores que se alimentan de los ácaros perjudiciales.

La diferencia es importante: no se trata simplemente de «reemplazar un insecticida por insectos». El proceso requiere conocer qué plaga está presente, qué enemigo natural puede controlarla, en qué momento debe utilizarse y qué condiciones del cultivo permiten que el depredador sobreviva.

Investigaciones chilenas sobre Neoseiulus californicus desarrollaron técnicas para su crianza y estudiaron su liberación durante la primavera, cuando comienzan a aparecer poblaciones de las plagas objetivo.

El caso de Neoseiulus californicus

Neoseiulus californicus es un ácaro depredador perteneciente a la familia Phytoseiidae. A diferencia de los ácaros que se alimentan de los tejidos vegetales, este organismo busca y consume otros pequeños artrópodos.

En Chile ha sido estudiado como enemigo natural de distintas especies de ácaros fitófagos, entre ellas Brevipalpus chilensis, Panonychus ulmi y Tetranychus urticae. El propio SAG incluye a N. californicus entre los organismos utilizados como control biológico y reconoce su relación con varias de estas plagas.

En una investigación realizada en la zona central se evaluó la inoculación primaveral de este depredador en viñedos. Los resultados reportados señalaron que una liberación de 100 depredadores por planta madura contribuyó a mantener a Brevipalpus chilensis por debajo del umbral de daño económico en el estudio realizado sobre Cabernet Sauvignon.

Este dato resulta especialmente interesante porque muestra que el objetivo del biocontrol no necesariamente consiste en eliminar por completo todos los organismos considerados plaga. El propósito puede ser mantener su población por debajo del nivel en el que ocasiona un daño económicamente significativo.

La «falsa arañita de la vid»: el enemigo que se busca controlar

Uno de los principales protagonistas de estas investigaciones es Brevipalpus chilensis, conocida como falsa arañita de la vid.

Este ácaro puede encontrarse asociado a los viñedos y es particularmente importante para Chile debido también a sus implicaciones fitosanitarias y cuarentenarias. De hecho, investigaciones realizadas en el país han estudiado específicamente la relación entre esta especie y diferentes fitoseidos presentes en los viñedos.

La presencia de la plaga no significa automáticamente que una plantación vaya a sufrir pérdidas. Como ocurre con muchos problemas agrícolas, el impacto depende de factores como la población existente, el estado de la planta, las condiciones ambientales y la presencia de enemigos naturales.

Por esta razón, el monitoreo es una pieza fundamental.

El agricultor necesita conocer qué organismos están presentes y en qué cantidad antes de decidir si es necesario intervenir. De esta forma, el control biológico se integra con otras herramientas en lugar de funcionar como una solución aislada.

No se trata simplemente de eliminar los plaguicidas

Aquí existe un punto importante para entender correctamente el fenómeno.

Es impreciso afirmar que los viñedos de la zona central de Chile hayan sustituido de manera generalizada todos los plaguicidas químicos por insectos depredadores. La evidencia disponible muestra más bien el desarrollo y utilización del control biológico como una herramienta dentro del manejo integrado de plagas.

De hecho, investigaciones chilenas señalan que determinadas aplicaciones químicas pueden perjudicar a los propios organismos beneficiosos. En particular, se ha estudiado el efecto negativo de aplicaciones de azufre sobre poblaciones de Neoseiulus californicus.

Esto genera un desafío para el agricultor: si se quiere aprovechar a los enemigos naturales, las aplicaciones deben planificarse cuidadosamente para no destruir justamente a los organismos que se necesitan para controlar la plaga.

Por eso, el manejo integrado combina diferentes estrategias: monitoreo, control biológico, prácticas culturales y, cuando resulta necesario, productos fitosanitarios seleccionados y utilizados de manera responsable.

Una estrategia que también depende del equilibrio del ecosistema

El control biológico funciona mejor cuando existe un ambiente que permite la supervivencia y reproducción de los enemigos naturales.

En los cultivos permanentes, como los viñedos, pueden existir poblaciones naturales de fitoseidos. Sin embargo, su número puede disminuir por diferentes factores, especialmente por intervenciones que afectan indiscriminadamente a los organismos presentes en el cultivo.

Investigaciones desarrolladas en el Valle Central han señalado la importancia de proteger y aprovechar las poblaciones naturales de estos depredadores, además de prestar atención a aspectos como la humedad, el polvo sobre las hojas y el estado nutricional de la plantación.

Esto cambia la lógica tradicional del control de plagas. En lugar de observar el campo únicamente desde la perspectiva de «cultivo contra plaga», se considera todo el sistema: vid, plaga, depredador, clima, manejo agrícola y productos utilizados.

Chile ya cuenta con organismos de control biológico autorizados

La utilización de enemigos naturales tampoco ocurre fuera de un marco regulatorio.

El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) mantiene mecanismos de evaluación y autorización relacionados con organismos utilizados en control biológico. En documentación oficial aparecen especies como Neoseiulus californicus, Neoseiulus cucumeris, Phytoseiulus persimilis, Amblyseius fructicolus y otros organismos utilizados contra diferentes plagas agrícolas.

