Con profunda preocupación estamos viendo como el conflicto diplomático y comercial, entre Colombia y Ecuador, ha venido creciendo como la provenzal “bola de nieve”, que comienza a rodar con un tamaño pequeño y luego crece de manera desmesurada.
Lo cierto es que el anuncio hecho hace algunos días por parte del Gobierno ecuatoriano de gravar con un arancel del 30 por ciento, a todos los productos colombianos que entren a ese país, fue el comienzo de lo que hoy se ha convertido en una serie de retaliaciones y represalias, que la verdad sea dicha, ya nos comienzan a preocupar profundamente.
Como recordamos, Colombia le respondió a Ecuador, con la suspensión de la venta de energía, lo que fue motivo para que el problema fuera creciendo en tamaño. Pero, como esto se ha convertido en una serie de medidas que se han convertido en una especie de juego de ping pong, de inmediato los hermanos ecuatorianos, respondieron con una represalia de peso pesado: impusieron un arancel del 900 por ciento, al paso de la gasolina por el Ecuador, lo que, en verdad, los analistas económicos han calificado como una medida desproporcionada.
Ayer fue el turno para que Colombia ripostara y esa respuesta no se hizo esperar puesto que el Gobierno Nacional, anunció que gravara el arroz ecuatoriano que pasa a nuestro país, con un arancel del 30 por ciento, además de señalar que habrá bastantes restricciones al transporte terrestre de ese producto, medida supuestamente destinada a proteger la producción de los arroceros colombianos.
Pero todos sabemos que esto es producto de las retaliaciones que están en marcha desde el anuncio ecuatoriano de hace algunos días, por lo que ahora tememos, la reacción que vaya a tener Ecuador, en esta tira y encoge que ya está pasando de castaño a oscuro.
Las razones del Ecuador, para iniciar este incidente diplomático todos las conocemos. Quito esta bastante disgustado con el Gobierno colombiano, puesto que, al parecer nuestro país, no ha contribuido con nada, para reforzar la seguridad en la frontera común que comparten los dos países, motivo por el cual toda la carga de luchar contra la inseguridad que propician los grupos ilegales alzados en armas y la delincuencia común, la tiene Ecuador. Se trata entonces, de una forma de presión, que lamentablemente ha desencadenado en una serie de retaliaciones, que se han venido agravando con el paso de los días, lo que en estos momentos tiene a los moradores de la frontera, al borde de un ataque de nervios.
De allí, el llamado que hoy estamos haciendo para que, en lugar de estar pensando, con qué medida van a perjudicar a su vecino al día siguiente, se proceda a programar una reunión de alto nivel, ya sea en Ipiales o Tulcán, para empezar a darle solución a un entuerto, que en nuestro concepto se está saliendo de las manos.
En ese sentido el concepto que tienen los analistas internacionales, es que tanto Colombia como Ecuador, están jugando con fuego, puesto que en medio de tantas represalias se puede producir un episodio de extrema gravedad, que en un momento dado le podría traer bastantes dolores de cabeza a los dos países. Por lo tanto, nuestro llamado perentorio y urgente, es que ha llegado la hora del dialogo, de sentarse a la mesa a conversar en busca de soluciones a una problemática internacional que como suele suceder, a la hora de la verdad afecta a los sectores más vulnerables. Como se dice de manera coloquial ¡es la hora de dejarnos de vainas!


