La neurociencia acaba de dar un nuevo paso en la comprensión de cómo los sistemas nerviosos coordinan el comportamiento. Un equipo internacional de investigadores logró reconstruir a escala celular el conectoma de todo el cuerpo de una larva de Platynereis dumerilii, un pequeño anélido marino utilizado como organismo modelo para estudiar la evolución y organización del sistema nervioso.
El trabajo permitió reconstruir y clasificar más de 9.000 células neuronales y no neuronales a partir de un conjunto de imágenes obtenidas mediante microscopía electrónica. Los investigadores identificaron 202 tipos de células neuronales y 92 tipos de células no neuronales, creando uno de los mapas más detallados disponibles de un animal completo a esta escala.
El resultado no es simplemente una imagen del cerebro. Es un auténtico mapa tridimensional de cómo diferentes células del organismo están conectadas y de qué manera las señales pueden desplazarse entre las distintas partes del cuerpo.
¿Qué es exactamente un conectoma?
El término conectoma se utiliza para describir el conjunto de conexiones neuronales de un sistema nervioso. En términos sencillos, puede entenderse como un diagrama de cableado del sistema nervioso.
El cerebro y el sistema nervioso no funcionan únicamente por la existencia de neuronas individuales. Lo fundamental es cómo esas neuronas se comunican entre sí mediante conexiones llamadas sinapsis.
Por eso, conocer qué neuronas existen es solo una parte del problema. Los investigadores también quieren saber:
- qué neuronas están conectadas;
- hacia dónde envían sus señales;
- qué células reciben esas señales;
- cómo se organizan los circuitos;
- qué conexiones unen diferentes regiones del cuerpo;
- y cómo toda esa arquitectura puede producir comportamientos.
La conectómica intenta responder precisamente esas preguntas mediante mapas cada vez más detallados de las redes neuronales.
En animales pequeños, la microscopía electrónica permite llegar hasta la escala de las neuronas individuales y sus prolongaciones. En organismos mucho más grandes, como los seres humanos, todavía resulta imposible reconstruir de esa manera todo el cerebro debido a la enorme cantidad de células y conexiones existentes.
El protagonista: un pequeño gusano marino
El organismo estudiado es Platynereis dumerilii, un anélido marino que ha adquirido gran importancia en la investigación de la biología evolutiva y del desarrollo.
Los investigadores analizaron una larva de apenas tres días de edad, perteneciente a una etapa conocida como nectochaete. En ese momento de su desarrollo, el animal ya presenta tres segmentos corporales, ojos larvarios y adultos, bandas ciliadas y una musculatura suficientemente desarrollada para realizar diferentes comportamientos.
La elección de esta especie no es casual.
Los anélidos pertenecen al gran grupo de los animales bilaterales, al que también pertenecen los vertebrados, incluidos los seres humanos. Por ello, estudiar cómo se organiza su sistema nervioso puede aportar información sobre principios evolutivos que se remontan a antepasados muy antiguos de los animales bilaterales.
Esto no significa que el cerebro humano sea equivalente al de un gusano marino. La comparación sirve, sobre todo, para estudiar qué mecanismos de organización neuronal podrían haberse conservado a lo largo de la evolución.
Más de 9.000 células reconstruidas en tres dimensiones
Uno de los aspectos más impresionantes del trabajo es la cantidad de información que fue necesario procesar.
Los científicos utilizaron microscopía electrónica en serie, una técnica que permite obtener imágenes de sucesivos cortes extremadamente finos del organismo. Posteriormente, esas imágenes pueden alinearse y reconstruirse digitalmente para seguir las prolongaciones de las células a través del tejido.
El procedimiento permite pasar de una colección de imágenes bidimensionales a una representación tridimensional en la que pueden seguirse las neuronas y sus conexiones.
En el caso de Platynereis, los investigadores reconstruyeron y anotaron más de 9.000 células presentes en el cuerpo de la larva. Dentro de ellas se identificaron 202 tipos neuronales y 92 tipos no neuronales.
La importancia de esto está en que el mapa no se limita a las neuronas del cerebro.
También incluye células relacionadas con estructuras como:
- músculos;
- glándulas;
- células pigmentarias;
- células ciliadas;
- tejidos sensoriales;
- y otras estructuras no neuronales.
De esta manera, el conectoma permite estudiar la comunicación entre el sistema nervioso y diferentes partes del organismo.
Del cerebro al cuerpo completo
Uno de los elementos que diferencia este trabajo de muchos estudios de conectómica anteriores es su alcance corporal.
En lugar de estudiar solamente una pequeña región del cerebro, los investigadores reconstruyeron el sistema nervioso dentro del contexto de todo el organismo.
Esto permite analizar cómo una señal puede desplazarse desde una estructura sensorial hasta circuitos neuronales y posteriormente alcanzar un músculo u otro efector.
