El lobo ibérico atraviesa uno de los momentos más importantes de su historia reciente. Los últimos censos disponibles muestran que la especie mantiene una presencia significativa en el noroeste de la Península Ibérica y que, en determinadas zonas históricas de España, sus poblaciones han alcanzado una situación de relativa estabilidad. Sin embargo, el panorama cambia al analizar Portugal, donde los datos oficiales más recientes apuntan a una reducción del área de distribución y a una tendencia poblacional desfavorable.
Por eso, conviene hacer una precisión sobre el planteamiento inicial de esta información: no existe un único censo reciente realizado simultáneamente en toda la Península Ibérica que permita afirmar que todas las manadas del norte de Portugal se han estabilizado. España completó su segundo censo nacional para el periodo 2021-2024, mientras que Portugal publicó los resultados de su Censo Nacional del Lobo correspondiente a 2019-2021. Ambos estudios permiten entender mejor la situación de la especie, pero presentan resultados diferentes.
En España se contabilizaron 333 manadas reproductoras, un 12 % más que las 297 registradas en el censo anterior de 2012-2014. El Ministerio para la Transición Ecológica considera que existe una situación estable a escala nacional, acompañada de un crecimiento y una expansión moderados en los límites del área de distribución. En las zonas históricas de Galicia, Asturias y Castilla y León, precisamente, se observa una estabilización de los efectivos.
Portugal presenta una realidad más compleja. Su último censo nacional detectó 58 manadas, de las cuales 56 fueron confirmadas y dos consideradas probables. Entre ellas, 51 se localizaron al norte del río Duero y una adicional fue considerada probable en esa misma zona. La población portuguesa se estima en alrededor de 300 ejemplares.
España registra estabilidad y una expansión moderada
El dato más relevante del censo español es el aumento de las manadas reproductoras. Entre 2012-2014 y 2021-2024, la cifra pasó de 297 a 333, lo que representa un incremento aproximado del 12 %. El trabajo fue desarrollado por las comunidades autónomas bajo una metodología coordinada por el Ministerio para la Transición Ecológica, con el objetivo de hacer comparables los resultados con el censo anterior.
La distribución, sin embargo, no es homogénea. Castilla y León, Galicia, Asturias y Cantabria concentran la mayor parte de la población española. Al mismo tiempo, se han observado procesos de expansión hacia territorios donde históricamente la presencia del lobo había sido menor.
El censo señala especialmente los límites orientales y meridionales del área de distribución. En esas zonas se ha producido un crecimiento moderado y han aparecido nuevos núcleos o se han consolidado presencias que anteriormente eran esporádicas.
Uno de los datos llamativos es la detección, en 2024, de una manada reproductora en Extremadura, algo que no se había registrado durante décadas. En cambio, Aragón y Cataluña continúan sin presentar manadas estables, aunque sí se han detectado ejemplares dispersantes.
Este comportamiento demuestra que la situación del lobo no puede resumirse simplemente en términos de aumento o disminución. Mientras algunas áreas experimentan expansión, otras mantienen poblaciones consolidadas y algunas regiones continúan presentando una presencia muy limitada.
¿Qué significa realmente que las manadas estén «estabilizadas»?
Hablar de estabilización no significa que la especie haya dejado de estar amenazada ni que su futuro esté garantizado.
En términos ecológicos, una población estable puede mantener durante determinado periodo un número relativamente constante de grupos reproductores sin experimentar grandes aumentos o disminuciones. También puede significar que una especie ha alcanzado un equilibrio en una zona determinada después de décadas de expansión o contracción.
El propio censo español concluye que los resultados apuntan a una situación estable en España, con expansión moderada en los límites de distribución y estabilización de los efectivos en áreas históricas como Galicia, Asturias y Castilla y León. No obstante, el Ministerio subraya que estos datos todavía deben utilizarse para determinar el estado de conservación conforme a los criterios establecidos por la Unión Europea.
Por ello, estabilidad no equivale automáticamente a recuperación completa. Para evaluar la conservación de una especie es necesario considerar otros factores, como la mortalidad, la conectividad entre poblaciones, la reproducción, la disponibilidad de presas, la fragmentación del hábitat y la diversidad genética.
