Una respuesta local frente a la degradación de la tierra
En el Sahel, una de las regiones más vulnerables de África frente a la degradación de los suelos, comunidades rurales están demostrando que algunas de las herramientas más eficaces para recuperar tierras no necesariamente requieren grandes infraestructuras. Cordones de piedra construidos siguiendo las curvas del terreno, pequeñas zanjas, hoyos de plantación conocidos como zaï y estructuras en forma de media luna permiten aprovechar mejor las lluvias, reducir la erosión y devolver productividad a terrenos que habían perdido buena parte de su capacidad agrícola.
La cifra de más de 10.000 hectáreas recuperadas aparece documentada en experiencias de restauración y conservación de tierras en África occidental. Sin embargo, es importante precisar el contexto: no se trata necesariamente de un único proyecto reciente que haya recuperado 10.000 hectáreas en todo el Sahel. Un estudio sobre intervenciones apoyadas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA/WFP) en Burkina Faso y Níger recoge el testimonio de un participante que atribuye a estas intervenciones la rehabilitación de unas 10.000 hectáreas mediante técnicas como los zaï, las medias lunas, los cordones de piedra y la reforestación.
Además, experiencias anteriores en Mali documentaron el uso de cordones de piedra en más de 10.000 hectáreas distribuidas entre cientos de comunidades. Por ello, la cifra debe entenderse dentro de un proceso más amplio de restauración de tierras que lleva décadas desarrollándose en distintos países de África occidental.
El problema: cuando la lluvia llega, pero el suelo no puede aprovecharla
El Sahel es una extensa franja semiárida situada al sur del desierto del Sahara. En países como Burkina Faso, Mali y Níger, una parte importante de la agricultura depende directamente de las lluvias estacionales.
El problema no es solamente la cantidad de lluvia disponible. También importa qué sucede cuando esa lluvia llega al suelo.
En terrenos degradados puede formarse una superficie endurecida que dificulta la infiltración. Cuando se producen precipitaciones intensas, el agua puede desplazarse rápidamente sobre el terreno, arrastrando partículas de suelo y materia orgánica en lugar de penetrar hasta las raíces de los cultivos.
La combinación de erosión, variabilidad climática, presión sobre la tierra y pérdida de fertilidad puede convertir antiguos terrenos agrícolas en superficies cada vez menos productivas.
Por eso, muchas de las estrategias desarrolladas por las comunidades del Sahel tienen un objetivo sencillo: hacer que el agua permanezca más tiempo en el terreno.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) documenta desde hace décadas el uso de técnicas de captación de agua y conservación del suelo en la región, especialmente en Burkina Faso.
Los cordones de piedra: una barrera sencilla para frenar el agua
Una de las técnicas más conocidas son los llamados cordones de piedra o stone bunds. Consisten en colocar piedras formando líneas aproximadamente paralelas a las curvas de nivel del terreno.
No funcionan como un muro impermeable. Su objetivo es disminuir la velocidad del agua que corre sobre el suelo y favorecer que esta se distribuya y se infiltre.
Al mismo tiempo, las piedras ayudan a retener sedimentos y materia orgánica que de otra manera serían arrastrados por la escorrentía.
La FAO señala que estos cordones permiten ralentizar y filtrar la escorrentía, aumentar la infiltración y capturar sedimentos. La técnica es particularmente apropiada para pequeñas explotaciones agrícolas y puede construirse utilizando materiales disponibles localmente cuando existe suficiente disponibilidad de piedra.
En proyectos documentados por la FAO en Burkina Faso, los cordones se construyen siguiendo las curvas del terreno y pueden complementarse con vegetación. En determinadas condiciones, se colocan aproximadamente entre 15 y 30 metros de separación, aunque las dimensiones y distancias dependen del terreno, la disponibilidad de piedra, la pendiente y la cantidad de trabajo disponible.
La técnica tampoco es completamente nueva. La FAO describe cómo proyectos desarrollados en Burkina Faso tomaron como punto de partida prácticas tradicionales de colocación de piedras y las combinaron con métodos de medición de las curvas de nivel para hacerlas más eficientes.