Además, una resolución del SAG publicada en 2025 reconoce instalaciones de producción autorizadas para determinados agentes de control biológico destinados a Chile. Entre ellos se encuentra Neoseiulus californicus. El organismo también señala que, según las evaluaciones disponibles, las especies autorizadas en ese caso no presentarían un riesgo para el equilibrio ecológico y el patrimonio ambiental del país.

Esto es relevante porque introducir organismos vivos en un ecosistema agrícola requiere precauciones. No cualquier especie puede liberarse sin evaluación previa.

Más allá de los ácaros: un sistema de control mucho más amplio

Aunque el caso de los fitoseidos es particularmente interesante para las plagas de ácaros en la vid, el control biológico en Chile es mucho más amplio.

Existen organismos utilizados para combatir pulgones, trips, moscas blancas, insectos escama y otras plagas. Los registros del SAG incluyen parasitoides, depredadores y otros agentes de control biológico.

Esto demuestra que la estrategia no consiste en buscar un único «insecto milagroso», sino en seleccionar el organismo adecuado para cada problema.

En algunos casos, incluso se utilizan especies de insectos depredadores. Por ejemplo, investigaciones en Chile han estudiado microcoleópteros como Parastethorus histrio y Oligota pygmaea, capaces de alimentarse de ácaros fitófagos.

Por tanto, hablar de «insectos depredadores» es una simplificación: muchos de los organismos utilizados son realmente ácaros depredadores, parasitoides u otros artrópodos beneficiosos.

¿Cuáles son las ventajas?

Uno de los principales atractivos del control biológico es la posibilidad de disminuir la presión sobre el ecosistema agrícola.

Cuando un enemigo natural consigue establecerse y mantenerse en el cultivo, puede ejercer control durante periodos prolongados. En determinadas circunstancias, esto puede reducir la necesidad de realizar tratamientos repetidos.

También existe un beneficio potencial relacionado con la resistencia de las plagas. El uso repetido de determinados productos químicos puede favorecer la aparición de poblaciones resistentes, mientras que el control biológico introduce una relación ecológica diferente entre depredador y presa.

Además, para una industria como la vitivinícola, donde la calidad y las exigencias fitosanitarias de los mercados de exportación son fundamentales, reducir determinadas intervenciones químicas puede ser una ventaja dentro de programas de producción más sostenibles.

Pero el biocontrol también tiene dificultades

El control biológico no es una solución automática.

Una de sus principales dificultades es que los organismos vivos dependen de las condiciones ambientales. Temperatura, humedad, disponibilidad de alimento y características de la planta pueden determinar si un depredador logra establecerse.

La selección también es compleja. Una especie puede ser muy eficaz contra determinada plaga en un cultivo, pero funcionar peor en otro. Investigaciones sobre control biológico en Chile han demostrado precisamente que factores propios de las plantas pueden afectar la supervivencia y eficiencia de los enemigos naturales.

A esto se suma el costo de producir, transportar y liberar organismos en grandes cantidades. Los proyectos chilenos han trabajado precisamente en desarrollar métodos de crianza masiva que sean suficientemente sencillos y económicos para los productores.

El desafío de combinar tecnología y naturaleza

El futuro del control de plagas no necesariamente apunta a escoger entre productos químicos o enemigos naturales como si fueran opciones completamente opuestas.

La tendencia es avanzar hacia sistemas de manejo integrado de plagas, donde diferentes herramientas se utilizan según la situación concreta.

El agricultor puede monitorear las poblaciones, identificar correctamente la especie presente, determinar si supera un umbral de intervención y posteriormente decidir qué herramienta resulta más apropiada.

En ese escenario, un ácaro microscópico puede convertirse en una pieza importante de una estrategia agrícola mucho más grande.

Chile ya cuenta con experiencia acumulada en esta materia y con organismos de control biológico reconocidos por sus autoridades fitosanitarias. La investigación realizada en sus viñedos demuestra que el concepto no es solamente una idea teórica: existen ensayos de campo, métodos de crianza, experiencias de liberación y resultados que han permitido avanzar hacia un manejo más preciso de determinadas plagas.

Una batalla invisible con consecuencias económicas

Los viñedos de la zona central chilena muestran cómo la agricultura moderna puede aprovechar relaciones que ya existen en la naturaleza.

En lugar de considerar a todos los pequeños artrópodos como enemigos, el control biológico busca distinguir entre los que causan daño y aquellos que pueden ayudar a mantenerlos bajo control.

El caso de Neoseiulus californicus y otros fitoseidos demuestra que organismos de apenas unos cientos de micrómetros pueden tener importancia dentro de una producción agrícola de gran escala. Al mismo tiempo, la experiencia chilena deja claro que el éxito depende del conocimiento científico, el monitoreo y una aplicación cuidadosamente planificada.

Más que una sustitución absoluta de los plaguicidas químicos, el biocontrol representa una transformación en la manera de entender el manejo de los cultivos: pasar de reaccionar frente a una plaga cuando el daño ya está presente a gestionar todo un ecosistema agrícola para mantenerla bajo control.

En las viñas de Chile, esa estrategia lleva años desarrollándose y continúa ofreciendo una alternativa para reducir la presión de determinadas plagas, proteger organismos beneficiosos y avanzar hacia modelos de producción agrícola más sostenibles.

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