Portugal muestra una tendencia diferente
El caso portugués es especialmente importante porque la mayor parte de las manadas del país se encuentra en el norte, precisamente en territorios conectados ecológicamente con las poblaciones españolas.
El Censo Nacional del Lobo 2019/2021 identificó presencia de la especie en 182 cuadrículas de 10 por 10 kilómetros, correspondientes a unos 15.700 kilómetros cuadrados. Cuando se compara con el censo de 2002-2003, la superficie en la que se detectó presencia de lobo pasó de unas 20.400 a 15.700 kilómetros cuadrados, una reducción aproximada del 23 % según la comparación de las cuadrículas censadas. El portal oficial del censo señala, además, una reducción de alrededor del 20 % en el área de presencia durante las dos décadas analizadas.
La reducción tampoco ha afectado por igual a todas las regiones.
Portugal identifica cuatro grandes núcleos poblacionales: Peneda/Gerês, Alvão/Padrela, Bragança y el núcleo situado al sur del Duero. La mayoría de las manadas se concentra al norte del río Duero, mientras que la población situada al sur es mucho más reducida.
El área de presencia disminuyó especialmente en los núcleos de Alvão/Padrela y Bragança, de acuerdo con la comparación entre los censos. Peneda/Gerês presenta una reducción menor, lo que ayuda a explicar por qué algunas zonas concretas del norte pueden mostrar una mayor persistencia de las manadas pese a que el balance nacional portugués sea negativo.
La estabilidad local no contradice el retroceso nacional
Esta diferencia es fundamental para interpretar correctamente la situación.
Una manada puede mantenerse durante años en un territorio determinado mientras, al mismo tiempo, la especie pierde presencia en otras áreas. Por esa razón, los estudios locales de seguimiento pueden detectar estabilidad en determinados grupos sin que ello implique una recuperación de toda la población nacional.
Investigaciones recientes centradas en paisajes muy humanizados del noroeste portugués han analizado precisamente la dinámica de las manadas de lobo ibérico y los factores que condicionan sus desplazamientos, reproducción y conectividad. Estos trabajos muestran que determinadas poblaciones pueden persistir en paisajes intensamente transformados, pero también enfrentan limitaciones de movimiento y conectividad.
El propio Programa Alcateia 2025-2035, aprobado por Portugal, reconoce que la situación poblacional del lobo en el país ha evolucionado de manera desfavorable y que es necesario invertir la tendencia regresiva.
Una población que no entiende de fronteras
Uno de los mayores desafíos para la conservación del lobo ibérico es que las fronteras administrativas entre España y Portugal no coinciden con los límites biológicos de la especie.
El Programa Alcateia señala que 17 de las 58 manadas detectadas en Portugal —aproximadamente el 29 %— presentan territorios transfronterizos compartidos entre Portugal y España. Esto significa que una misma población puede utilizar territorio de ambos países a lo largo de su ciclo vital.
Esta característica adquiere todavía mayor importancia cuando se estudian los movimientos de dispersión. Un ejemplar joven puede abandonar la manada en la que nació, recorrer grandes distancias y establecerse en otro territorio. En el caso del lobo ibérico, estos desplazamientos pueden atravesar fácilmente la frontera entre ambos países.
Por ello, proteger al animal exclusivamente desde una perspectiva nacional puede resultar insuficiente.
En 2026, organizaciones conservacionistas de Portugal y España han vuelto a reclamar una estrategia conjunta para la especie, precisamente debido a que muchos lobos de las manadas portuguesas del norte utilizan regularmente territorio español.
La mortalidad provocada por el ser humano sigue siendo una amenaza
La conservación del lobo ibérico no depende únicamente del número de manadas contabilizadas. La mortalidad provocada directa o indirectamente por actividades humanas continúa siendo uno de los principales problemas.
Un estudio basado en lobos equipados con collares GPS en el noroeste de Portugal encontró que el furtivismo estuvo detrás del 47 % de las muertes registradas entre los animales monitorizados, según datos correspondientes a investigaciones realizadas entre 2007 y 2017. El estudio también identificó métodos como el uso de lazos, disparos y envenenamiento entre las causas ilegales de mortalidad.