El estudio identificó, entre otras cosas, rutas neuronales ascendentes y descendentes, circuitos relacionados con neuropéptidos y una estructura sensorial capaz de integrar información mecánica procedente de diferentes partes del cuerpo.
Esta organización resulta especialmente interesante porque los animales segmentados deben coordinar múltiples regiones corporales durante sus movimientos.
En otras palabras, el sistema nervioso no solo tiene que procesar información: también debe conseguir que diferentes partes del cuerpo actúen de manera coordinada.
¿Qué descubrieron sobre la organización del sistema nervioso?
Uno de los resultados relevantes fue la identificación de diferencias y similitudes entre las distintas regiones segmentadas del cuerpo.
Los investigadores encontraron tipos celulares específicos de determinados segmentos, lo que demuestra que no todas las partes del cuerpo son idénticas desde el punto de vista celular.
Al mismo tiempo, también encontraron tipos celulares que se repiten en diferentes segmentos.
Esta combinación de especialización y repetición proporciona información importante sobre cómo pudo evolucionar el cuerpo segmentado de los anélidos. El trabajo señala que la presencia de tipos celulares repetidos entre la cabeza, los segmentos del tronco y la región posterior es compatible con la idea de una homología serial, es decir, un origen evolutivo compartido de diferentes regiones segmentadas.
Cómo se integran diferentes sentidos
El mapa también permite investigar cómo el sistema nervioso combina información procedente de diferentes estímulos.
Los investigadores analizaron circuitos relacionados con la integración multisensorial, es decir, la capacidad del sistema nervioso para combinar información procedente de distintas fuentes.
Esta cuestión es fundamental para comprender el comportamiento animal.
Un organismo no suele responder a cada estímulo de manera aislada. La información visual, mecánica y química, por ejemplo, puede llegar simultáneamente al sistema nervioso y ser integrada antes de generar una respuesta.
En Platynereis, los investigadores pudieron estudiar estas interacciones directamente dentro de la arquitectura neuronal reconstruida.
Una ventana para estudiar el origen de los circuitos neuronales
La relevancia del estudio va más allá de esta especie concreta.
Los científicos llevan años intentando comprender cómo surgieron y evolucionaron los sistemas nerviosos de los animales. Una de las dificultades es que los organismos actuales poseen sistemas nerviosos muy diferentes entre sí, por lo que resulta complicado determinar qué características son antiguas y cuáles aparecieron posteriormente.
Los anélidos constituyen un grupo especialmente interesante para este tipo de investigaciones porque presentan un cuerpo segmentado y un sistema nervioso relativamente complejo, pero mucho más pequeño que el de los vertebrados.
El conectoma de Platynereis proporciona así un punto de comparación entre organismos con arquitecturas nerviosas diferentes.
El propio estudio señala que el mapa puede servir como base para investigar la diversidad, organización y evolución de los sistemas nerviosos animales.
No es un “cerebro humano en miniatura”
Aunque este tipo de descubrimientos suele presentarse como un paso hacia el conocimiento del cerebro humano, es importante establecer una diferencia.
El conectoma de Platynereis no permite explicar directamente cómo funciona el cerebro humano.
La complejidad de un cerebro humano es muchísimo mayor y existen enormes diferencias en el número de neuronas, la arquitectura cerebral y la diversidad de circuitos.
La utilidad del modelo está en otro lugar: permite estudiar principios fundamentales de la organización neuronal en un sistema relativamente pequeño y manejable.
A medida que los científicos comparen los conectomas de diferentes especies, podrán determinar qué características aparecen repetidamente y cuáles son específicas de determinados grupos animales.
El avance también muestra el desafío tecnológico
Construir un conectoma no consiste simplemente en “tomar una fotografía” del cerebro.
La microscopía electrónica genera enormes cantidades de imágenes que posteriormente deben ser organizadas, alineadas e interpretadas.
Cada neurona puede extender sus prolongaciones a través de diferentes regiones y establecer conexiones con numerosas células. Seguir cada una de esas prolongaciones requiere una combinación de técnicas de imagen, análisis computacional y revisión científica.
Por ello, los avances en conectómica están estrechamente relacionados con el desarrollo de herramientas de análisis de imágenes y métodos computacionales capaces de manejar conjuntos de datos de gran tamaño.
Los trabajos anteriores sobre otros animales pequeños, como Drosophila melanogaster, han demostrado hasta qué punto estas técnicas pueden ampliar la capacidad de los investigadores para estudiar circuitos completos.
Una colaboración internacional con participación suiza
Aunque el titular propuesto habla de un “consorcio científico suizo”, los datos de la publicación muestran una estructura mucho más internacional.
Entre las instituciones participantes aparecen el Living Systems Institute de la Universidad de Exeter, la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) en Suiza, la Universidad de Heidelberg en Alemania y la Universidad de Bristol en Reino Unido.
