La contaminación por plásticos se ha convertido en una de las amenazas ambientales más graves para Colombia. Bolsas, botellas, empaques y residuos de todo tipo terminan acumulándose en ríos, mares y suelos, afectando ecosistemas estratégicos y generando impactos directos sobre la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la salud humana.
De acuerdo con un informe de la Plataforma Nacional de Acción sobre Plásticos (NPAP Colombia), cada año alrededor de 31.000 toneladas de residuos plásticos contaminan ecosistemas acuáticos en el país. Esta cifra refleja la presión creciente sobre manglares, humedales, playas, arrecifes y ríos que sostienen gran parte del equilibrio ambiental y económico de diversas regiones.
El estudio también advierte que cerca de 98.000 toneladas de plásticos contaminan los suelos y otras 202.000 toneladas son quemadas a cielo abierto, una práctica ilegal que aún persiste en varios territorios. Este manejo inadecuado de residuos no solo deteriora el ambiente, sino que también impacta actividades esenciales como la pesca, el turismo y el abastecimiento de agua.
Las macrocuencas Magdalena-Cauca, Caribe y Pacífico aparecen como las más afectadas, debido a la alta acumulación de residuos y la vulnerabilidad de sus ecosistemas. En estas zonas, los desechos plásticos terminan afectando manglares, arrecifes coralinos y playas, con consecuencias directas para las comunidades que dependen de estos recursos.
El informe también identificó impactos en al menos 52 especies de peces, además de afectaciones en abejas, moluscos y otras especies clave para el equilibrio ecológico. La presencia de microplásticos en la cadena alimentaria representa un riesgo creciente para la salud humana.
Los expertos destacan la necesidad de fortalecer el monitoreo ambiental, mejorar la gestión de residuos y avanzar hacia estrategias de reducción de plásticos que permitan mitigar esta crisis hacia el año 2040, antes de que sus efectos sean irreversibles.