El zaï: pequeños hoyos que convierten la lluvia en una oportunidad
Otra práctica fundamental es el zaï, un sistema tradicional de pequeños hoyos excavados en el suelo antes de la temporada de lluvias.
Estos hoyos pueden recibir agua de escorrentía, sedimentos y materia orgánica. Los agricultores también pueden incorporar estiércol o compost para aumentar la fertilidad alrededor de las plantas.
La idea es concentrar en un pequeño espacio dos elementos esenciales para la agricultura en ambientes secos: agua y nutrientes.
La FAO documenta que los zaï se utilizan en combinación con los cordones de piedra y que pueden ayudar a rehabilitar terrenos degradados. En los sistemas documentados, los hoyos suelen tener alrededor de 30 centímetros de diámetro y entre 15 y 20 centímetros de profundidad.
Su importancia radica en que permiten cultivar lugares donde la superficie del suelo se había vuelto demasiado dura o poco productiva.
Investigaciones realizadas en Burkina Faso también han encontrado mejoras en la infiltración del agua y en las propiedades del suelo cuando se utilizan sistemas de zaï, especialmente cuando se combinan con hileras de piedras.
Las medias lunas y otras formas de capturar el agua
Los cordones de piedra y los zaï no son las únicas herramientas.
Otra técnica utilizada en el Sahel es la construcción de medias lunas, pequeñas estructuras semicirculares que crean zonas donde el agua de lluvia puede acumularse temporalmente e infiltrarse.
La lógica es similar: reducir la velocidad de la escorrentía y aumentar la cantidad de agua disponible para la vegetación.
El sistema se ha incorporado a distintos programas de restauración junto con los zaï, los cordones de piedra, la reforestación y otras prácticas de manejo sostenible de la tierra. El PMA documenta que estas intervenciones han permitido a comunidades recuperar terrenos anteriormente considerados difíciles o imposibles de cultivar.
La combinación de técnicas es importante porque ningún método funciona exactamente igual en todos los terrenos. La propia FAO advierte que las técnicas de conservación deben adaptarse a las condiciones locales, ya que factores como la pendiente, el tipo de suelo, la disponibilidad de piedras y las prácticas ganaderas pueden determinar su eficacia.
De tierra degradada a terreno productivo
La recuperación no consiste simplemente en colocar piedras.
En muchos proyectos, las estructuras físicas se combinan con materia orgánica, árboles, arbustos, pastos y otras prácticas agrícolas.
Una vez que el agua comienza a infiltrarse con mayor facilidad y los sedimentos quedan retenidos, las condiciones pueden mejorar progresivamente. La vegetación puede establecerse con mayor facilidad, sus raíces ayudan a estabilizar el suelo y la materia vegetal aporta nuevos residuos orgánicos.
La UNCCD ha documentado en Burkina Faso la utilización conjunta de cordones de piedra, medias lunas, zanjas y zaï, junto con árboles, arbustos y pastos. Estas prácticas buscan crear mejores condiciones de humedad, conservar el suelo y favorecer la recuperación de la cobertura vegetal.
Este enfoque también ayuda a explicar por qué la restauración de tierras puede tener efectos que van más allá del medio ambiente.
Un suelo más productivo significa mayores posibilidades de obtener alimentos, mantener ganado, generar ingresos y reducir la presión sobre nuevas tierras.
El papel de las comunidades es fundamental
Uno de los aspectos más importantes de estas experiencias es que la recuperación no depende exclusivamente de maquinaria o grandes obras.
Las comunidades participan en la construcción, mantenimiento y adaptación de las técnicas a sus propios terrenos. En algunos proyectos, además, se capacita a agricultores y grupos locales para que puedan continuar aplicando los métodos después de la intervención inicial.
La FAO ha documentado proyectos en Burkina Faso y Níger donde las comunidades rurales recibieron capacitación y apoyo para aplicar técnicas de restauración de bosques, paisajes y tierras agrícolas. En una de estas iniciativas se realizaron trabajos de restauración en cientos de hectáreas y se formaron grupos locales en técnicas como las medias lunas y los cordones de piedra.