Uno de los autores, Csaba Verasztó, aparece afiliado tanto a la Universidad de Exeter como a la EPFL. El trabajo fue liderado científicamente junto con investigadores vinculados a la Universidad de Heidelberg y Exeter, entre ellos Gáspár Jékely.
Por eso, una formulación periodística más precisa sería hablar de un equipo científico internacional con participación de investigadores de Suiza, en lugar de atribuir el descubrimiento exclusivamente a un consorcio suizo.
Un trabajo que comenzó antes de su publicación definitiva
El estudio tiene además una historia interesante.
Una primera versión del trabajo apareció como preprint en 2024 y posteriormente fue sometida a revisión. La versión revisada fue publicada como Reviewed Preprint y finalmente el artículo llegó a su versión de registro en eLife el 27 de agosto de 2025.
Esto es importante porque algunos titulares o publicaciones en redes pueden presentar la investigación como si se hubiera descubierto recientemente, cuando en realidad el proyecto llevaba varios años en desarrollo.
La publicación definitiva proporciona una descripción mucho más detallada del conectoma y consolida los resultados después del proceso de revisión.
¿Por qué este mapa es importante?
El principal valor del estudio es que proporciona un nivel de detalle que anteriormente era difícil de conseguir para un animal completo.
Con este tipo de mapas, los investigadores pueden comenzar a formular preguntas mucho más específicas:
¿Cómo se transforma un estímulo sensorial en una respuesta motora?
¿Cómo se coordinan diferentes segmentos corporales?
¿Qué circuitos permiten que varias regiones del organismo trabajen conjuntamente?
¿Qué tipos de neuronas se conservaron durante la evolución?
¿Cómo se modificaron los sistemas nerviosos a medida que los animales se volvieron más complejos?
El conectoma no responde automáticamente todas estas preguntas. Sin embargo, proporciona el “plano” anatómico necesario para comenzar a responderlas mediante experimentos funcionales y comparaciones evolutivas.
Un paso más hacia una cartografía completa de los sistemas nerviosos
La reconstrucción de Platynereis dumerilii se suma a una serie de avances que han permitido construir mapas neuronales cada vez más completos de animales pequeños.
En los últimos años, por ejemplo, los investigadores han conseguido reconstruir circuitos completos en larvas de insectos y mapas de gran escala del cerebro de la mosca de la fruta. Estos proyectos muestran una tendencia clara: la conectómica está pasando de estudiar pequeñas regiones neuronales a intentar comprender sistemas nerviosos completos.
El caso de Platynereis resulta especialmente interesante porque amplía el concepto de conectoma desde el cerebro hacia todo el cuerpo de un animal segmentado.
La meta final de estas investigaciones no consiste únicamente en producir imágenes espectaculares. El objetivo es relacionar tres niveles de información: qué células existen, cómo están conectadas y qué funciones desempeñan.
Cuando estos tres elementos pueden analizarse conjuntamente, los científicos se acercan mucho más a comprender cómo una red de células puede generar movimiento, percepción y comportamiento.
La gran pregunta que queda abierta
El mapa obtenido representa una fotografía extraordinariamente detallada de una larva en una etapa específica de su desarrollo. Pero precisamente ahí aparece uno de los próximos desafíos.
El sistema nervioso de un animal cambia a medida que crece.
La larva de tres días estudiada no posee exactamente las mismas células, conexiones y capacidades que tendrá cuando alcance etapas posteriores de su desarrollo. Los propios autores advierten que algunos tipos celulares presentes en animales juveniles y adultos pueden estar todavía desarrollándose o incluso no existir en esta etapa larvaria.
Por eso, el siguiente paso será comparar diferentes momentos del desarrollo y distintas especies.
Si los investigadores consiguen hacerlo, podrán pasar de tener un único “mapa” a disponer de una especie de atlas evolutivo y temporal del sistema nervioso, capaz de mostrar cómo las conexiones aparecen, desaparecen y se reorganizan.
Y ahí podría encontrarse una de las claves para comprender cómo evolucionaron los sistemas nerviosos complejos.
En contexto
El estudio de Platynereis dumerilii representa un avance importante porque combina microscopía electrónica, reconstrucción tridimensional y análisis celular para describir la arquitectura neuronal de un animal completo.
No se trata de un mapa del cerebro humano ni de una reproducción digital de la mente de un animal. Es, más exactamente, un mapa anatómico de las células y conexiones del sistema nervioso de una larva marina, que permite investigar cómo se organiza un sistema nervioso y cómo coordina las diferentes partes del cuerpo.
La publicación definitiva en eLife describe el trabajo como un avance para comprender la organización y evolución de los sistemas nerviosos animales, y destaca la enorme cantidad de información obtenida a partir de la reconstrucción de más de 9.000 células.