El dato debe interpretarse con cuidado: corresponde a un grupo de lobos monitorizados mediante GPS y no significa que el 47 % de todos los lobos portugueses mueran por furtivismo. Sin embargo, sí evidencia la importancia que pueden tener las causas humanas en poblaciones pequeñas y fragmentadas.
A esto se suman otros factores, entre ellos los atropellos, la fragmentación del hábitat provocada por infraestructuras y los conflictos derivados de los ataques al ganado.
El conflicto con la ganadería, uno de los grandes retos
El lobo es un depredador y, como tal, puede entrar en conflicto con las actividades ganaderas cuando encuentra animales domésticos como una fuente accesible de alimento.
La convivencia con la ganadería extensiva constituye uno de los puntos centrales de las políticas de conservación. El problema no consiste únicamente en evitar la muerte de los lobos, sino también en reducir los daños económicos que pueden sufrir los productores.
En Portugal, las estrategias de conservación han incluido durante décadas medidas destinadas a prevenir ataques, entre ellas la utilización de perros de protección del ganado. La Plataforma Lobo-ibérico destaca el programa de perros de ganado como una de las iniciativas desarrolladas para compatibilizar la presencia del depredador con la actividad ganadera.
La lógica es sencilla: cuanto más eficaces sean las medidas preventivas, menor será la probabilidad de ataques y, por tanto, también disminuirá la presión social contra la especie.
Portugal aprobó un nuevo programa de conservación hasta 2035
Ante los resultados del último censo, Portugal decidió reforzar su estrategia.
El Gobierno portugués aprobó el Programa Alcateia 2025-2035, un plan de diez años destinado a mejorar el estado de conservación del lobo ibérico. El programa establece cinco objetivos estratégicos y 45 medidas y contempla una financiación global estimada de 15 millones de euros procedentes de diferentes instrumentos nacionales y comunitarios.
El programa reconoce expresamente que la población portuguesa atraviesa una dinámica desfavorable y establece como objetivo invertir esa tendencia para alcanzar un estado de conservación favorable.
Para 2026, 2027 y 2028 se autorizó una financiación de 3 millones de euros, a razón de 1 millón de euros por año, destinada a las acciones previstas en el programa.
Esto supone un cambio importante porque la estrategia ya no se centra únicamente en mantener la protección legal de la especie, sino también en financiar medidas concretas relacionadas con la conservación, la coexistencia y la gestión del territorio.
El papel ecológico del lobo ibérico
La importancia del lobo va más allá del número de ejemplares que aparecen en un censo.
Como gran depredador, el lobo ocupa una posición elevada dentro de las redes tróficas. Su presencia puede influir en el comportamiento, distribución y abundancia de diferentes especies de presas y, en determinados ecosistemas, contribuir a mantener dinámicas ecológicas naturales.
Sin embargo, los efectos ecológicos concretos dependen de cada territorio. No es correcto atribuir al lobo por sí solo todos los cambios en las poblaciones de herbívoros u otras especies. El funcionamiento de un ecosistema depende de múltiples factores, como disponibilidad de alimento, actividad humana, clima, enfermedades y presencia de otros depredadores.
Precisamente por ello, la conservación moderna busca mantener poblaciones funcionales y conectadas, no simplemente aumentar el número de individuos.
La conectividad será determinante para el futuro
Uno de los grandes problemas que enfrentan las poblaciones de lobo en la Península es la fragmentación de los territorios.
Carreteras, vías ferroviarias, zonas urbanizadas, infraestructuras energéticas y otros cambios en el paisaje pueden dificultar el desplazamiento de los animales. Los estudios realizados en el noroeste portugués muestran que los lobos modifican su utilización del espacio en respuesta a asentamientos, carreteras, caminos y otras fuentes de perturbación humana.
Esto es especialmente importante para los ejemplares jóvenes que abandonan su manada natal. Si encuentran barreras durante la dispersión, pueden tener dificultades para alcanzar nuevos territorios y reproducirse.
La conectividad también tiene una dimensión genética. El intercambio de individuos entre diferentes núcleos permite mantener el flujo genético y reducir los riesgos asociados al aislamiento de pequeñas poblaciones.
España también enfrenta una nueva etapa de incertidumbre
Aunque el censo español presenta una fotografía relativamente positiva, el contexto político y legal de la especie ha cambiado.
