Constructores de ciudad-región: líderes que creen en lo nuestro

Constructor representante de Dos Constructores SAS, vicepresidente de Camacol Nariño y miembro ante la junta nacional de Camacol. Actualmente está construyendo el proyecto céntrico, una nueva propuesta para construir bienestar y generar empleo

En tiempos de incertidumbre económica, hay personas que se convierten en motores silenciosos del desarrollo. Desde diversos sectores la medicina, la ingeniería, el comercio o el arte, la cultura, hay líderes que no solo resisten, sino que actúan con visión, compromiso y sentido de pertenencia. Son hombres y mujeres que, con cada acción, ayudan a construir ciudad y región, apostando por el crecimiento colectivo en lugar de rendirse al pesimismo. Hoy destacamos a uno de ellos.

Juan Carlos Cuéllar Arévalo: un constructor de futuro

En tiempos donde edificar se ha vuelto más que un oficio, una forma de resistencia y Detrás del casco y las botas, más allá de los planos y del concreto, hay un hombre que entiende que construir es, ante todo, un acto de amor por su gente. El representante de Dos Constructores SAS, actual vicepresidente de Camacol Nariño y delegado ante la junta nacional, no ve en la construcción solo un negocio. Para él, cada proyecto es una oportunidad de transformar vidas, de dar trabajo digno, de devolverle a Nariño la confianza en sí misma.

Su día empieza temprano, muchas veces con conversaciones sinceras en la obra, escuchando a quienes hacen realidad los sueños de ciudad: los obreros, los técnicos, los maestros de obra. No hay distancia entre su cargo y su humanidad. Le duele el desempleo, le conmueve ver cómo una familia recibe las llaves de su primer hogar, se emociona con cada logro que surge del esfuerzo colectivo. No construye metros cuadrados, construye comunidad.

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Su más reciente apuesta, el proyecto Céntrico, es mucho más que un conjunto habitacional: es una declaración de principios. Es la certeza de que se puede crecer sin perder el arraigo, generar empleo sin sacrificar la ética, y ofrecer bienestar sin renunciar a la belleza. En un momento en que el país vive tanta incertidumbre, él sigue apostando por su tierra, con una fe profunda en que vale la pena seguir sembrando, aun si el terreno parece hostil.

Ser constructor en Nariño no es fácil. Pero cuando se tiene una causa clara, cuando se cree en la gente, cuando se lidera con el corazón, cada muro levantado lleva algo del alma. Y eso, en estos tiempos, vale más que el concreto.