Esta participación resulta especialmente importante porque las técnicas requieren mantenimiento y trabajo constante. Las piedras pueden desplazarse, algunas zonas pueden acumular demasiados sedimentos y los sistemas deben adaptarse a las características de cada terreno.
Una estrategia con resultados, pero no una solución milagrosa
Los resultados disponibles respaldan el valor de estas prácticas, pero no significa que cualquier terreno pueda recuperarse de manera automática.
Una revisión sistemática publicada en 2026 encontró evidencia de que técnicas como los zaï, los cordones de piedra y las medias lunas pueden aumentar los rendimientos agrícolas y mejorar la conservación de agua y suelo en distintos contextos del Sahel. La revisión también señala que su éxito depende de factores institucionales, económicos, técnicos y de participación de las comunidades.
También existen limitaciones prácticas.
La construcción de cordones de piedra requiere una gran cantidad de trabajo físico y puede resultar costosa cuando las piedras deben transportarse desde lugares alejados. Además, no todas las zonas disponen de suficientes piedras ni presentan las condiciones topográficas necesarias.
Por ello, la restauración efectiva suele requerir una combinación de conocimiento local, capacitación técnica, disponibilidad de materiales, organización comunitaria y seguimiento a largo plazo.
Una alternativa frente a la desertificación
La recuperación de tierras degradadas en el Sahel forma parte de un desafío mucho mayor.
La región enfrenta una combinación de degradación de los suelos, variabilidad climática, presión sobre los recursos naturales y dificultades económicas que afectan directamente a millones de personas cuya alimentación y medios de vida dependen de la agricultura y la ganadería.
En este contexto, la restauración de los suelos puede convertirse también en una estrategia de adaptación climática.
El objetivo no es detener físicamente al Sahara ni construir una barrera que impida que el desierto avance. Se trata de recuperar la capacidad de los ecosistemas para almacenar agua, sostener vegetación y producir alimentos.
La UNCCD, por ejemplo, ha respaldado proyectos regionales de restauración en el Sahel que buscan recuperar decenas de miles de hectáreas y generar beneficios para las comunidades rurales mediante la mejora de la producción agrícola, la seguridad alimentaria y la resiliencia frente al cambio climático.
Una lección que nace del conocimiento local
La historia de estas técnicas también cuestiona una idea frecuente: que las soluciones para enfrentar la degradación ambiental siempre deben proceder de tecnologías nuevas o de grandes inversiones.
En el Sahel, muchas de las herramientas que actualmente reciben atención internacional tienen raíces profundas en el conocimiento agrícola local.
Los proyectos modernos han contribuido a perfeccionar la ubicación de las estructuras, medir las curvas de nivel, combinar diferentes técnicas y evaluar científicamente sus resultados. Pero la base de muchas de estas prácticas procede de agricultores que durante generaciones aprendieron a trabajar con cantidades limitadas e impredecibles de agua.
La experiencia demuestra que la restauración puede comenzar con acciones relativamente simples: ralentizar el agua, dejar que penetre en el suelo, retener los sedimentos, devolver materia orgánica a la tierra y permitir que la vegetación vuelva a establecerse.
El reto ahora es ampliar lo que funciona
La recuperación de miles de hectáreas representa un avance importante, pero el desafío continúa siendo enorme.
El verdadero éxito no dependerá solamente de cuántas hectáreas puedan rehabilitarse en un proyecto determinado, sino de que las comunidades tengan los medios para mantenerlas productivas durante años.
La experiencia acumulada en Burkina Faso, Mali y Níger muestra que las técnicas tradicionales de captación de agua pueden combinarse con conocimientos científicos y programas de restauración para hacer frente a uno de los mayores desafíos ambientales de África occidental.
Más que una única solución contra la desertificación, los cordones de piedra, los zaï, las medias lunas, la regeneración de la vegetación y otras prácticas forman parte de un mismo principio: conservar cada gota de agua y cada capa de suelo que pueda sostener la vida.
En una región donde una lluvia breve puede determinar el éxito o el fracaso de una cosecha, esa diferencia puede significar mucho más que la recuperación de un terreno. Puede representar alimentos, ingresos, biodiversidad y una mayor capacidad de las comunidades para permanecer en sus territorios frente a un clima cada vez más incierto.