El periodo del censo 2021-2024 coincidió con una etapa en la que el lobo gozaba de protección especial en todo el territorio español. El propio MITECO indicó que esta protección contribuyó a la mejora poblacional observada. Sin embargo, posteriormente se produjeron cambios normativos que abrieron la puerta a diferentes medidas de control y a la reanudación de la caza en determinadas comunidades autónomas.
La situación ha generado un fuerte debate entre administraciones, organizaciones conservacionistas, investigadores y sectores ganaderos.
El punto de discusión no es solamente cuántos lobos existen, sino si el número actual de manadas resulta suficiente para garantizar la conservación a largo plazo de la especie y cómo deben gestionarse los conflictos con la ganadería.
En 2026, este debate continúa abierto y ha adquirido una dimensión europea, debido a las diferencias entre las posiciones de las administraciones españolas y las exigencias derivadas del marco comunitario de conservación.
¿Está el lobo ibérico realmente recuperándose?
La respuesta depende de dónde se mire.
En España, los datos más recientes permiten hablar de una situación de estabilidad general, acompañada de una expansión moderada en los límites del área histórica. Las 333 manadas contabilizadas representan un incremento respecto al censo anterior y algunas regiones han registrado nuevos procesos de expansión.
En Portugal, en cambio, los datos oficiales más recientes muestran una tendencia diferente: 58 manadas detectadas, unas 300 especies estimadas y una reducción importante del área de presencia respecto al censo de comienzos de siglo. El propio Gobierno portugués reconoce que la evolución ha sido desfavorable y que es necesario revertir la regresión.
En determinadas zonas del norte portugués, estudios de seguimiento a escala local sí han documentado poblaciones capaces de persistir durante largos periodos en territorios humanizados. Pero esa estabilidad local no debe confundirse con una recuperación general de la población portuguesa.
Un futuro que dependerá de la cooperación entre España y Portugal
El futuro del lobo ibérico estará determinado, en buena medida, por la capacidad de ambos países para trabajar conjuntamente.
La existencia de territorios transfronterizos hace que la conservación de una manada no pueda depender exclusivamente de las políticas de un solo país. Un animal puede nacer en Portugal, desplazarse hacia Galicia o Castilla y León y pasar parte de su vida en España.
Por eso, medidas como la protección de corredores ecológicos, la reducción de la mortalidad, el control del furtivismo, la prevención de ataques al ganado y la coordinación de los sistemas de seguimiento pueden ser tan importantes como el simple recuento de manadas.
Portugal ya ha establecido una hoja de ruta con el Programa Alcateia 2025-2035. España, por su parte, cuenta con un censo reciente que evidencia tanto la estabilidad de los principales núcleos como la expansión moderada hacia nuevos territorios.
El reto ahora consiste en convertir esos datos en políticas capaces de mantener poblaciones viables durante las próximas décadas.
Una recuperación que todavía no puede darse por terminada
Los últimos censos dejan una conclusión mucho más matizada que la idea de una recuperación completa.
El lobo ibérico no se encuentra ante un escenario uniforme en toda la Península. Hay zonas donde sus poblaciones se han estabilizado, otras donde están expandiéndose lentamente y otras donde el área ocupada se ha reducido.
El caso de España demuestra que una especie históricamente perseguida puede recuperar parte de su presencia cuando existen condiciones adecuadas de protección y disponibilidad de hábitat. Portugal, sin embargo, muestra que esa recuperación puede ser frágil cuando persisten la fragmentación territorial, la mortalidad causada por humanos y los conflictos con las actividades rurales.
Por ello, la conservación del lobo ibérico no puede medirse únicamente contando manadas. También debe evaluarse su capacidad para reproducirse, dispersarse, mantener conexiones entre poblaciones y sobrevivir en paisajes cada vez más transformados.
Los datos disponibles hasta 2026 ofrecen, en definitiva, una señal de esperanza en algunas regiones y una advertencia en otras. El lobo sigue presente en buena parte del noroeste peninsular, pero su futuro dependerá de que la estabilización observada en determinados territorios pueda mantenerse y de que los retrocesos registrados en Portugal sean finalmente revertidos.

